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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Democracia foral e Independencia Foral en Euzkadi

Juan Carlos Pérez, Bizkaia
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@DiarioSigloXXI
miércoles, 25 de febrero de 2015, 10:29 h (CET)
Euzkadi es la patria de los vascos, dijo Sabino Arana, nuestro Maestro, que, contra lo que se piensa, no invento nada en lo relativo a doctrina, símplemente cogió elementos que ya estaban flotando en el ambiente, los sistematizó y los cuadró en una herramienta para la construcción de la patria para los vascos. Porque vascas y vascos, hasta ese momento, habíamos tenido muchos intentos de lograr una realidad propia, pero siempre en coalición con otros, de fuera de nuestro país, ya fueran castellanos o franceses. Hay que hablar de castellanos, porque hasta el siglo XIX en el que se crea el nacionalismo español, con sus ramificaciones sociológica, económica, cultural, histórica y política, se hablaba de las españas, como bien recoge el libro “Españoles que no pudieron serlo” del carlista navarro Jose Antonio Ullate Fabo, determinando que la denominada constitución “liberal” de 1812 era, sin duda, antiforal y antiespañola, y la más afrancesada posible, paradógicamente, en lucha contra el francés. Ejemplo de esto se encuentra en el libro “La alternativa Garat” de Iñigo Bolinaga, en el que confiesa que propuestas como esta se cuentan en nuestra historia, como la del Padre Larramendi en las Provincias Unidas de los Pirineos, pero que, en ningún caso pusieron en marcha herramientas con las que hacerlas posible en la realidad. Este, y no otro, fue el aporte de Sabino Arana: EAJ / PNV.

Euzkadi, como expresión moderna de una nación construida a lo largo del tiempo, tiene una historia tan larga como la de su pueblo, que se ha ido construyendo en base a la identidad que dimana de su lengua, el euskera, y la construcción de una forma de expresarse y concebir el mundo, aglutinante, que es el idioma, de un pensamiento propio, que es el que conforma la construcción social y colectiva de un grupo de humanos que, como es conocido, no nacen, crecen y se desarrollan en individualidad, sino que siempre es en comunidad, y en nuestro caso, la comunidad que surge del nicho ecológico astur pirenaico perigordiano tras la última glaciación Würm IV, como expone Jon Nikolas López de Ituiño en “Arquitectura de las Naciones” es la que va conformando la conciencia de un pueblo que pensaba en euskera, se expresaba en euskera y exponía ese conocimiento en la forma de nombrar los parajes y los lugares donde desarrollaba su convivencia. Y es en este contexto en el que, con el tiempo, surgirá la foralidad, como expresión derivada del derecho pirenaico originario, con diferentes realidades, pero con mayor número de similitudes internas que diferencias con los distintos modelos que le rodean.

Foralidad es democracia en estado puro, pues refleja una mentalidad de abajo hacia arriba de construir la nación, desde la anteiglesia, donde, en la época medieval, pasado el reinado de Sancho III el mayor, sobre los siglos XI y XII, los asuntos de los pueblos vascos se decidía los domingos, tras la misa, pero fuera de la iglesia, siendo un ejemplo de separación entre iglesia y el estado, pues el cura participaba, pero como un ciudadano más. Como los vascos solían tener ocupaciones, bien militares (como mercenarios a sueldo más allá del árbol Malato) o marinas (para el año 1500 ya había presencia vasca en la fachada atlántica del Canadá, además de ser los descubridores de la ballena y del bacalao) en el voto fogueral, o familiar, el cabeza de familia podía ser, indistintamente, mujer u hombre, siendo una forma, para la época (incluso siglos más tarde) comparativamente, democrática. Pero, había cosas que en la anteiglesia no se podían decidir, como, por ejemplo, un camino entre pueblos, y, para que no acabaran los dos tramos en medio de una rastrojera, se tenían que comunicar, y así surgen las mancomunidades. Y, sobre ellas, las juntas generales, como la de Gernika, Avellaneda o Durango. Y, como las juntas, el parlamento, no podía estar siempre reunido, se decidió crear una delegación para el gobierno de las cosas, que era la Diputación Foral. Siempre de abajo hacia arriba. Suele decirse que los vascos jamás hemos gozado de una unidad política. Claro, como la que otros han buscado, con las creaciones de España o Francia no, ciertamente, pero es que nosotros creemos más en el lema actual de la UE, unidos en la diversidad, y no en la uniformidad y uniformización centralista y jacobina que han caracterizado la construcción de los estados nación español y francés.

