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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Estado de la Nación

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
jueves, 7 de junio de 2007, 22:12 h (CET)
Sin ser analista político, sino simple ciudadano de a pie, seguidor crítico de la realidad cotidiana que vivimos los habitantes de la piel de toro, me atrevo a dar mi particular diagnóstico sobre el estado moral de la nación.

Dejo para otros más conspicuos los restantes aspectos sociales, políticos, económicos etc, también relevantes. Tal como una persona, una nación, sigue idéntico proceso de salud, bienestar, enfermedad o muerte. A él me atengo.

España, en lo moral, está muy enferma. Tanto la familia, las instituciones, como los partidos políticos, arrastran un serio y muy grave mal, cuyos síntomas son constatables a simple vista: Falta de vitalidad, agotamiento, alta fiebre y carencia de reacción..

El diagnóstico es claro. Se ha detectado un tumor maligno, que puede degenerar en cáncer letal, de no atajarlo a tiempo. No valen cataplasmas ni aspirinas. Se impone un tratamiento quirúrgico y a largo plazo. El tumor moral no es otro que el olvido de Dios, que está dando lugar al cáncer de la indiferencia religiosa y del relativismo moral, extendido por doquier y que está necrosando, progresivamente, el tejido social.

La Ley de Dios, ha sido arrinconada para dar lugar a preceptos y leyes humanas, que conducen al organismo social a la descomposición, a la pérdida total de valores y a la corrupción generalizada. La situación es muy grave. Vemos las consecuencias sobre todo en el ámbito político. Caminamos adormilados al desmantelamiento del Estado y a la liquidación de la Nación. El resto será imparable.

¿Remedio?. Volvernos ya a Dios, cada uno, en la familia y en la sociedad, y volver a nuestras raíces. No estamos desahuciados, por ahora.

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