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Opinión
Etiquetas:   Familia y educación  

Hombres y mujeres

Emili Avilés
Emili Avilés
jueves, 31 de mayo de 2007, 21:47 h (CET)
En conversaciones de amistad y familiares, he visto que algunos piensan que la mujer, para ser “ella misma”, se ha de presentar como antagonista del hombre. Más bien creo que la rivalidad entre los sexos no ayuda a un desarrollo armónico de la familia. Se han creado-inventado-exagerado tensiones; incluso se ha buscado el camino del medio: desdibujar las diferencias hombre-mujer, pasando a ser secundaria la diferencia sexual y primordial una visión cultural o de género.

Por favor, no cambiemos lo que es la naturaleza de las cosas. Ya sabemos que los hombres nos interesamos más por lo que pasa, ellas por lo que es, van más a la raíz, a lo concreto, son más “conscientes”. ¡Pues genial, así nos complementamos también en un nivel afectivo y racional!

Urge que la mujer lleve su naturaleza específica femenina a todas las actividades que ahora está asumiendo, y no imitar al hombre en ellas, no repetir al hombre, porque es verdad que el hombre y la mujer son iguales, pero, evidentemente, no son lo mismo.

Digámosles a nuestros amigos y amigas que ya está superada la diferenciación de mujer pasiva frente a hombre activo. Es claro que el amor –máxima actividad humana y siempre entrega al otro- no siempre supone salir activamente de sí; también es activo el recibir, pues el acoger de verdad es una manera activísima de amar. En eso estamos todos, hombres y mujeres.

Por otra parte, el hombre tendrá que asumir, sobre todo en el hogar, actividades consideradas hasta hace pocos años típicamente femeninas. Como dice un amigo, si no es bueno que el hombre esté solo, tampoco está bien que deje sola a la mujer en las tareas de casa. Sabemos que no es cuestión de roles impuestos desde fuera. No se hace de esposa o de esposo, se es esposa o esposo.

¿Vemos todos que es importante valorar más el trabajo del hogar y la familia, esmerarse en un reparto de tareas prudente y generoso, evitar estereotipos machistas y también feministas, amar adelantándose a lo que necesite el otro, venerar la maternidad, respetar y proteger la naturaleza humana? Seguro que sí, pues lo natural es la mutua ayuda en el matrimonio, poder ceder en los gustos y aficiones particulares para construir mejor la estupenda realidad del “nosotros”.

En fin, trabajemos con determinación por un amor enamorado, que seguro será creciente. Nada puede haber más atractivo y por lo que valga más la pena entregarse. Un gran medio es cuidar muy bien, a diario, los pequeños detalles de cariño y servicio en nuestra propia familia.

Eso es amar de verdad. ¿No os parece?

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