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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

Gaudí: Batiburrillo de lujo

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 3 de junio de 2007, 20:47 h (CET)
El pistoletazo de salida de la semana nupcial ha sido una exageración de combinados, tanto en la pasarela, como en los asientos de “first row”, allí donde se sientan las caras bonitas, las chicas queridas por la televisión, mordientes por sus escotes generosos y por sus boquitas de piñón. Gema Ruiz, más rubia mechada que cuando estaba casada con alguien que fue vicepresidente del Gobierno, estaba sonriente y mostraba su amor por su Rafa Reflet aunque desconocía si se iban a casar o no y eso que a Rosa Clará, la diseñadora y empresaria que presentaba su delicada colección para el día blanco e inmaculado de cualquier chica que se precie, hace unos meses, la llamada también “casquette”, le había hecho un encargo para su inminente boda.

A pocos minutos de empezar la pasarela hablaba con contundencia: ”Ya hablaremos de boda cuando sea, hoy por hoy vivimos nuestro amor y estamos muy bien”. Después de lanzar semejante frase se la veía más sosegada y tranquila embutida en un vestido color rosa “baby doll”, más propio para una quinceañera que no de una madre de familia publicitariamente impecable.

Casi a su lado una sonriente y discretísima, toda de negro, Laura Ponte intentaba pasar desapercibida. Aún con un físico envidiable podía, más que estar sentada como una cliente más, ser una modelo del día, pero Laura, consciente de su realidad, aseguraba:”Quita, quita, yo estoy muy bien aquí de invitada, si acaso pudiera pasar seria la segunda línea de Rosa, aquella de los vestidos para segundas nupcias, pero no pienso en ello, yo, al lado de las modelos de hoy, estoy gorda, ellas son dos palillos”.

La cosa hervía y más cuando apareció Trias Fargas, el ganador que no será alcalde, pero lucía sonrisa y palabras llanas y concisas:”Nadie daba un duro por mi, todos aseguraban que iba a ser el gran perdedor. Aquí estoy, satisfecho pero no contento, yo quería ganar por mayoría. Catalunya no se merece el Gobierno que tiene y yo no me retiro”

De la pasarela nos fuimos a palacio, no a Versalles,pues estábamos en Barcelona y nos esperaban en Pedralbes, sus amplios salones y su cuidados jardines, la luna creciente, acogía en el jardín a empresarios, empresarias, señoras de escotes generosos para ojos ociosos y espaldas bien nutridas, ex mises como Helen Lindes, modelos como Judit Mascó, embutida de negro como si llevara luto en su alma, Verónica Blume que se olvidó la falda en casa pero a cambio se calzó unos altísimos zapatos de quince centímetros que le daban una amplitud de miras como si estuviera a punto de salir a bailar con el grupo de zancudos más preciado de la ciudad. Marisa Jara, desamparada de su ex novio el bailarín Joaquín Cortés, se la vio muy mejorada de ese amor perdido al mostrar sus pechos crecientes dentro de un diminuto vestido largo que esculpía su talle.

En los jardines todos iban tomando champagne francés (que no cava) y picoteando exquisiteces de la cocina minimalista e iban llegando caras conocidas, Bibiana Fernández, espléndida en su madurez, se quejaba de un ataque de lumbalgia:”Me tomo antiinflamatarios, pero como hinchan para salir por TV tengo que tomarme diuréticos. Nada, estoy como la abuela de “Mama cumple cien años”, ¿recuerdas?, la sacaban, la enseñaban y luego para dentro, yo estoy igual”.

Como una pareja de recién casados llegó Rafael Amargo de la mano de su mujer, ella espléndida en un vestido que le habían hecho expresamente en Japón y Amargo con la nariz a punto de estallar: “A la salida del hotel me he dado con un cristal, no lo vi, estaba ya casi en la calle, a lo mejor no aguanto la noche, o tendré que cenar con una bolsa de hielo para que no se me hinche”. El bailarín hacia su aparición en Barcelona y en esta fiesta de “glamour” después de mucho tiempo de estar desaparecido por el triste acontecimiento del Carnaval de Canarias.

Por si las moscas Rafael y su familia viven en Los Ángeles:”Compartimos California con Marruecos y oye, es que aún no me han pagado y lo pasé fatal”.

La cena exquisita,evito enumerar el menú, tampoco nos hagamos pesados y como postre y colofón a la fiesta una sorpresa para las más de quinientas personas asistentes al evento, la actuación de Monsita Martí, en primera fila su famosa madre Montserrat Caballé, acogida por todos con aplausos cálidos.

La voz de Monsita se expandió por el palacio de Pedralbes, escogió como repertorio seis canciones variadas, Puccini, Gershiwn, zarzuela, alguna nana, el público aplaudió a nuestro entender poco para tanta generosidad.

Es sabido, el personal, aunque exquisito, habituado a pagar, cuando se le invita, generalmente, da por sabido que todo es poco. Aquí opinamos que el arte, aunque parezca gratis, bien merece una vuelta al ruedo.

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