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Las prefiero a ellas
Antonio Álvarez
La verdad es que siempre me han gustado, pero desde el domingo estoy aún más enamorado. Es un amor que no tiene remedio y en el que quizás estaba predestinado a caer, al nacer en la provincia del más grande, Ángel Nieto.
Ellas, las motos, llegan este fin de semana a España, gracias al GP de Cataluña, viento en popa a toda vela, como diría el gran José de Espronceda, listas y maquilladas para embelesarnos y dejarnos atónitos.
La exhibición dada por nuestros pilotos hace menos de cinco días en Mugello, a punto estuvo de consagrarse y pasar a la historia como uno de los mejores, ya que si Pedrosa hubiera ganado en Moto GP, se habrían igualado las tres victoria conseguidas una espléndida mañana dominical de hace un par de años en Le Mans. Aún así, tiene mucho mérito cosechar dos victorias y otros tres podios en la casa del enemigo más feroz, Italia.
Por otro lado, y puesto a comparar, hemos de decir que el motociclismo es mucho más apasionante que la Fórmula 1, y por más de un motivo. No sólo porque hasta el último metro la victoria no está asegurada –como pudimos ver el domingo en 125 cc cuando cinco motos entraron en la línea de meta con un estrecho margen de centésimas de segundo -; sino que además hay muchos más adelantamientos que en los coches –más que nada por en éstos casi no hay, exceptuando los que se producen en las reposiciones de gasolina-.
Los Grandes Premios de motociclismo son interesantes de cabo a rabo, por el contrario, en la Fórmula 1 ves la salida, te puedes ir a comer y regresar una hora y media después, y la clasificación final será en el mismo orden que el que se haya producido en la primera curva de la carrera. Lo cual no quiera decir que el automovilismo sea en general soporífero, dado que hay fines de semana que son muy interesantes, como el de la temporada pasada en Hungría. Pero por regla general, las carreras de Fórmula 1 son monótonas hasta el aburrimiento. A pesar de todo lo que diga Lobato –“si parpadean se lo van a perder”-.
La F1 tiene este gancho en nuestro país gracias a Fernando Alonso, de eso no hay duda y lo sabemos todos. Gracias a él, ahora entendemos de aerodinámica, podemos calcular los litros de gasolina por vuelta, opinar sobre si son mejores estos o aquellos neumáticos… Pero lo verdaderamente interesante de los deportes, la adrenalina que nos recorre el cuerpo al ver un adelantamiento imposible –como el de Bautista a Lorenzo-, eso, el automovilismo no lo tiene. Por ello, yo las prefiero a ellas.
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