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Ganar la guerra en Ucrania

Juan Carlos Pérez, Bizkaia
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@DiarioSigloXXI
martes, 17 de febrero de 2015, 08:34 h (CET)
Así de alto y así de clarito. Sin medias tintas, sin paños calientes, ya es hora de decir las cosas con claridad y transparencia. Y es que tenemos que ganar, nosotros, los europeos, la guerra en Ucrania, por nosotros y nuestro futuro. Y, por supuesto, por los derechos humanos, la democracia, la libertad de expresión, de voto y de elección. Y es que, además, Rusia estaría muy necesitada, dada su crisis endémica y endogámica de un estado cuasi líquido. Ruslan Khasbulatov en su libro “La Rusia de Putin”, publicado en castellano coincidiendo con el inicio de la crisis rusa en Ucrania, en mayo de 2014, afirma con claridad las bases económicas y políticas de la actual Rusia, del zar negro, Putin. Y, añado, si Rusia quiere estabilidad y salir de la crisis en un momento de hundimiento del precio de los hidrocarburos el precio es fácil: retirada completa del Donbass, de Crimea (con opción a un referéndum legal y bien organizado), admitir el ingreso de Ucrania en la UE y la OTAN (a su debido tiempo) y, a cambio, ayuda occidental al no hundimiento de Rusia. Y si Rusia no acepta, que caiga y se desplome. Porque el futuro de Europa se juega en Ucrania.

A diferencia de lo que se ha hecho creer, según Khasbulatov (por cierto, bombardeado en el año 1993 por Yeltsin, cuando se dió cuenta que la existencia de una entidad legislativa con poderes de tal le sobraban y estorbaban) la crisis de 1998 en Rusia no está ligada a la asiática, que fue el año anterior, sino propia, y provocada por las oligarquías con quien compartía el poder Yeltsin. En un estado desestructurado y descompuesto, en el que democracia y libertades eran vistos como lujos occidentales, como enemigos de su ser, sea soviético o simplemente ruso. Y es que, Putin, como Yeltsin, y la mayoría de los llamados liberales rusos, no son en nada comparables a los liberales occidentales. Mismamente, en otro libro, sobre el golpe de estado de agosto de 1991, se afirma con claridad por un asesor de la Perestroika, que los conservadores eran, precísamente, los del KGB y el politburo que se opusieron a la Unión Soberana de Estados, que es un esquema a asumir para entender la posterior evolución de los acontecimientos en Rusia.

Rusia tiene problemas estructurales en economía, en tanto en cuanto la mayor parte de las fortunas, hacen negocios con cuentas off shore, sociales, de estructura territorial, con centro en el kremlin, pero con hasta cuatro modelos de Rusia dentro de Rusia, de despoblamiento, pues el desafío de Siberia es doble, de muchos recursos, y escasa población (para alegría China). Y es de geoestrategia. La inexistencia de una política industrial, la inexistencia de un apueste de unos productos de hidrocarburos refinados y de alta calidad, prefiriendo el beneficio inmediato, la sumisión de la escasa estructura estatal a los oligarcas, la inexistencia de una apuesta por la red de infraestructuras (carreteras, trenes…) es un problema para la economía real. Como lo es la no producción de alimentos dentro de Rusia. Que le dañen a Europa con la cancelación de contratos agrícolas y ganaderos y busquen suplirlos con contratos en América o Asia, o, incluso, África, no quita el hecho fundamental que es que van a seguir necesitando importarlos. Y eso es problema de Rusia.

El Paneslavismo, como el Pangermanismo, es un mal a erradicar. Se podrá hablar que si Ucrania es Rusia de toda la vida, que si en el siglo tal o cual fue parte de … bueno, como Alemania podría hablar de Könisberg (la mal llamada Kaliningrado, por un tal Kalinin, que fue el único de los líderes soviéticos de primera hora que Stalin no se cepilló y pasó por la piedra) como sede de la órden de los caballeros teutónicos y una capital de Prusia. Ucrania es una nación y tiene derecho a decidir su futuro. Y si Rusia asume y adopta las conclusiones de la Conferencia de Helsinki de 1975, predecesora de la OSCE, entonces debe asumir que los límites de Ucrania son inviolables. Aparte de asumir su propia firma en acuerdos internacionales de los años 94 y 97, sobre la misma materia. Y es que, en este momento, Rusia no puede permitirse una posición de fuerza en el exterior y una debilidad interior. Pues debe quedar claro que sin el alza de precios de hidrocarburos en 1999/2000, Rusia, hoy, posiblemente no existiría y se hubiera producido una nueva desintegración, como la de 1991. Según Khasbulatov.

