Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Jueces de palo? Pues ¡palo a los jueces!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 30 de mayo de 2007, 22:33 h (CET)
A veces, cuando uno se pone a escribir, lo hace como si tuviera una premonición de que algo, relacionado con el tema sobre el que está tratando, va a tener lugar. Esto me ocurrió ayer cuando comentaba, en uno de mis escritos, el retraso del TC en pronunciarse sobre la legalidad del Estatut catalán. Decía que me daba mala espina que se dilatara tanto la resolución del caso y expresaba mi temor a que, el Alto Tribunal, lo hubiera pospuesto para después de las elecciones del dia 27 de mayo para no interferir en ellas.

Vean por donde hoy me he enterado de que se ha tomado, por unanimidad, el acuerdo de que no se acumulen los distintos recursos de inconstitucionalidad que se han formulado ante dicho tribunal contra el nuevo Estatut de Catalunya. A simple vista no deja de chocar que, tratándose de un mismo tema, deba sustanciarse cada recurso en procedimiento aparte. Lo que ocurre es que, para los ciudadanos de a pie, a veces no alcanzamos a comprender los procedimientos judiciales ni tampoco entendemos el porqué de determinadas resoluciones que, a primera vista, carecen de toda lógica. Porque, si nos planteamos el tema desde el punto de vista del sentido común y también desde el aspecto de la economía procesal, es difícil entender como para los magistrados del TC les puede resultar más cómodo tratar recurso por recurso, que hacerlo acumulando las alegaciones hechas por todos los apelantes, para luego poder emitir el veredicto oportuno. En definitiva, se trata de si los artículos enjuiciados son o no constitucionales y no lo serán más o menos si se revisan en recursos separados o si se hace acumulándolos.

Lo he dicho en varias ocasiones y no pienso variar mi decisión. Creo que las resoluciones de los tribunales deben ser respetadas y concederles, en principio, la presunción de que se han formulado conforme a derecho. Pero sucede que, últimamente, estamos tan resabiados a la vista de las actuaciones de funcionarios judiciales como puedan ser los fiscales, encabezados por el señor fiscal general, señor Conde Pumpido; que ya nos hemos acostumbrado a mirar con recelo a aquellas estancias judiciales que, sea por querencias políticas o por miedos a represalias del poder, en ocasiones han llevado a cabo actuaciones que olían demasiado a componendas, poco ajustadas a lo que, los ciudadanos comunes, entendemos como justo. Es evidente que, en los últimos tiempos, hemos podido comprobar asombrados como se ilegalizaban las listas de media organización política y se respetaban las de la otra media; hemos visto como se trataba a terroristas a cuerpo de rey; hemos tenido ocasión de asistir admirados como a acusados de pertenecer a banda armada, de haber hecho apología del terrorismo y de chantajear al Estado, han sido exonerados de los cargos que pesaban sobre ellos; hemos comprobado como bandas terroristas ilegalizadas hacían propaganda electoral a favor de ANV impunemente, sin que las fuerzas de seguridad intervinieran para evitarlo, y así se podrían sacar innumerables ejemplos que, sin duda, dejan en una precaria situación la confianza de la ciudadanía respecto a lo que debiera ser el Estado de Derecho en nuestro país.

Pero lo que acaba de ocurrir en el TC, aparte de la incoherencia de querer discutir cada recurso de forma independiente que, al fin y al cabo, en nada empaña la independencia y la capacidad del tribunal para juzgar el caso con absoluta equidad; sin embargo, se produce un efecto adicional que puede convertir en perversa aquella decisión. Se trata de que, según se desprende de los datos que hemos reunido, el magistrado recusado, señor Pérez Tremps, que había quedado excluido de participar en las deliberaciones del caso por ser el autor de un informe para la Generalitat sobre la constitucionalidad del Estatut; ahora, al estudiarse por separado cada recurso, por raro y extraño que nos pueda resultar a los ciudadanos de a pie, sólo quedará excluido para intervenir en del PP, pudiéndo, no obstante, participar en los restantes. ¿Pueden ustedes entenderlo?, ¿verdad que no? Pues yo tampoco. Si un magistrado resulta recusado para intervenir en la revisión de un texto jurídico determinado, ¿cómo, diantre, podrá ser aceptado para entender del mismo texto en otro recurso similar? Si fue recusado por los propios magistrados del TC, porque exisíta una causa legal que lo imponía, parece lógico que, existiendo la misma causa en los otros recursos, se mantenga la misma recusación para todos ellos. Elemental querido Holmes. O sea que, sobre un mismo artículo, con la misma redacción, incluido en un mismo cuerpo jurídico, podrían, dentro del propio TC, existir distintas calificaciones según haya intervenido o no el señor Pérez Tremps. ¿Supone esto que el TC podría dictar resoluciones contradictorias sobre el Estatut? O, visto de otra manera, ¿se podrán aceptar ahora las tésis que antes no se admitían al señor Pérez Tremps en virtud de este burdo apaño?

Por desgracia se confirman mis temores. Se ha esperado a que pasaran las elecciones municipales para dar a conocer este bodrio vergonzoso. Las esperanzas que podíamos albergar de que el Estatut fuera rechazado en el TC me temo que acaban de desvanecerse. Lo cierto es que, a la vista de las últimas actuaciones de este tribunal, tenemos la sensación de que ha cambiado de orientación. La prolongación del mandato de su presidenta, la señora Casas –esposa de otro jurista que avaló la legalidad del Estatut, y de tendencias pro gubernamentales – ha dado lugar a la curiosa interpretación de la Ley de Igualdad en virtud de la cual en casos “especiales” se puede permitir saltarse a la torera su estricta aplicación, en cambio, en otros ( cuando no le conviene al Gobierno) no se ha permitido, como ha sucedido en Canarias, que se presentara una candidatura de mujeres porque no había suficientes hombres. O lo uno o lo otro, señores magistrados porque, en caso contrario, infringen la Constitución. Lo único que nos faltaba a los españoles: ¡qué la pifiara el Tribunal Constitucional! Como diría Cicerón:” ¡Oh tiempos! ¡Oh costumbres!”

Noticias relacionadas

El huracán Florence expone la dura realidad de la desigualdad en Estados Unidos

El huracán de categoría 4 avanzó a una velocidad de varios kilómetros por hora inundando las Carolinas estadounidenses

La Cataluña imaginaria y autosuficiente de los separatistas catalanes

“La autosuficiencia es incompatible con el diálogo. Los hombres que carecen de humildad o aquellos que la pierden, no pueden aproximarse al pueblo” Paulo Freire

Dos debates, dos Españas

La crispación general y el estilo bronco, zafio y chulesco del diputado Rufián representaba el nivel de descrédito que ha alcanzado el debate parlamentario

La distopía del Máster Casado

Sánchez en situación apurada

Casado exculpado por el fiscal
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris