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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La familia en Europa

Jesús Domingo Martínez
Redacción
domingo, 3 de junio de 2007, 21:02 h (CET)
Cada veinticinco segundos se produce un aborto en la Unión Europea (UE), en estos momentos es la primera causa de mortalidad, según consta en un informe del IPF.

Hace unos días se presentó en la Eurocámara el informe 'Evolución de la Familia en Europa 2007', en el que, entre otras cosas, se alerta que Europa ha abandonado a su suerte la familia. El informe recalca, además, que cada 30 segundos se produce una ruptura matrimonial en la UE, hasta superar la cifra de 1 millón en 2005.

Desde el IPF han destacado que estos datos demuestran que "el panorama de la familia en Europa se ha agravado de manera preocupante" y que hay una "dejación" de la Unión Europea respecto a este tema, piden que se inste a todos los países miembros a crear un ministerio de la Familia, y a destinar, como mínimo, el 1,5% del PIB a gasto social familiar frente a menos del 1% en la actualidad; que se impulsen medidas de apoyo a la mujer embarazada y a la maternidad; que se promueva un salario social para madres o padres que pidan la excedencia para cuidar de sus hijos; o que se impulsen medidas preventivas para ayudar a superar las crisis familiares.

En la presentación han señalado que el informe se caracteriza por la "máxima objetividad" y han dicho que hay que acabar con el "prejuicio absurdo" en la UE que considera que hablar del tema de la familia "signifique limitar y coartar la libertad de las personas" y sea propio de "personas retrógradas e intolerantes". ¿No les parece espantoso que tengamos una Europa sin valores, sin principios y sin convicciones? No puedo por menos que estar de acuerdo con estas apreciaciones y acabar diciendo que lo encuentro sencillamente preocuparte.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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