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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Gente honesta y honrada

“No hay nada que delate mejor la verdadera índole de las personas que su actitud hacia el dinero” George Gurdjieff Escritor armenio
César Valdeolmillos
martes, 17 de febrero de 2015, 08:13 h (CET)
Oficialmente no, pero en la práctica, todos los partidos están ya en campaña electoral y cada vez que veo, leo o escucho a cualquiera de los llamados líderes, además de no creerme nada de lo que dicen, sus palabras me producen un profundo rechazo interior.

Susana Díaz, la Secretaria General del PSOE andaluz y Presidenta de la Junta, ha pedido a sus compañeros que no utilicen la corrupción como el, «y tú más», pero al mismo tiempo, ya en clave nacional y como si fuera candidata a presidenta, no de la Junta de Andalucía, sino del gobierno de España, interpela a Mariano Rajoy como único contrincante a su altura.

Ya no intentan vendernos lo que han hecho, quizá porque si hicieran un balance de su gestión, posiblemente, en una empresa privada, saldrían inmediatamente despedidos, por la puerta de atrás, sin indemnización, y muy probablemente, teniendo que hacer frente a una demanda para depurar responsabilidades.

Tampoco nos prometen ya nada concreto, quizá porque lo único que les anima a estar en esta pugna, es alcanzar o mantenerse en el poder y para ello lo único que se les ocurre, es acusar al adversario de haber cometido las mismas tropelías que ellos impúdicamente tratan de ocultar.

Que obsceno sarcasmo es oírles hablar de democracia con la mayor de las desvergüenzas, cuando se les debería caer la lengua antes de invocar tan elevado concepto, al ser los partidos, en su funcionamiento interno, poco menos que sectas en las no se mueve la hoja del árbol sin la voluntad de su dios particular.

Emulando a nuestro insigne premio Nobel, el silenciado don Jacinto Benavente, podría afirmar que toda la parafernalia de las campañas electorales, no son otra cosa que la puesta en escena del tinglado de la antigua farsa, la que emboba en las plazas de humildes villas a los simples lugareños, la que junta en ciudades populosas a la gente más variopinta, cuando el Tabarín de turno —entiéndase candidato a lo que sea— desde su tablado de feria, suelta una proclama que no se la cree ni el que se la ha escrito, y que como en los platós de televisión, le aplauden cuando se lo indican los palmeros, que para llenar el recinto, en autobús y con bocadillo, han llevado desde otras provincias. A la plaza de la televisión, acudimos esperanzados gente de toda índole y condición, de tal forma que en ningún otro lugar nos hubiéramos reunido, porque la esperanza es la llama, que en el oscuro túnel de nuestras horas más bajas, esperamos que nos alumbre la salida, y nada prende tan pronto en las almas crédulas, que esa promesa que estamos esperando escuchar. Alguno, ilustra el plebeyo origen de la farsa con citas de algún poeta sacralizado ideológicamente, pero generalmente, solemos ser testigos de una bufonada guiñolesca, de asunto disparatado y sin realidad alguna.

Decía días atrás Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, que: «A nosotros nadie nos va a ganar en ser implacables en la lucha contra la corrupción», y añadió que no quiere que los ciudadanos «tengan la angustia todos los días de encontrarse un caso de corrupción». «Los que quiero que sufran la angustia son los que vienen a aprovecharse de lo que es de todos».

Tengo para mí que la designada —que no elegida— presidenta de la Junta andaluza, tiene algún tipo de problema con los sinónimos y los antónimos y a lo mejor, en vez de implacables, quiso decir tolerantes o comprensivos, pues de lo contrario sería una extraña manera de ser implacable con la corrupción, incluir a tres de los diputados preimputados en el caso de los E.R.E, como nuevos miembros de la Diputación Permanente del Parlamento andaluz, decisión que les permitirá seguir siendo aforados —entiéndase blindados— tras el adelanto electoral en la comunidad, máxime cuando otro de los preimputados por este caso, el diputado y exconsejero Manuel Recio, ya forma parte en estos momentos de la Diputación Permanente como vocal suplente. Y todo ello, solo con el voto del PSOE-A a favor, y en contra el criterio de PP e IU.

Pero la presidenta y secretaria general del PSOE andaluz ha dicho que «nadie» les va a ganar «en ser implacables contra la corrupción».

Recientemente y ante el Comité Director del PSOE-A, la señora Díaz decía con satisfacción: «Si nos votan es porque aquí no se anteponen los intereses del partido a los de los ciudadanos», afirmación que yo no tengo ningún problema en creer, mientras no se demuestre lo contrario.