Ni yo sobre ti, ni tu sobre mi, no impedir, no imponer; este podría ser un lema de lo que es la foralidad en su máxima expresión, que, en el caso de Bizkaia, se concreta en el fuero viejo, de mediados del siglo XV, y que recoge documentación dispersa de mediados del siglo XIV, justamente, cuando se empieza a codificar, también, por escrito, la foralidad de navarra, cuya fórmula de juramento real venía a ser que nos que somos más que vos (el rey) os reconocemos tal siempre que a cambio juréis defender nuestra ley (los fueros). Más o menos el juramento que harán los reyes de Castilla en tanto que señores de Bizkaia hasta Fernando, que en nuestro caso no sería VII, pues lleva otro numeral. Señorío de Bizkaia, que es el eje de poder político sobre el que pivota la institucionalidad vasca desde el siglo XV hasta el siglo XIX, que tenía su independencia, reconocida por Castilla, firmaba tratados internacionales, por ejemplo, con Inglaterra, y con una destacada actividad marítima (incluyendo realidades como la Hermandad de las Marismas). No conviene olvidar este hecho, pues la historia vasca no sólo se encierra en el Reino de Navarra, tan nuestra, como suya la del señorío, o el precedente Ducado de Vasconia, o la Bagaudia, sino que sirve para recordar dos hechos fundamentales, primero, que la rivalidad histórica dentro de los vascos entre bizkainos y navarros, tiene un sustrato real, y, segundo, que cuando el Maestro hace el sacrificio e integra a bizkainos y navarros en la nueva entidad política Euzkadi hace un sacrificio tan grande como la concepción de la bandera de Irlanda que incluye el verde de los católicos y el naranja de los protestantes. Es parte de nuestra historia, y conviene tener la memoria completa, abierta al conocimiento.

Francia fue la primera en laminar los fueros vascos, en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, elementos que sirvieron tanto para laminar pueblos dentro de francia como en el imperialismo y colonialismo en África en el siglo XIX. ¿Que beneficio le ofrecia a un labortano dejar de decidir cosas en su anteiglesia o en el Parlamento de Pau a cambio de la promesa de un diputado por sufragio censitario para propietarios varones en París? Y es que Francia se construye desde 1789 sobre la base de perseguir a los llamados “pueblos reaccionarios”, como después apostillaría Engels, como eran los bretones o los vascos. Su esquema era básico: esta es la geografía, el hexágono (sobre el papel), y bajo ello sólo puede haber un estado, una sóla nación, una sóla ley, una sóla administración y una sóla lengua, la que en 1789 hablaban un tercio de los “franceses”. Y los españoles importaron el esquema, que supuso expulsar de la españolidad a unas ofendidas provincias españolas, recogidas en el artículo 10 de la pepa, y que no tuvieron más remedio que buscar el camino de su propia independencia. En el caso vasco, ese intento de laminación, trajo tres guerras carlistas y dos leyes abolitorias, y la creación del Partido Nacionalista Vasco, pues, quedó claro, que ni con franceses ni con españoles era posible la búsqueda de algo en claro si antes los vascos no nos dotábamos de un instrumento político surgido en Euzkadi para el sustento de un proyecto de defensa de nuestra identidad.

Actualmente, dentro del marco constitucional del estado español el esquema es el siguiente: la existencia de dos comunidades forales, la comunidad autónoma vasca y la comunidad foral de navarra. Esto viene derivado del hecho de la aceptación de la presión por parte de los poderes institucionales tras la ley abolitoria de 1839, 25 de octubre, en la que se pedía la renovación del fuero, por presiones desde Madrid. Y es que el fuero, por lógica, tiene que poder renovarse con sus propios mecanismos, dentro de él. Acudían las cuatro diputaciones juntas, pues éra común que se reunieran y debatieran, acordaran y redactaran actas, aunque no constituyeran un órgano común permanente, de iure, pero si de facto. Y les convencieron a los navarros que era mucho mejor que hicieran un caldo aparte, y convirtieron el viejo reino, sus restos, en una mera provincia española en 1841. Es por ello que se negaron a participar de la disposición derogatoria segunda, algo que el PNV ha tenido como bandera desde poco después de su fundación. Así pues, el actual esquema navarro se ve constreñido por la dependencia de la ley de 1841 dependiente de la ley abolitoria de los fueros. En el caso de la comunidad autónoma, dado que le es de plena dedicación la derogatoria segunda, además de la adicional primera que respeta y ampara los derechos forales, como algo reconocido preexistente y que es mayor, pues está implícito en que su actualización ha de hacerse en el marco de la constitución, por tanto, delimitando el marco superior de actuación, deja abierta de par en par una posibilidad que ha estado encima de la mesa del nacionalismo vasco toda su historia, y es la llamada Restauración Foral Plena. Algo que para la CAV está abierta, con el único impedimento de la voluntad política del lado del estado español en la hipotética mesa negociadora, y que los navarros, con la LORAFNA y su actuación (de UCD primero, UPN después) se han autolimitado hasta límites ridículos: ser muy forales contra sus hermanos de araba, bizkaia y gipuzkoa, pero nada reivindicativos cuando la ofensa venía de las instituciones radicadas en Madrid. Demuestra un claro desconocimiento de la realidad de la foralidad. Así se puede decir sin rodeos que Euzkadi es la patria de los vascos, pero nada impide que España sea uno de los estados de los vascos. Siempre que haya voluntad. Y es que el esquema foral habla de no imponer, no impedir, ni yo sobre ti, ni tu sobre mi, y la bilateralidad como algo sagrado. Si alguien osara romperla, de manera unilateral, la otra parte tendría las manos completamente libres para hacer su propio camino. Y es que, si una vez elegimos libremente al Rey de Castilla como Señor de Bizkaia, si el espíritu y la letra del acuerdo paccionado se llega a romper, nada nos impediría buscar otro Señor de Bizkaia como nuestro nuevo Jefe de Estado.
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