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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Esta casta especial de los apolíticos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 5 de junio de 2007, 22:28 h (CET)
En política la mayoría somos beligerantes. Los hay que, como yo mismo, todavía somos capaces de movernos dentro del peligroso terreno de las arenas movedizas del espacio del pensamiento y nos declaramos partidarios del liberalismo y creemos firmemente en la separación de poderes que tan acertadamente supo definir Montesquieu en su obra “El espíritu de las leyes”. Otros, por el contrario, se aferran a las doctrinas de Lenin y abogan por la supremacía del Estado sobre el ciudadano; o los hay adictos a Bakunin que son partidarios de la negación absoluta de cualquier institución rectora o autoritaria, predicando la libertad absoluta del individuo para dar rienda suelta a sus instintos sin frenos morales ni cortapisas sociales. No hay que decir que, entre dichas concepciones políticas, se encuentran un sinfín de pensamientos intermedios que participan, en mayor o menor grado, de las posiciones extremas buscando conciliar el orden con la libertad y ésta con los límites que, forzosamente, debe tener para poder garantizar una convivencia aceptable entre las personas.

Sin embargo, en la sociedad, existe una clase especial que ha sabido prescindir de los ideales políticos para instalarse en un pragmatismo acomodaticio y egoísta que es capaz de desprenderse de cualquier ideal moral, de cualquier sentimiento religioso o, incluso, de cualquier apego a la tierra que pisa si, con ello, favorece los mandatos de su dios supremo: la riqueza y el poder. Es evidente que sin riqueza es imposible o casi imposible alcanzar el poder y sin un cierto poder, entendido como unas buenas relaciones, unos determinados ligámenes con las administracion y una facilidad para desenvolverse en el mundo de los negocios, es verdaderamente difícil llegar a ser ricos (como sabemos por experiencia la mayoría de mortales). Esta específica casta de los llamados empresarios o, más genéricamente conocidos como hombres de negocios, son los que, en definitiva, suelen ser los que marcan el curso de la evolución política del país. Es de todos conocidos aquel lema que popularizó Francisco de Quevedo en una letrilla que rezaba así: “Poderoso caballero es don dinero”. Con el vil metal se pueden conseguir milagros y, en una sociedad como la nuestra, tan adicta a vivir con el menor esfuerzo, no es difícil comprar voluntades ni alcanzar favores siempre que los maletines repletos de euros transcurran por los canales adecuados.

Es así como podemos observar que, gobierne quien gobierne, sean de derechas o de izquierdas; sean socialistas o del partido popular, estos tanques de las finanzas continuan su camino sin variar sus objetivos; solo que, en unos casos, utilizan unos métodos y, en los otros, los diametralmente opuestos, pero, en ambos casos, logran el éxito apetecido. Veamos unos ejemplos recientes. El señor Montilla les debía unos favores a los señores de Gas Natural (le habían perdonado al partido socialista más de mil millones de pesetas); los de Gas Natural querían echarle el guante a Endesa y pidieron apoyo a Montilla; Montilla los apoyó y ofrecieron una miseria por la eléctrica y, por si fuera poco, a pagar con acciones de la empresa, ¡un negocio redondo! Al principio les salió mal, porque hubo otro empresario, en este caso de los buenos, que no se dejó engañar y luchó, como si hubiera sido un Don Quijote. Fracasó la OPA pero las fuerzas del mal continuaron moviéndose hasta que vino de fuera otra empresa, E’ON que ofreció más, el doble de lo ofrecido por Gas Natural. Dinero, dinero, montañas de millones. Pero la codicia no se contentaba con dejar el hueso para que lo royera la alemana y entran en liza los Entrecanales y Enel (la italiana apoyada por Prodi), amigos de Zapatero y los suyos; más millones y más influencias. De patriotismo nada; juego limpio, menos; mucho cameo, muchas influencias y mucho, mucho… dinero para engrasar la maquinaria de la justicia para que no interviniera en la cuestión.

Curiosamente, vean ustedes por donde, los simpatizantes de Zapatero; aquellos partidarios de las huelgas generales; que despotrican contra sus patrones; que claman contra el G8( y la globalización), estos progres partidarios de la distribución de la riqueza, por raro que a ustedes les pueda parecer, no han dicho ni mú. Nadie se ha levantado para protestar contra el Gobierno que ha favorecido a los multimillonarios empresarios; ni una voz de alarma porque Endesa pase a manos del Estado italiano; ni un murmullo por parte de los Bardem, Diego, Serrat y toda la pandilla de corifeos que viven a costa del Gobierno. Debemos suponer que hay empresarios de poca monta y empresarios que saben arrimarse al gobierno de turno, sea del color que sea, pero que saben que la izquierda nada más protesta contra ellos cuando gobierna el PP.

He aquí que, por lo visto, y lo hemos podido comprobar, recientemente (cuando los empresarios catalanes han alabado la política de Montilla, o los empresaarios vascos son renuentes a admitir que reciben cartas de ETA para obligarles a pagar el impuesto revolucionario, aunque haya quedado demostrada fehacientemente su existencia); parece ser que nuestros empresarios, la crema y nata del capitalismo hispano, los poderosos propietarios de los bancos y los archimillonarios dueños de las constructoras resultan ser más favorecidos cuando gobiernan los socialistas. ¡Claro, cómo no! Tiene la vrentaja de que los obreros se comportan más docilmente con un gobierno de izquierdas que con uno de derechas. Nadie rechista y tutti contenti.En verdad, son unos bichos raros estos plutócratas que nos gobiernan desde detrás de las las bambalinas, lo que los ingleses denominarían back stage de la política.¡ Así va el mundo!

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