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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿A quién le gusta el dinero?

Josep Camps Esqueu
Redacción
domingo, 3 de junio de 2007, 02:07 h (CET)
Que los políticos sean unos personajes cautivados 100x100 por el vil metal y que su trabajo, lejos de velar por la salud y bienestar de nosotros los ciudadanos y ciudadanas, se acerque más al los parámetros de cualquier negociador o inclusive a los de un inversor o banquero es algo que como ciudadanos ya deberíamos tener muy claro.

Ser demócrata es tener libertad para elegir pero no significa ser libre.
¿A quién le gusta el dinero? Sin duda a todos/as no.

El dinero indomable que ha conseguido controlar desde siempre las riendas de la sociedad, no es un lujo, ni es un gusto ni un placer tal y como es presentado todavía por nuestro sistema de materialista, de trabajo y consumo, ni es razón alguna por la que luchar para conseguir nuestros objetivos sino que es un simple medio para llegar a alcanzarlos.

El dinero por lo tanto es necesario para los que deseamos emanciparnos, tener hijos y formar una familia para cuidarla y protegerla. Sin embargo, el dinero para otros muchos ciudadanos que carecen de aspiraciones, además de ser innecesario puede incluso resultar dañino a la hora de su uso y empleo; (prostitución, narcotráfico, esclavitud, pobreza, emigración…)

Para conseguir que el dinero sea una fuente de intercambio, disponible y accesible para aquellos ciudadanos/as específicos capaces de conseguir sacarle el mayor provecho a su uso, en beneficio de toda la sociedad en general, necesitamos un derecho de amparo (cama, ropa y comida) que garantice las condiciones mínimas para vivir a todos los ciudadanos/as. Un derecho de amparo completo. Con él, además conseguiremos recolectar los beneficiosos frutos de una libertad imprescindible para que nuestra sociedad, afectada por tantas desgracias y sinrazón se transforme en una sociedad pacífica, sana y sostenible para el todo el tiempo futuro.

De nuestros administradores y del apoyo de todas nuestras instituciones dependemos.

¡Por un derecho de amparo justo y necesario!

Urgentemente.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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