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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Un pulpo en la pasarela

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 3 de junio de 2007, 20:47 h (CET)
Cuando alguien se encuentra inmerso en un ambiente distinto al suyo habitual se suele decir de él que anda como un pulpo en un garaje. La verdad es que se hace difícil imaginar a cualquier octópodo paseando entre los coches depositados para su guardia y custodia entre las cuatro paredes de cualquier parking o garaje. Así me he sentido yo, extraño y distante, cual pulpo en lugar ajeno pero no en un garaje. Lo mío ha ocurrido durante mis visitas la última semana a la Pasarela Gaudí de Novias de la Barcelona Bridal Week.

Debo confesar que mi experiencia en este tipo de eventos hasta este momento eran tímidos vistazos de reojo a la televisión durante el transcurso de cualquier noticiero o cuando Anne Igartiburu- genial detentadora desde hace años de una buena canonjía televisiva, alguien sabrá el porqué- decía aquello de “hola corazones” y en la pequeña pantalla comenzaban a aparecer muchachas de largas piernas y cortos pechos exhibiendo la próxima moda. Jamás había tenido una pasarela delante ni había pisado el mundo oculto y frenético del back stage.

Así que, provisto de la imprescindible credencial, he estado acercándome durante una semana al pabellón número 2 del recinto Ferial Gran Vía situado más allá de Montjuich. La cosa comenzó con una diseñadora del terreno, la catalana Rosa Clará, con la que nuestro Magazine publica una entrevista, y terminó en el Palau Sant Jordi, debidamente acondicionado, con las últimas novedades en trajes para novias de la casa PRONOVIAS. Y entre tanto chantilly, brocados, nido de abeja, crèpes, blondas y satenes y mucho escote “palabra de honor”- hay que ver los términos que he aprendido en pocos días- iban sucediéndose los desfiles a un ritmo vertiginoso. A mi, pulpo en la pasarela, se me hace difícil recordar todo lo visto pero en mi retina todavía tengo las espigas de trigo y la alegría del desfile de los sevillanos Victorio & Lucchino, el ambiente árabe, dulces incluidos, y florido de María Alegre, los viejos vestidos “vintage” de Pronovias y las telas renacentistas utilizadas por Ivonne para Raimón Bundó así como los aires báquicos de sus modelos tocadas con pámpanos y racimos de uvas cual nuevas bacantes.

Infinidad de mujeres guapas, nunca había visto tal cantidad por metro cuadrado, y también algunas ya talluditas que tal vez pensaban en la posibilidad de utilizar alguno de los modelos que Rosa Clará realiza para las segundas, terceras o cuartas bodas, que de todo hay en la viña del señor. No les puedo dar muchos nombres, en la nomenclatura del “gotha” de la moda y sus adláteres también soy un neófito, pero si reconocí a Gema Ruiz, la ex de Cascos, que tal vez andaba enamoriscada de alguno de estos modelos para la repetición de la jugada. En el back stage una actividad frenética marcaba los “tempos”, por sus pasillos las modelos dejaban ir sus extraviadas miradas mientras se sometían al último retoque de la modista, el peluquero o la maquilladora entre los clics de las cámaras fotográficas.

Pero “los plumillas” también teníamos nuestro asueto particular. Justo al lado del lugar de los desfiles la organización había establecido un lugar de descanso para la prensa en el que reponer fuerzas entre exquisitos bocaditos regados con buen cava, unos especiales botellines de Viña Esmeralda o un buen café. Allí era posible enterarse de cosas como la envidia de Esperanza Aguirre ante esta Barcelona Bridal Week , envidia que ya está llevando a la Presidenta madrileña ha lanzar mensajes para hacerse con el exquisito bocado que supone la exhibición de la moda de los vestidos nupciales. Paco Flaqué, presidente del evento, es partidario de tan sólo uno de ello, naturalmente el ya existente, desde hace muchos años, en Barcelona.

Otros momentos de asueto fueron las fiestas ofrecidas por las
diversas casas y diseñadores. Así, el primer día Rosa Clará ofreció una cena en el Palacio Real de Pedralbes con concierto incluido de Montserrat Martí en presencia de su madre, y, también hemos podido delitarnos con las delicias de la cocina del restaurante “Torre d’alta mar” donde Raimón Bundó reunió a un reducido grupo de la prensa, o en el “Mondo”, lugar de moda en Barcelona, que fue el sitio elegido por José María Peiró para celebrar la presentación de su colección. Pero la fiesta por excelencia fue la organizada en el Hotel Miramar por el señor Palatchi, dueño de Pronovias. Hasta 52 herederas de las mejores familias europeas y americanas ocupaban los lugares de honor junto a caras conocidas de la sociedad española y el mundo del cine y la televisión. Julio José Iglesias también andaba por allí aunque, al parecer, sus hermanas Tamara Falcó y Ana Boyer no pudieron aceptar la invitación ya que pertenecen a la misma “cuadra” que su eternamente joven madre, es decir al reino del “gres” y los cuartos de baño. La heredera Ecclestone, mientras su padre recibía en Londres la pleitesía y el vasallaje de las autoridades valencianas, andaba, errabunda, cual nueva Cenicienta recorriendo descalza el “hall” y la primera planta del hotel. Todavía no habían sonado las doce y ya había perdido sus zapatos. Eso si, los bólidos que dirige su padre nunca se convirtieron en calabazas.

Confieso que, en principio, mi interés por convertirme en un pulpo en la pasarela venía motivado por observar a los políticos en un ambiente que no es el suyo habitual, pero me he quedado con las ganas, tan sólo pude compartir cava y conversar con Trias Farga quien coincidió conmigo en la necesidad de variar la Ley Electoral y saludar desde lejos a Artur Mas en el momento en el que, también como Cenicienta, abandonaba la fiesta de Pronovias al filo de la medianoche. Es cierto que CiU siempre apoyó estas expresiones de la moda en Catalunya y que sigue haciéndolo desde la oposición pero yo, al menos, esperaba tener la oportunidad de ver y charlar con algún miembro del tripartito acerca de la desaparición de la antigua “Pasarela Gaudí” del prêt a porter. De los partidos gobernantes tan sólo algún político de tercer nivel se dejó ver por los alrededores de la pasarela y la señora del ex ministro Bono, habitual en esta clase de eventos, en la fiesta de Pronovias.

De vez en cuando viene bien desintoxicarse de la cháchara del estamento político y acudir a eventos mucho más divertidos sin olvidar que, en cualquier representación de la moda, se encuentra implícita una parte importante de la economía. Son muchos los millones que mueve el sector y, por tanto, siempre será poca la atención que se le preste por parte de las autoridades. Vi muchas personas de raza asiática entre los asistentes a los desfiles y ello me ha hecho pensar en que el peligro amarillo, la globalización del producto y su producción siempre más económica, está llamando a nuestras puertas. Autoridades y fabricantes deben tomar las medidas oportunas o, cualquier día, estas muestras de glamour se celebrarán lejos de aquí.

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