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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un nuevo sucedáneo, de cara a la galería, de la misma Ley del Aborto

Miguel Massanet
domingo, 22 de febrero de 2015, 11:11 h (CET)
No estamos en momentos de poder escoger y, máxime, si se tiene en cuenta que estamos a menos de un año de las legislativas que, dicho sea de paso, se presentan como una grave amenaza para el porvenir político, económico, social y estructural de la nación española, con la proliferación de partidos políticos que, si algo van a conseguir será una indeseable atomización del voto y, muy probablemente, un sin fin de coaliciones de distintas formaciones políticas para intentar ( creemos que infructuosamente) que España pueda ser gobernada, si es que esto puede ser posible, cuando muchos de los nuevos partidos son antisistema y partidarios de otras opciones de gobierno, no precisamente democráticas, de las que no podemos descartar al neo comunismo bolivariano que nos han exportado desde Venezuela, Bolivia, Ecuador y, posiblemente, desde Nicaragua.

Como decíamos, los que deseamos una España en orden, capaz de competir económicamente con el resto de países industrializados, que inspire confianza a los inversores, tanto españoles como foráneos, en la que se mantengan los derechos individuales y se respeten los principios en los que se inspiró nuestra Constitución, acatando la legalidad y el orden; de forma que, el país, siga por el camino de la recuperación y no se meta en aventuras peligrosas que, lo único a lo que pueden aspirar, es a un empobrecimiento, una vuelta a los tiempos de crisis y, con toda probabilidad, en acabar siendo uno de estos estados, como es el caso de Venezuela, en los que se han abolido los derechos ciudadanos, las garantías individuales y las seguridades democráticas, para instalarse en una autarquía que, para algunos, constituye el “chavismo” y para otros “la revolución bolivariana” pero, en todo caso, una opción totalitaria que no conduce más que a la miseria, el aislamiento y el desorden.

No obstante, los votantes del PP, aquellos que confiábamos que la llegada al poder del señor Rajoy y su equipo, significaría un antes y un después a todo lo que habían sido errores garrafales del socialismo de Rodríguez Zapatero y que, se procedería a la cancelación o modificación de muchas de las leyes que permitieron que España entrara en el club de los que desprecian los principios heredados de sus mayores, la moral y la ética, para pasar a formar parte de aquellos que adoran el materialismo, el egoísmo, la tutela estatal y se apuntan al relativismo en boga que permite, a todos los que lo practican, una vida sin trabas, sin respeto por los demás, sin más frenos que los que pida el cuerpo y sin más esfuerzo que el preciso para vivir a costa del Estado; olvidándose de que, si la nación no produce, no exporta, no comercia, no investiga, no trabaja y no se esfuerza en ganar productividad y competitividad, el dinero de los españoles se agota y las posibilidades de financiarse, desde fuera de la nación, se esfuman, a medida que la confianza en el país va disminuyendo, y van tendiendo a 0; con lo los cuentos de la lechera sobre salarios para todos, subvenciones sociales, equiparación de salarios y subida del nivel de vida de todos los españoles que se quedan, definitivamente, en agua de borrajas.

