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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Existen grietas entre los partidos separatistas catalanes?

“Como perros que riñen por un hueso y, cuando no lo tienen, juegan juntos” S. Butler
Miguel Massanet
jueves, 12 de febrero de 2015, 08:05 h (CET)
Se dice que “un clavo saca otro clavo,” y, seguramente, si la regla es válida para uno también lo será para varios. Y es que, señores, desde la magna celebración independentista del 11 de Septiembre y el simulacro de referendo del 9N, se puede decir que, al menos desde el punto de vista de sucesos sonados, grandes concentraciones humanas o grandilocuentes declaraciones de los partidos secesionistas, que llevan la voz cantante en todo lo relativo a la pretensión de Catalunya de independizarse de España; da la sensación de que se ha producido una pausa, una significativa pausa que, como todo en el mundo, tiene sus explicaciones. Si el tema , de la familia Pujol, respecto a las supuestas ocultaciones de capitales para evitar cotizar a Hacienda ya significó un primer aldabonazo de atención, que puso en guardia a los catalanes, las evidentes discrepancias entre el señor Mas, de CIU y el señor Junqueras de ERC, sobre cómo se debía tratar el proceso soberanista: si debe hacerse, como pretende el señor Mas, quemando etapas y dándole tiempo al tiempo, convencido de que las bazas legales y los trucos jurídicos se le están acabando y temeroso de que, el final previsto, no resulte tal y como se lo había planteado o si, como parece que pretendía el señor Junqueras, apresurar el proceso y plantar cara directamente al Estado, con una declaración unilateral de independencia por parte del Parlament Catalá.

El señor Mas zanjó la cuestión convocando elecciones para el 27 de Septiembre de este año, disimulando el desacuerdo con su socio de ERC proponiendo que se iría en listas separadas, pero con un único proyecto independentista común a ambas. Lo cierto es que, desde entonces, entre ambas formaciones no dejan de producirse roces y, el último, el que ERC haya avalado la cita del señor Mas para que comparezca ante la Comisión de Investigación creada para el caso Pujol, algo que había evitado en anteriores ocasiones. Lo cierto es que, las acusaciones veladas contra Mas, han hecho su efecto y sus declaraciones en la Comisión han resultado poco convincentes, carentes de solidez y evidentemente cuajadas de imprecisiones y contradicciones, que han dejado un mal sabor entre los miembros que han participado en el interrogatorio. Naturalmente CIU ha sido el único partido que ha pretendido quitarle hierro al caso. ICyV tampoco parece estar de acuerdo con la línea del señor Mas y es posible que, cuando llegue el momento, utilice el camino que por sorpresa ha abierto el nuevo partido de la extrema izquierda, Podemos, capitaneado por el señor Iglesias.

Lo cierto es que las circunstancia que concurrían en todo el país, me refiero a España, naturalmente, han variado sustancialmente, respecto a las que se daban cuando los separatistas consiguieron levantar al pueblo catalán, al menos en un número importante de ciudadanos, para apoyar la propuesta de la independencia de Catalunya de España.

En primer lugar y tratándose de un pueblo tan práctico como es el catalán, les resulta muy difícil a los políticos del Gobern mantener encendida la llama revolucionaria que viene alimentando el espíritu independentista. Han conseguido, hasta ahora que, con la colaboración de la prensa adicta, con las ayudas de los intelectuales que han colaborados en inventarse una Historia apócrifa que comprende una supuesta nación catalana, que nunca existió, y con un Parlament dominado por el sector nacionalista que, excediéndose en sus funciones, olvidándose de que no es más que una pieza del sistema autonómico español y, aprovechándose de la pasividad del Gobierno de Madrid (que ha estado consintiendo que la situación se degradase hasta el punto de que a los catalanes ya no les importa enfrentarse a Madrid, a los tribunales españoles y a lo dispuesto por la Constitución española); ha actuado como si se tratara de un estado paralelo, sin hacer caso de las advertencias del Gobierno y pasándose por las narices el cumplimientos de las sentencias de los tribunales, tanto del TSJC, como las del TS o el TC.