Si Europa es capaz de enviar armas, apoyar con el servicio secreto, ya sea de Reino Unido, Francia, Alemania y otros, el caso de los alzados contra Bashar el Asad, con unas peleas entre laicos e integristas, dentro de las fuerzas opositoras en la guerra civil (donde Rusia tiene intereses, fundamentalmente, una base naval, cosa que es lo que tiene en Crimea, igualmente) y que ha acabado por armar al ISIS, no entiendo porque no sea capaz de hacer lo mismo en gentes de confianza de las fuerzas armadas ucranianas. Seguro que, como siempre, hay riesgos. Pero es que la apuesta es vital. La geoestrategia habla que las potencias terrestres quieren llevar la frontera cuanto más al mar mejor, y las marítimas cuanto más tierra adentro, mejor. Al menos, está en la cabeza de los rusos, siendo algo completamente cierto en el siglo XX europeo. Y es que, dicen, Rusia debe poseer Ucrania para acentuar su dimensión europea, que perdería, en caso de perder Ucrania. Como si tuvieran derecho a la misma, y no fuera una simple y mera agresión imperialista, comparable a la de los Estados Unidos con México en el siglo XIX. Y, en el siglo XXI es algo que no se puede tolerar, porque se puede evitar.

Hemos de armar a los hermanos ucranianos, hemos de defenderles, apoyarles e integrarles, como parece su voluntad mayoritaria, con plazos y ritmos que se establezcan, en las estructuras políticas, económicas y defensivas, europeas. Pues Ucrania es Europa. Y, aunque sea paradógico, por el propio bien de Rusia. Porque, por un lado, coyunturalmente, se le puede ayudar a superar una grave crisis económica, que, mal gestionada, como lo fue la de 1998, puede llevar a una crisis política, institucional, de estado. Y, en el fondo, no es bueno. Aunque, el desplome de un estado, un régimen o un imperio sólo molesta, de verdad, a los que están debajo del edificio que se deploma. A los rusos, en este caso. Y, a largo plazo, los europeos pueden ayudar en el impulso de Siberia en un partenariado donde los parados estructurales europeos puedan ir a un nuevo comienzo vital, desarrollar conjuntamente aquellos territorios, con respeto a la población originaria, y en beneficio europeo y ruso. Pues, si no fuera así, tal vez, a medidados del siglo XXI empecemos a hablar de una Siberia China. Puede que como los estadounidenses se hicieron con Texas. Y ese proceso ya ha comenzado. Poblaciones fronterizas del lado ruso, cerca de China, si, parecen más chinas que rusas. Así que, todo esto, lo debe valorar Rusia. Si quiere ser escucero de China en el futuro, que siga. Si quiere contar en el mundo del futuro, debe rendirse, rendir a sus peones en Ucrania, y permitir una victoria ucraniana y europea en el Donbass. Y si no es voluntariamente, por la fuerza de las armas.

Donbass es, como dijo un experto, un combate de boxeo, no ya a 12 rounds, sino a 50. Y hay que pelear, que aguantar, que vencer. El que resiste vence, dicen. Y, a veces, es verdad. Aunque no sin esfuerzo, sin derramamiento de sangre, y lucha en el frente. Con sacrificios, que los ucranianos están haciendo, no sólo por ellos, sino, también, por todos nosotros. Es por ello que hay voluntarios de toda Europa combatiendo por los ucranianos, a su lado, codo con codo, por principios sagrados, como la libertad, la igualdad, los derechos humanos, la democracia. Que, aunque débiles, en Ucrania, sólo un gobierno con perspectiva de integración euro-occidental en Kiev puede ayudar a germinar y crezca con solidez y permanencia. Y es que, el modelo, es Polonia, como espejo de lo que 10 años de integración euro-atlántica pueden hacer para impulsar un país que, como Ucrania, en 1991, era soviético. Y para ello la solución es clara. Si vis pacem, para bellum. Ganar la paz en Ucrania. Ganarla, si, dándoles armas. Porque Ucrania merece la pena. Porque lo que decidan merece la pena. Porque merecen un futuro. Y porque podemos dárselo. Por todo ello, si, hay que ganar la guerra en Ucrania.
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