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Etiquetas:   Nueva economía   -   Sección:   Opinión

La sombra amenazante del sector primario español

Diego Urioste

sábado, 9 de junio de 2007, 04:20 h (CET)
El Tratado de Roma de 1957, semilla de la Unión Europea, estableció, entre otras cosas, una Política Agraria Común (PAC) para los miembros firmantes del mismo. Ésta implantaba la libre circulación de productos agrícolas dentro de la entonces CEE y la adopción de políticas fuertemente proteccionistas, que garantizaban a los agricultores europeos un nivel de ingresos suficiente al evitar la competencia de productos de terceros países y mediante la subvención a los precios agrícolas.

La agricultura ha sido siempre una de las prioridades de los responsables políticos europeos. Ello se ve reflejado hoy en día en el presupuesto europeo dedicado a esta actividad, que asciende a casi un 50%. En el momento del nacimiento del Tratado de Roma, aún estaba fresco el recuerdo de la penuria alimenticia que se vivió en el continente europeo tras la II Guerra Mundial. Hoy en día, aunque la cantidad dedicada a la agricultura quiere reducirse, esta actividad tiene aún un poder romántico muy fuerte, relacionado con el origen de la civilización y de nuestras raíces. Además, los trabajadores de este sector constituyen una masa con gran capacidad de movilización. Para el economista Carlos Salas “estas subvenciones son una forma de comprar la paz social.”

España y las ayudas europeas
Cuando España, tras varios intentos fallidos, entró a formar parte de la Unión Europea en 1986, comenzó a beneficiarse de las subvenciones agrícolas de la PAC. Desde entonces las ganancias han sido cuantiosas. Sin embargo, la última negociación celebrada en la Cumbre de Bruselas en el 2005, ha significado una importante pérdida de ayudas para España, tanto de los fondos de cohesión, dedicados a reducir las disparidades económicas y sociales de los estados -así como a estabilizar sus economías-, como de los fondos estructurales, entre los cuales se encuentran los dedicados a la agricultura y la ganadería.

En el mes de junio de ese año, Zapatero rechazó el saldo neto ofrecido en la Cumbre de Bruselas, 4.730 millones de euros, el cual resultaba ridículo en comparación con los 48.000 millones de euros limpios que habíamos recibido en el periodo 2000-2006. Meses más tarde se reanudaron las negociaciones y España aceptó los 8.000 millones de euros ofrecidos como saldo neto.

Para muchos la negociación supuso todo un éxito, ya que se había conseguido que nuestro país continuara siendo beneficiario neto hasta 2014, cuando el objetivo de los países ricos condenaba a España a ser contribuyente neto ya en 2007. Sin embargo, durante la próxima negociación, en el año 2009, a nuestro país le será prácticamente imposible mantenerse en esta situación debido a su convergencia económica así como al ingreso de socios mucho más pobres.

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