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Entrevistas

Etiquetas:   Autores   Escritores   -   Sección:   Entrevistas

“A mis lectores les cuento las fantasías que todo el mundo tiene y que pocas personas practican. Para penas ya tenemos suficiente con la realidad”

Megan Maxwell, escritora
Herme Cerezo
miércoles, 25 de febrero de 2015, 10:04 h (CET)



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Megan Maxwell (Nüremberg, Alemania, 1965) es una de las autoras españolas de novela romántica más prolíficas del panorama narrativo actual. Ha publicado títulos como ‘Te lo dije’, ‘Deseo concedido’, ‘Fue un beso tonto’, ‘Te esperaré toda mi vida’, Niyomismalosé’, ‘Las ranas también se enamoran’, ‘¿Y a ti qué te importa?, ‘Olvidé olvidarte’, ‘Las guerreras Maxwell’, ‘Desde donde se domine la llanura’, ‘Los príncipes azules también destiñen’, ‘Pídeme lo que quieras’, ‘Casi una novela’, ‘Llámame bombón’, ‘Pídeme lo que quieras, ahora y siempre’, ‘Pídeme lo que quieras o déjame’, ‘¡Ni lo sueñes!’, ‘Sorpréndeme’, ‘Melocotón loco’, ‘Adivina quién soy’, ‘Un sueño real’, ‘Adivina quién soy esta noche’ y ‘Las guerreras Maxwell. Siempre te encontraré’, además de cuentos y relatos en antologías colectivas. En 2010 fue ganadora del Premio Internacional Seseña de Novela Romántica; durante tres años seguidos, 2010, 2011 y 2012, recibió el Premio Dama de Clubromantica.com; y en 2013 obtuvo el galardón entregado por el Encuentro Yo Leo RA (Romántica Adulta). Su novela ‘Pídeme lo que quieras’ fue galardonada con las Tres plumas a la mejor novela erótica que otorga el Premio Pasión por la Novela Romántica. Sus publicaciones se cuentan como superventas, habiendo llegado a desbancar en la lista de libros más vendidos al fenómeno editorial constituido por la trilogía ‘Cincuenta Sombras de Grey’.

“La gala musical en el espectacular auditorio de Los Ángeles era divertida y todos los asistentes lo pasaban muy bien. Productores musicales, cantantes, actores, modelos y guionistas de cine bebían, bailaban y cantaban al sonido de la mejor música del momento. Uno de los asistentes más solicitados era Anthony Ferrara, Tony para lo amigos”. Con este comienzo pelín fashion que, quizá, invita a soñar, arranca ‘Sígueme la corriente’, la nueva novela de Megan Maxwell, publicada por Planeta en su colección Esencia contemporánea. La escritora nacida en Alemania, de madre española y padre americano, pasó por Valencia y habló de lo variopinto de sus seguidores, mayoritariamente mujeres, aunque también hay hombres que la leen. “Mis novelas son para todos. Me leen desde niñas de dieciocho años hasta señoras de setenta y muchos. No tengo ránking de edad”. En España el género romántico ha conocido momentos gloriosos. Durante los años cincuenta y sesenta, la escritora Corín Tellado alcanzó un éxito muy importante con sus novelas y fotonovelas. “Mis historias significan lo mismo que las de Corín Tellado en su época. Hasta no hace mucho a la literatura romántica se le consideraba un género de segunda fila, pero hoy la forma de escribir ha cambiado mucho, porque las mujeres también hemos evolucionado. En mis libros hablo de guerreras, mis protagonistas femeninas son muy luchadoras, no se arrugan y no se desmayan cuando alguien las mira o les dice cualquier cosa”.

Si algo llama la atención es el escaso eco que encuentra el género romántico entre los críticos literarios de los grandes medios. En su lugar, ‘Sígueme la corriente’ llega avalado por elogiosos juicios emitidos por blogueras y blogueros. “Es cierto que en España los críticos ningunean este género. Soy la escritora que le hace la competencia a Grey y, si hubiera vendido tanto como ella, estaría presente en la prensa. Hace un tiempo, viajé por varios países de Sudamérica y aparecí en las portadas de algunos de los principales diarios hispanoamericanos, como el periódico ‘La Nación’ de Argentina. Desde entonces, sé y entiendo lo que significa ser un ídolo al otro lado del charco”. Al contrario de lo que ocurre con los críticos, sus lectoras y seguidoras, lectores y seguidores, son legión.

