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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

¿Dónde jugarán los niños?

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 3 de junio de 2007, 01:54 h (CET)
Cuando, paseando, uno se topa de frente con el colegio en el que cursó sus primeros años de escolaridad, una atracción le fuerza a acceder al interior. Ya sabemos que no nos encontraremos el espacio tal y como lo dejamos.

Aun así, siempre asoma una cierta decepción al comprobar que nuestra infancia también se la llevó el tiempo.

Uno se da cuenta de que es un poco más viejo cuando sonríe mientras no deja de avasallar a quien tenga al lado con frases que comienzan con ‘aquí había...’, ‘eso antes era...’, ‘allá estaba...’. Mi aportación fue: ‘esto estaba lleno de gente’.

Me sorprendió ver casi vacío el patio de mi colegio. Cuando salíamos de clase, en pocos minutos teníamos montado un partido o un juego con reglas adaptables a los participantes. Al menos hasta el momento en que algún representante de un colectivo oficial anunciaba que debían entrenarse utilizando las instalaciones.

Supongo que el requisito de poder jugar solamente si se está inscrito en tal o cual lista y se paga una cuota ha ido debilitando las aspiraciones de quienes pretendían jugar por jugar.

Por la tarde no queda nadie que no pertenezca a algún colectivo o a algún equipo de deporte federado. No hay niños que jueguen inventando las reglas y negociándolas sin que ningún adulto venga a imponer un reglamento severo o unas posiciones fijas de juego. Son ellos, los niños, los que deben amoldarse a las reglas, y no al revés.

Ésta es una característica de todas las actividades extraescolares. Se pretende que den lo mejor que tienen dentro, siempre desde el rasero de los adultos (‘libertad, dentro de un orden’, diría Lizano).

Ello provoca una situación que no debería formar parte de la actividad lúdica: el nivel de exigencia de los entrenadores crece también con la edad de los entrenados, por lo que se reproduce un ambiente idéntico al de la enseñanza reglada que les ocupa toda la mañana y parte de la tarde.

Es decir, el día a día de una persona en edad escolar transcurre entre seis horas de clase y otras tantas de lo que sea que hagan a partir de las cinco. Tanto en un equipo de fútbol infantil como en una academia de inglés, o en una escuela de música o de danza. O quizás todo al mismo tiempo.

Sí. El comportamiento de los alumnos en el aula ha cambiado mucho en los últimos años. Puede que sólo fuese necesario permitirles que en algún momento del día se comporten como niños. Como antes pasaba.

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