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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Desde luego, hay brutos, más brutos y los de Tudela

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 5 de junio de 2007, 22:28 h (CET)
“La ingratitud es hija de la soberbia”. Miguel de Cervantes Saavedra

La pintiparada frase admonitoria del título se la escuché decir, por primera vez en mi vida, reprendiéndome, seguramente con razón, por haber sido servidor el autor, fautor, hacedor o aireador de algún exceso o hipérbole, a uno de mis maestros predilectos, don Jesús Arteaga Romero, mientras el abajo firmante y rubricante estudiaba alguno de los tres últimos cursos de la EGB en el colegio/postulantado que los Padres Camilos tenían en Navarrete (La Rioja).

Desde luego (por apetecerme y petarme un montón arrancar este parágrafo como lo hizo entonces, in illo témpore, el Padre Arteaga), en cualquier aldea, pueblo, villa, ciudad o capital de provincia de esta piel de toro puesta a secar al sol, que hoy, lunes, 4 de junio de 2007, por cierto, vuelve a calentar lo suyo, siempre estuvo mal visto cambiar de preferencias, pareceres e ideas. Si uno, de crío, era, verbigracia, del Madrid (Real o Atlético) debía seguir siendo de tal equipo en su edad adulta y hasta en su vejez. Si uno votó al PSOE la primera vez que acudió a un colegio electoral, debía seguir depositando la papeleta que contiene el puño y la rosa por los siglos de los siglos, independientemente de cómo lo hubieran hecho, ora en el Gobierno, ora en la oposición los socialistas. Pues no.

De mocete (muete decimos también, indistintamente, en la capital y alrededores de la ribera ibera de Navarra) fui del Barça (sin fisuras), aunque el resto de los muchachos del edificio donde vivía (mis hermanos incluidos) eran del Atleti (de Bilbao). Pero, estando estudiando Primero de Medicina en la Facultad de Zaragoza, y con Osasuna en Primera División, me di cuenta de que, cuando se enfrentaban los rojillos con los azulgranas, siempre preferí que ganaran los primeros. Entonces advertí que el valor de decantarme por los débiles (con cierto tirón) superaba mi afición y fidelidad a los colores de una camiseta.

Con el PSOE, mutatis mutandis, me ha pasado algo parecido a lo que me ocurrió con el Barça. Mi ideario participa de varios (bastantes) aspectos socialistas, pero como uno debe estudiar el pasado para pronosticar el futuro (poco más o menos, lo que dijo o dejó escrito Confucio hace la tira de años), el ejercicio inexcusable que he hecho de la memoria ha propiciado que haya votado varias veces en blanco (como, precisamente, acaeció hace ocho días, en las pasadas elecciones). Creo que cada sujeto, quisque o hijo de vecino, si es honesto, debe ser crítico con todo y con todos, consigo mismo también. Y es que uno no puede vivir permanentemente en el error. El día que uno se da cuenta de ello, ¡bendita jornada!, debe hallar la mejor solución al problema.

En cuanto a los pactos que pueden producirse en Navarra (en principio, todos son legítimos, siempre y cuando no contradigan los principios constitucionales y no contravengan el mandato social; luego, las formaciones políticas deberán responder ante sus afiliados y simpatizantes de la coherencia, congruencia y oportunidad de los mismos; por último, los votantes decidirán), tras los comicios del pasado 27 de mayo, soy del mismo parecer que ha dado el secretario general de la UGT de Navarra, Juan Goyen, que ha optado por un acuerdo entre constitucionalistas, “el que mejor podría garantizar el desarrollo armónico y sostenido” de la Comunidad Foral. Otros sindicalistas de más responsabilidad aún, José María Fidalgo y Cándido Méndez, secretarios generales a nivel nacional de CC OO y la UGT, respectivamente, sostuvieron tres cuartas partes de lo mismo recientemente.

Una encuesta de La Sexta, hecha entre 1100 personas, arrojó el dato pertinente, distintivo y relevante de que el 48,9% de los españoles preferían un pacto entre UPN y PSN a otras opciones. La mitad, el 25,6%, se inclinó por una alianza entre PSN y NaBai.

Al parecer, los 34 miembros de la ejecutiva socialista navarra son mayoritariamente partidarios de tocar poder y de llegar a acuerdos con NaBai. A Puras le aconsejaría lo mismo que le deseo, prudencia y tino, porque, en el caso de llevarse a cabo dicho pacto, se lo aviso: puede que el PSN esté ahora unido (y quien dice el PSN quiere decir el PSOE entero), pero deje que transcurran algunos meses y comprobará cómo empieza a deshilacharse la prenda.

Espero, desocupado lector, no haber sido tan bruto como lo fui en Navarrete.

Ah; olvidábaseme decir, por si usted lo ignoraba, que Fernando Puras Gil también es tudelano.

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