Más de treinta y siete mil asiduos y asiduas de su web lo atestiguan. “Me encuentro en el punto exacto. A mis lectores les doy lo que quieren, las fantasías que todo el mundo tiene y que pocas personas practican. Para penas ya tenemos suficiente con la realidad”. Y la opinión lectora es tan importante para ella que, en ocasiones, se deja llevar por sus sugerencias. “Unas veces, si observo alguna idea que es interesante, la atrapo enseguida y la llevo al papel. Para escribir el segundo volumen de ‘Pídeme lo que quieras’, solicité sugerencias y opiniones sobre lo que los lectores querían que sucediese en el libro. De las que recibí, aproveché aquellas que me parecieron mejores. Otras veces, en cambio, sigo mi propio criterio para elaborar los argumentos”. Las sesiones de firma con sus seguidores constituyen para Megan todo un tour de force. “Resulta algo cansado porque las colas son grandes, ayer sin ir más lejos en Barcelona acudieron trescientas personas, y porque mi firma consiste en dedicatoria, beso y foto, lo cual multiplicado por tantas personas resulta agotador. Pero no me quejo. Yo trabajaba en una asesoría jurídica y desarrollaba un cometido triste, ya que llevaba asuntos de siniestros y accidentes. Ahora la gente me saluda cuando viene a verme y me anima, lo cual resulta muy gratificante”.

ESCRIBIR, OTRA FORMA DE VIDA

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Megan Maxwel necesita escribir para vivir: la literatura forma parte de su ser. “Para mí escribir es vivir otras vidas que nunca viviré. Puedo ser lo que me apetezca en mis novelas. En ‘Sígueme la corriente’ soy la mujer que tiene tres hijos y que carga con una enorme responsabilidad por sí misma”. Además, su trayectoria literaria, corta en el tiempo, es extensa en títulos publicados: veinticuatro en siete años. Ante tamaña producción, al periodista le asalta la duda de saber si hay “negro encerrado”, pero Maxwell no duda, su respuesta es clara. “Escribir es mi trabajo y lo hago desde que cumplí los veintidós años. Tengo muchas novelas guardadas en el cajón, las voy sacando y las ofrezco a la editorial por si les interesa publicarlas. Alterno lo viejo con lo nuevo, pero no hay ningún negro, el negro soy yo que trabajo en mi casa”. El escritor Andreu Martín decía el otro día en la radio que es imposible contar un chiste sin conocer su final. Aplicado a la literatura, Megan Maxwell también opina lo mismo. “Durante el proceso de escritura me dejo llevar, pero conozco el final de la historia. Y sé que va a acabar bien, con un desenlace bonito. No me gusta que una lectora se quede fría, indiferente o con mal sabor de boca tras leer mis novelas”. Además también le gusta que sus libros parezcan una especie de espejo en el que los lectores también se vean reflejados. “Intento que la persona que lee mis novelas crea que alguna vez ha podido ocurrir lo que le cuento y que se sienta proyectada en mis personajes. Sé para quien escribo y procuro incluir un hombre impresionante en las historias, porque a las mujeres les gusta que sean así para soñar con ellos”.

‘SÍGUEME LA CORRIENTE’, SU NUEVA NOVELA PUBLICADA

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La idea para escribir ‘Sígueme la corriente’ procede de su última entrega. “Tony, el protagonista de la novela, lo era también de mi bilogía anterior. Me gustó tanto como personaje que tenía que escribirle una novela para él”. Con el fin de acentuar este prototipo de hombre adinerado, compositor de fama y triunfador, colocó a su lado a Ruth, una camarera de restaurantes, bares de copas y hamburgueserías. “Le busqué un personaje femenino que fuese todo lo contrario. Tony es millonario, ella es humilde. Él es soltero, Ruth tiene tres hijos”. De esta respuesta se desprende que Megan Maxwell intenta construir un universo ficticio propio. “Sí que lo intento y de hecho utilizo este recurso muchas veces. La verdad es que estoy creando un mundo Maxwell”. ‘Sígueme la corriente’ es un libro epitelial, que se lee y se siente. “Sí, por supuesto, quiero que la gente se identifique con el libro, pretendo que se enfade, llore y ría… Mis lectoras me dicen que les hago atravesar todos los estados emocionales”. La novela contiene bastante sexo, pero Megan diferencia erotismo y pornografía. “Cuando escribo una escena erótica trato de no rozar la pornografía y para conseguirlo trabajo mucho el lenguaje, utilizando un vocabulario más elegante y menos soez. Si no lo hiciera así resultaría chabacano”. Antes de concluir, parece interesante conocer si Megan Maxwell se atreverá alguna vez a escribir en otros registros distintos de la novela romántica. “Seguramente publicaré pronto un drama social sobre el sida y un thriller policiaco, pero la verdad es que a mí lo que me gusta es escribir género romántico, porque me lo paso muy bien haciéndolo. A mí que me den una historia de amor, que yo ya le pondrá la guinda para que quede fenomenal”.
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