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Génesis al Libro de Ham: Fideslándia Estadounidense

Ben Tanosborn
Redacción
domingo, 3 de junio de 2007, 20:55 h (CET)
En el principio fue el Genio Creativo conocido como Walt Disney. En su primer “día” de creatividad, Walt dibujó un ratoncito y le puso de nombre Mickey.

Ese fue el comienzo de la fantasía animada. Y en los siguientes cinco “días-Walt”, creó muchas estrellas que iluminaron la pantalla invitándonos a sonreír y, lo que es mas importante, a soñar: Blancanieves, Pinocho, el Pato Donald… y tantísimo caracteres que tomaron vida para deleitarnos a todos.

Finalmente en el séptimo día-Walt, mejor conocido como la Década Gloriosa de los 50, Walt invitó no solo a sus compatriotas sino al mundo entero a compartir el fruto de su creatividad; a tomar un reposo de la dura realidad y aquella Guerra Fría, en un paraíso temporal apropiadamente denominado como reino mágico: Disneylandia. Y esa gran apertura el 17 de julio de 1955 puso fin al génesis de Disney e inauguró el nuestro en ese Paraíso Terrenal de California entre los naranjales de Anaheim. [Tristemente, las naranjas como fruta comercial han desaparecido en Anaheim… excepto en el escudo de la ciudad.]

Poco más de medio siglo después, el 28 de mayo de 2007 – Día de Los Caídos, quizás para añadir un toque de patriotismo al evento – otra gran apertura tuvo lugar al otro extremo de Norteamérica, a un suburbio o dos de distancia de Cincinnati, en una pequeña comunidad de Kentucky… Petersburg. Esta vez lo que se celebra es la historia de la humanidad en términos bíblicos desde Génesis al Libro de Ham (manifiesto de Ken Ham) por medio de un parque temático que ha costado 20 millones de euros, con una tecnología a la vanguardia en animación-electrónica… y que sus contribuidores-creyentes han bautizado como Museo de la Creación. Lugar desde donde Ken Ham, evangelista de origen australiano, piensa clavar simbólicamente sobre la puerta su manifiesto “Génesis 1 al 11” como hiciera Martín Lutero en 1517 con sus “95 Tesis” en la puerta de Schoosskirche.

La “nueva reforma” apenas ha empezado con este Libro de Ham, esta vez el papa ha sido reemplazado por ese producto que progresivamente viene iluminando al hombre: la ciencia. Pero en este museo, se redefine a la ciencia con el pretexto callado de que nuestras mentes están demasiado mate con ese color de la razón, necesitando que se rejuvenezca con una capa o dos de fe viva. Se supone que esas capas cubrirán ese “disparate-mancha” de la evolución, incluyendo todas las “tonterías” que Darwin escribió en “Sobre el Origen de las Especies”.

Así que aquí nos encontramos en esta increíble Norteamérica nuestra, en la primera década del siglo 21, casi cuatro décadas después de que Neil Armstrong se pasease por la luna, caminando con los tacones de nuestros zapatos apuntando al frente en flagrante desafío a la ciencia; ciencia como cuerpo de conocimientos obtenidos y acumulados por un estudio sistemático, y organizado bajo estrictos principios.

En este mausoleo de 5.500 metros cuadrados, donde la verdad yace momificada, y donde se trata de interpretar la historia del hombre en la tierra durante un periodo comprimido de 6.000 años, no sabes si reírte o gritar engaño en la interpretación de hechos, antes o después del diluvio universal, con o sin la venia de Noé. Como el que hombre y dinosaurio compartiesen la tierra a la vez, y otros muchos más. Y todo presentado con disfraz de ciencia.

Para una persona que tiempos atrás visitase en el norte de España la “real” cueva de Altamira; alguien que estuvo boquiabierto en admiración y reverencia en esta increíble prehistórica Capilla Sixtina con pinturas en sus paredes que datan 15.000 años atrás, creadas por humanos aunque no tuviesen credenciales bíblicos; alguien que recibió comunión espiritual con estos primeros cántabros… la interpretación literal de la Biblia sobre la creación aparece como una manifestación de suma y arrogante ignorancia.

Religión y ciencia no tienen por que ser mutuamente excluyentes, pero razón e insensatez si lo son, a priori. Si la ciencia rehuye de la religión por la forma en que se define a si misma… ¿por que no hace lo mismo la religión y deja de entrometerse con sus propias reglas?

La mitad de los estadounidenses apuestan por la creación y no la evolución; y es la preferencia de dos terceras partes que ambas ideologías sean enseñadas a la vez en clase de ciencias (enseñanza elemental y media). De acuerdo con los encuestadores. Y, la verdad, después de darse uno cuenta de cómo se otorga el voto y el instinto de manada de tantos en nuestra nación, quizás los resultados de tales encuestas tengan legitimidad presentándonos ante el mundo como somos, aunque esto sea en un tono poco halagador.

Con suerte todavía muchos en el mundo nos recuerdan como el país de Disney, quien trajo tanta alegría a incalculables millones de personas. Disneylandia, el lugar y el concepto, ha sido algo que ha enorgullecido a EEUU al compartirlo con el mundo. Sin embargo no me cabe en la cabeza que esto pueda ocurrir con este Museo de la Creación, algo que es para consumo domestico, sazonado al gusto de los evangélicos en el país, pero definitivamente algo que no es apto para exportación… ni como parque temático, ni como museo.

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