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Bin Laden, ese desconocido

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 5 de junio de 2007, 22:28 h (CET)
Lo más distinguido, para algunos, son los llamados “binladens”, billetes de quinientos euros que se sabe que existen pero que la gente no los ve ni por asomo. Bromas aparte, Osama Bin Laden es uno de los mayores, si no el más grande, de los misterios contemporáneos. Sonar, lleva mucho tiempo sonando desde aquel terrorífico y mortal atentado que destruyó el 11S de 2001 el orgullo de Manhattan en Nueva York, las Torres Gemelas, la sede del World Trade Center.

De inmediato fue culpabilizado del mismo, y su imagen delgada, con barba y turbante, se hizo archiconocida. Los Estados Unidos pusieron precio a su cabeza, y organizaron una persecución aparentemente implacable para su búsqueda y detención que dura hasta nuestros días. Pero nunca dieron con él. Se le atribuían recónditos escondrijos entre las montañas afganas, en Asia Central, y donde, según se decía, disponía de seguros y confortables refugios.

En consecuencia, se desencadenó, también, la invasión de países por ejércitos armados hasta los dientes. Siempre con el letrero puesto de “Se busca, muerto o vivo”. Cayeron prisioneros importantes secuaces, y un número indeterminado de figurones, que, tal vez, lo desconocían como el resto del mundo. Algunos ya han pagado con su vida su relación con él, directa o no. Pero, Bin Laden sigue en paradero desconocido apareciendo de vez en cuando con escalofriantes mensajes en árabe que reproducen las cadenas afines, o en internet, y luego, en el resto del mundo.

Periódicamente, los medios dan noticia de nuevos fracasos de la CIA en su intento de atraparlo, lo que refuerza una paradoja entorno de esta figura mítica del crimen organizado y salvaje. Resulta un contrasentido que con los avances tecnológicos de que se dispone, de aviones espía, de espías de siempre que cobran por su trabajo, de localizadores GPS que sitúan con precisión el lugar donde está un coche de lujo robado, de satélites que todo lo ven y que retratan hasta el mínimo detalle de cualquier callejón perdido del mundo, Bin Laden siga sin ser apresado. Porque, además, no lo persigue cualquiera, sino la más poderosa nación del mundo, que de todo dispone, y que todo lo puede. Desde invadir territorios, hacer que otros ejércitos le secunden, derrocar gobiernos, influir en reducir la capa de ozono, etc. Todo pueden menos encontrarlo. ¿Será real, o una ensoñación destinada a distraer la atención? Los bandidos españoles, antiguamente, siempre caían bajo las garras de la ley, al menos los “corrientes y molientes”, que eran los conocidos. Ahora caen igual, pero tienen hospitales y pulseras telemáticas. ¿Es cuestión de tiempo y un día será sorprendente noticia su captura?... Misterio.

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