Sin embargo, nuestra buena fe para creer dichas afirmaciones, no nos pone un venda tan tupida que nos impida contemplar el hecho palpable de que en torno a la gestión de la Junta de Andalucía, está abierto el proceso judicial más importante contra la corrupción en España, con más de 800 millones de euros defraudados y 300 imputados, de los que 50 fueron altos cargos de la Junta, y donde se "señala claramente" a la figura de dos expresidentes y el Tribunal Supremo ha ordenado ya que se investigue a dos aforados más, que ocuparon altos cargos en dicha institución.

Cuando en la gestión del dinero público, presuntamente se detectan escándalos, falta de control, personas que fraudulentamente se han llevado el dinero, personas que han despilfarrado el dinero y personas que lo han usado para su intereses personales, ciertamente, actuaciones como estas, son las que menoscaban la dignidad de las instituciones.

Por cierto, que de dignidad también ha hablado la señora Díaz y con la sinceridad que le caracteriza, dijo que no va a permitir que nadie «atropelle la dignidad» de un partido centenario que está formado «por gente honesta y honrada».

Por supuesto que el PSOE es un partido centenario, pero permítame señora Díaz precisar que la antigüedad, los años o las canas en las personas, no confieren por sí mismas dignidad alguna,

Si fuesen los años el origen y la causa de la integridad moral, todo lo que confiere dignidad a la vida, lo que hace estimables el sacrificio y el esfuerzo, la rectitud y la honradez, la decencia y la equidad, quedarían sometidos a la eventualidad caprichosa del paso del tiempo. Irracional argumento, válido únicamente para rebaños que solo discurren por los caminos por los que les conducen los perros pastores. El tiempo es un ente vacío que nosotros llenamos con nuestros hechos, nobles o alevosos. La dignidad, no es una cuestión de años, sino de hechos.

Entre el deber ser y el ser o, más específicamente, entre el ideal moral de la dignidad y libertad del individuo y la realidad política, con frecuencia hay que tender los puentes de la razón que no los de la pasión.

Por supuesto que el PSOE está formado por gente honesta y honrada. Gente que creen en aquellos ideales que persiguen la consagración de la justicia social, la igualdad de oportunidades, la eliminación de los privilegios. Gente que constituyen los sólidos cimientos del partido; que no han tocado poder, que no se han subido jamás a un coche oficial y que hoy, sin dejar de ser socialistas, se sonrojan ante el comportamiento de muchos de sus dirigentes que han traicionado todos esos principios.

Y por supuesto que no se debe permitir que nadie atropelle al PSOE y quien tal haga, merece que sobre él caiga todo el peso de la Ley. Pero como en política la mujer del César no solamente ha de ser honesta, sino además parecerlo, no estaría demás que doña Susana Díaz explicara:

¿Cuál es el origen del caso de los ERE?

¿Cuánto dinero se ha defraudado en la trama de los ERE?

¿Es cosa de un puñado de espabilados de los que pueblan el entorno de los partidos y los gobiernos o son los ejecutivos de Chaves y de Griñán los que están bajo sospecha?

¿Qué tiene que ver el caso de los ERE con Mercasevilla?

¿Qué es el fondo de reptiles?

¿Cuánto dinero se ha defraudado a las arcas públicas?

¿Cuántos imputados hay en total y cuántos son políticos?

Volviendo a la antigua farsa, vemos cómo cuanto en nuestros días sucede, no debió suceder nunca, que sus personajes no son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista. Son las mismas grotescas máscaras de aquella comedia de Arte italiano, no tan regocijadas como solían, porque han meditado mucho desde que se hicieron públicas sus jugarretas.

Bien conoce el autor que tan primitivo espectáculo no es el más digno de un país con unas huellas tan profundas en la historia como es España.

No es que los polichinelas de esta obra sean diferentes a los de ayer, ni posiblemente de los de mañana. Con el paso del tiempo, cambiarán sus formas y sus modos, los hilos que los mueven serán menos groseros, pero la máscara que al final nos muestren será tan tosca y villana como la dignidad de sus dueños.

El autor solicita benevolencia y comprensión al lector si el culpable de estas líneas se permite recordarle que todos somos individuos de una especie animal y solo nuestros actos nos elevan a la dignidad de seres humanos. Como seres humanos, no obremos movidos por nuestros instintos, sino persuadidos por el resultado de la reflexión, teniendo en cuenta que más que hijos del pasado, estamos llamados a ser padres de nuestro futuro.
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