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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Ciencia ficción o la evolución imparable de la Humanidad. China apuesta por la robótica

“El progreso es la realización de las utopías” Oscar Wilde
Miguel Massanet
sábado, 21 de febrero de 2015, 10:19 h (CET)
No siempre la noticia se encuentra en los grandes titulares ni en los temas habituales que suelen ser el objetivo de aquellos profesionales que se dedican a escribir en los periódicos o a dar información a través de las pantallas de las TV. En ocasiones encontramos en algún rincón de los informativos una reseña, una opinión o un artículo que nos llama la atención y nos hace reflexionar sobre algunos temas que, frecuentemente, solemos pasar por alto pero que, si se analizan en profundidad, seguramente darían trabajo extra a los sociólogos y a todos aquellos que tienen por misión prever los cambios que se avecinan para la humanidad, con el objeto de intentar encontrar la manera de dar solución a los problemas que, de ellos, se puedan derivar.

Al parecer, en China, se están apercibiendo de que el coste de la mano de obra cada vez es más elevado ( ¡qué pensarían si tuvieran que enfrentarse a los salarios que se acostumbra a pagar en Europa!) de modo que, un estudio llevado a cabo sobre los costes laborales de la industria china, que en el año 2002 rondaban los 900 euros anuales de un trabajador industrial, (muy inferior al de los países desarrollados); resulta que desde aquella fecha hasta el año 2012 han ido creciendo hasta alcanzar los 6.000 euros anuales. Como, fácilmente, se puede entender este aumento mermaba sensiblemente la ventaja que los productos industriales chinos tenían sobre el resto de países civilizados en cuanto a competitividad en los mercados. El evidente progreso que, como país emergente, ha ido experimentando el coloso Chino ha redundado en una mejora en la vida de los trabajadores, aunque con grandes diferencias entre unos y otros, ha sido a costa de que los salarios se han tenido que ir adaptando a las circunstancias y necesidades de cada momento.

Paralelamente a lo que venimos relatando, la industria de la robótica ha experimentado un gran desarrollo de modo que, a día de hoy, se considera que hay más de 10 robots por cada 10.000 trabajadores industriales. En Corea del Sur asciende, según la información referida, a 437 y en el Japón a 323. En Europa, concretamente en Alemania, la proporción es de 282 por 10.000 trabajadores industriales y en EE.UU. alcanzan los 152. Unos datos curiosos que, en algunos casos nos llaman la atención, especialmente en lo que se refiere a los EE.UU. de América. Para darnos una idea de la importancia que en la China se da al tema de la robótica basta decir que, para este 2015, se espera que el gigante asiático mueva, sólo en este sector, 8.400 millones de euros. Y un dato adicional: está previsto que, entre el 2015 y el 2017, según la Federación Internacional de Robótica, los chinos comprarán más de 400.000 robots industriales.

Aparentemente nos hallamos ante una buena noticia, algo que seguramente constituye el sueño de una parte de la Humanidad ¡el vivir servidos por robots que se ocupen de todas aquellas tareas desagradables y nos permitan dedicar una gran parte de nuestro tiempo al ocio y a los placeres! No obstante, como dice el dicho popular, “no es oro todo lo que reluce”, como ya se ha detectado con la irrupción de la informática y la digitalización de las tareas que, no obstante el importantísimo avance que estas técnicas han supuesto para el progreso de la ciencia, no hay duda de que han sido las causantes de que, muchos puestos de trabajo, se hayan perdido a causa de su aplicación en las oficinas, industrias, transportes etc. que, si bien han creado puestos de especialistas y técnicos precisos para saberlas utilizar; ha sido mucho mayor el número de aquellos que han resultado perjudicados por estos avances técnicos perdiendo el puesto, con escasas posibilidades de encontrar otro.

Si el ejemplo chino prospera en nuestros países y, especialmente, en toda la CE, es muy posible que en unos pocos años la tasa media de desempleados llegue a ser tan preocupante como la que, en la actualidad, tenemos en España; que ya está creando problemas importantes para el Gobierno y alimenta a formaciones populistas que saben aprovechar el desgaste que esta situación de descontento produce en el electorado, para arrimar el ascua a su sardina. Europa es deficitaria en productos energéticos y difícilmente podrá competir en costes con los países asiáticos emergentes si, como hacen en China, empiezan a robotizar sus industrias y a competir en ventas en condiciones de superioridad con el resto de naciones que no se hayan preparado para este desafío. La productividad sigue siendo uno de las grandes incógnitas que los países deben resolver si quieren estar en igualdad de condiciones en los mercados mundiales. Por desgracia, en España, si bien es posible que se trabaje más horas que en otros países de la CE, sin embargo, existen una serie de mejoras sociales, por las que han venido luchando insistentemente los sindicatos y comités de trabajadores que, no obstante, han encarecido de forma exponencial los costes laborales. Permisos de maternidad, bajas por enfermedades, permisos para funciones sindicales, los liberados, permisos post parto, largas vacaciones y festividades etc. vienen siendo una de las grandes preocupaciones de los responsables de personal, no sólo en las grandes empresas, sino en las pequeñas industrias y comercios en los que la baja de uno de sus trabajadores puede significar el tener que cerrar o verse obligados a contratar a personal interino que, aparte de rendir menos, no está motivado porque ya sabe que, aquel trabajo, no es definitivo.

Ya son muchas las empresas ( especialmente nuestras fábricas de vehículos) las que han implantado cadenas de montaje totalmente robotizadas, de modo que, donde se utilizaban a cientos de operarios ahora con un par de técnicos cualificados se produce lo mismo, con más rapidez y, evidentemente, con mejor calidad. El problema es que, a medida que la robótica avanza (hoy ya se habla de varios tipos de robots domésticos) y se cubren nuevas etapas, cada vez van a sobrar más trabajadores, a los cuales se les deberá dar una solución para que puedan seguir viviendo. Una de ellas, la más costosa y la que está siendo el Caballo de Troya de la Seguridad Social, es la del pago de las pensiones, una parte importante a tener en cuenta en los PGE que puede alcanzar hasta un tercio de ellos. Intentemos imaginarnos lo que podría ocurrir si el ejemplo cunde, como va a ser, y las empresas siguen mecanizando, robotizando y digitalizando sus medios de producción, de control, de comunicaciones y de ventas, de modo que se produzca un sobrante masivo de mano de obra que, o bien deberá ser reciclada para convertirla en funcionariado público o, deberá dárseles una ayuda que les permita una vida digna o buscar otro tipo de utilización dentro de las escasa tareas residuales en las que la robótica no pueda actuar de suplente.

Es evidente que, los modernos adelantos de la robótica en la medicina, están siendo tan espectaculares que no va a tardar mucho tiempo en que, los diagnósticos, se puedan realizar a través de robots especializados y las intervenciones quirúrgicas, menos traumáticas, más precisas y seguras, puedan llevarse a cabo mediante robots y ordenadores sincronizados. Es obvio que, este comentarista, ya no va a poder asistir a estos cambios, aunque, en honor a la verdad, ya existen campos de la medicina en los que la robótica hace milagros. Un problema que tendrán que afrontar las nuevas generaciones y que es muy posible que ocasionen importantes inconvenientes de tipo social, si es que no son capaces de compaginar la modernidad con la atención a aquellos a los que las nuevas tecnologías releguen al ostracismo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos difícil conjuntar los avances acelerados de la ciencia con su encaje social. Pero, no adelantemos acontecimientos.
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