Sin embargo, muchos de los votantes del PP, hemos sufrido una amarga decepción cuando hemos visto como iba transcurriendo la legislatura sin que se pusieran en práctica algunas de las promesas, importantes promesas, que fueron las que a muchos les hicieron votar a la formación del señor Rajoy. Con mayoría absoluta en las dos cámaras, en una situación inmejorable para poner orden en todo aquello que había sido injustamente trastocado; con cuatro años por delante para hacer que se digirieran los cambios que fuere preciso hacer ­– algo que sí hicieron en cuanto al aspecto económico, financiero, laboral y de relaciones exteriores, sensiblemente recuperados y mejorados de modo que permiten un cierto optimismo respecto a una recuperación de nuestra economía y competitividad – hemos tenido el desengaño de que, en temas evidentemente conflictivos, en los que el Gobierno debiera asumir, con valentía, el rechazo que los cambios hubieran podido suscitar en otras formaciones, esto no ha sucedido y hemos visto como, en asuntos tales como el aborto, los matrimonios de homosexuales y el, extremadamente peligroso, tema del separatismo catalán y, en menor medida, el vasco; no se ha avanzado, han permanecido estancados o han empeorado, como ha sido, sin duda, el órdago del soberanismo catalán al Estado de Derecho, que ha puesto al país patas arriba y, ante el cual, nuestro Gobierno ha demostrado la pusilanimidad propia de aquellos que prefieren contemporizar antes de coger al toro por los cuernos. Los resultados son patentes. Recientemente, después de haber permanecido aletargado y de haberle costado el puesto al anterior ministro de Justicia, señor Gallardón, sin haberse logrado el “consenso” que, inútilmente, ha venido intentando conseguir el actual gobierno por parte del resto de partidos de la oposición; pretende contentar, darle el cambiazo y dorarle la píldora al pueblo español con aquello de “donde dije digo digo Diego”, en este caso maquillando la vigente Ley del Aborto ( la de Bibiana Aído y Leire Pajín), simplemente modificando un artículo en el que las menores de 16 años tenían que decirles a sus padres o representantes legales su intención de abortar que ahora se quiere cambiar por “pedirles permiso”. Gran puñado son tres moscas, señores, si consideramos que en esta nación, que hubo un tiempo en que se la denominaba “La católica España”, se calcula que, cada año, se producen la friolera de más de 100.000 abortos ( 112.390 en el 2012), yo los llamo asesinatos, de fetos sin otro control que se lleven a cabo antes de las 14 semanas del embarazo o las 22, si se considera que existe riego para la vida o salud de la embarazada, lo que fácilmente se puede comprender que se ha convertido en un coladero, mediante el cual es fácil alegar tal excusa para eludir la norma.

En realidad, “ para este viaje no necesitábamos alforjas” ya que, seguramente, del total de abortos que se practican los que necesiten el permiso paterno serán los menos y, visto lo visto y teniendo en cuenta la falta de autoridad de la que gozan los padres después de que las leyes hayan machacado la tradicional patria potestatis, lo más probable sea que todo se vaya a reducir, en el 90% de los casos, en un mero trámite que, para nada, va a influir en remediar esta tara que viene sacudiendo la sociedad española. Y aquí una referencia al Tribunal Constitucional: este alto tribunal aceptó el recurso que el PP presentó en el mes de junio del 2010 pidiendo que se declarase la inconstitucionalidad de la Ley del aborto, presentada por el PSOE y aprobada por el Parlamento de la nación. Estamos en el mes de febrero del año 2015 y los miembros de dicho tribunal, al parecer, no han tenido tiempo y añadimos “ni ganas”, de entrar a fondo en tan espinoso tema, haciendo buena la fama de politización y de escurrir el bulto de este tribunal cuando, de verdad, debiera de manifestarse, en un tema de tanta urgencia y notoriedad, con la debida celeridad y rotundidad.

Lo peor es que puede que vuelvan a pasar lustros, sino décadas, para que se nos presente una ocasión más oportuna de poner en claro el hecho indubitado de que, una vida humana, incluso dentro de útero materno, debe, en todo caso, ser respetada por encima de cualquier otro interés de las madres, sobre todo si sólo se basa en la incomodidad de tener que asumir el resultado de no haber tomado los precauciones mínimas precisas para evitar el embarazo ya fuere debido a su ignorancia, su falta de sentido común o sus impulsos sexuales primarios. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos indignados como el tiempo pasa, los abortos se incrementan y, quienes debieran de poner coto a tanta salvajada, se quedan dormidos en sus poltronas sin pensar que, cada día de retraso, significa el asesinato de 274 bebes indefensos. ¡Menuda carnicería!
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