No obstante, en unos meses, son muchos los factores que han cambiado y que están alterando, esencialmente, no sólo el panorama europeo, sino también el interno de nuestra nación. Mientras Europa se está debatiendo con el desafío griego, fruto de su cambio de gobierno y de la irrupción del señor Tsipras en el poder, en representación del partido de extrema izquierda Sirias, que le ha dado un vuelco, con su resistencia a cumplir con sus compromisos pactados de llevar a cabo importantes reformas laborales, reducir gasto público, pago de los plazos de su deuda etc. a la política de rescates de la CE, amenazando con dejar de pagar si no se le dan más plazos, se reducen los intereses y se les sigue financiando; tiene, además, que afrontar el problema Ucraniano que amenaza con pasar a mayores y la amenaza yihadista que ha puesto en alerta a todos los países europeos; es evidente que, el tema catalán, ha pasado a un segundo término.

Pero al señor Mas y los a partidos que le apoyan en su afán independentista; les ha salido un peligroso adversario que puede tirar por tierra todos sus planes y darle un vuelco de 180º al mapa político catalán. En efecto, entre los que se han apuntado al nacionalismo extremo, aparte de los de ERC e ICyV o UP, ANC o la nueva coalición de izquierdas de Ada Colau ( a esta se la encuentra hasta en la sopa) denominada “Barcelona en Comú” (BEC), dejando aparte al PSC, que actúa por libre, sin acabar de encontrar su lugar ni en Catalunya ni en España; hay muchos “nou vinguts”, hijos de inmigrantes que vinieron a Catalunya huyendo del paro de sus regiones, que esencialmente son de izquierdas y que pueden votar a ERC o a CIU por ser partidos autonómicos de izquierdas, ya que, el PCE o IU, español no tiene mucho predicamento entre los catalanes. Pero, señores, en Catalunya ya han irrumpido con fuerza los de Podemos (según un sondeo de noviembre del 2013 ya eran la primera fuerza para la elecciones generales en Catalunya con un 22% de los votos) y, de aquí al mes de septiembre, si siguen con la expansión que han conseguido desde su constitución, es muy probable que hayan fagocitado a todos estos pequeños partido de izquierdas y, con toda probabilidad, hayan descabalgado de su puesto en el Parlament a los comunistas de ICyV. Según dicen no son nacionalistas, pero, aunque lo fueran, los resultados de las votaciones del 27 de septiembre pueden suponer el mayor descalabro para el independentismo catalán y un gran triunfo para la izquierda radical comunista.

Por si no tuvieran problemas las huestes de Convergencia, las relaciones con la Unió del señor Durán y Lleida no parecen estar en su mejor momento. No sólo lo excluyen de sus conciliábulos con ERC, sino que, como acaba de suceder en el Parlamento español, lo dejan en la estacada cuando, en la votación de la nueva Ley Antiterrorista, firmada por el PP, el PSOE, y otros pequeños partidos, tenía previsto votar a favor de esta nueva norma y, sus propios compañeros de la representación de Convergencia, se han negado a hacerlo. No creemos que, en estos momentos cuando, por otra parte, la economía ya da pasos importantes en cuanto a su recuperación y hasta la construcción da signos evidentes de iniciar una lenta mejora, la reactivación del proceso soberanista pueda tener el éxito pretendido, entre otras razones, porque es muy difícil mantener la mecha de la revolución durante mucho tiempo sin que aquellos que la apoyaron con verdadero entusiasmo en su día comiencen a enfriarse, reflexionen y empiecen a tomar en consideración las cuestiones que, en un primer momento, no supieron ver con claridad, pero que demuestran la imposibilidad de una aventura semejante con una Catalunya fuera de España y Europa. Algo verdaderamente demencial.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos grietas importantes en el casco de este supuesto empeño soberanista. ¡Más vale así!
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