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Etiquetas:   Un lugar llamado desarrollo   -   Sección:   Opinión

Qué son y para qué sirven las emociones básicas

Gestionar las emociones basicas
César Piqueras
@cesarpiqueras
martes, 10 de febrero de 2015, 10:03 h (CET)
Esta mañana después de la meditación de cada día, desayunaba escuchando a Eckhart Tolle, a quien sigo y admiro, en uno de los videos que puedes encontrar en youtube (yo veía este). En este caso hablaba de la rabia como sentimiento, respondiendo a la pregunta de un asistente a una de sus conferencias. Hoy me gustaría hablarte de las emociones básicas, de qué son, para qué sirven, y profundizar un poco más en cada una de ellas…

Lo primero que solemos hacer desde el mundo “civilizado” es querer dominar las emociones, controlarlas o querer eliminarlas. De esta forma, aparecen multitud de libros, conferencias y gurús hablando sobre el control emocional, por no decir la supresión o eliminación de las emociones, equiparándonos una vez más a cualquier PC, Tablet o máquina que ahora mismo tengas delante de tus ojos, son predecibles.

“Las emociones no son predecibles y eso no gusta por ahí”

Creo que ahí radica uno de nuestros principales problemas. Pocas personas hablan de aceptar las emociones, de hecho no está bien visto eso de aceptar las cosas tal y como son. Mejor que las gestiones o las controles, entonces sí que te damos el título de gestionador emocional. La inteligencia emocional está de moda, y eso hace que aparezcan en el mercado soluciones de todo tipo.

Podemos hablar mucho sobre las emociones, pero podemos no sentirlas. Entonces no servirá de nada. En la mayoría de ocasiones, la racionalización a la que sometemos las emociones hace que pierdan todo su valor, que se conviertan en una commodity más.

“Las emociones se sienten, no se racionalizan”

El que las ha sentido, aceptado y medianamente comprendido, puede hablar de ellas, pero sin demasiada jerga, ni excesivas explicaciones, veremos la emoción en su tono, en su cuerpo, en su manera de expresarse. Luego está quien habla de emociones como quien te vende un plan de pensiones…

Sentir emociones es lo que nos hace humanos, especialmente mamíferos, tenemos amigdala, podemos sentir. Los reptiles no pueden sentir emociones, sólo tienen instintos básicos (atacar, huir, comer, reproducirse). Los mamíferos sí podemos sentir, y más allá de cualquier otro mamífero, los seres humanos podemos racionalizar un poco lo que sentimos, de ahí la evolución de nuestro cerebro hacia un cortex más extenso.

Pero más allá de si las emociones se deben cambiar o simplemente aceptar y hacer pequeños cambios de rumbo, me gustaría hablarte de ellas, profundizar en su conocimiento desde mi propia experiencia. Cuáles son las emociones básicas

Podemos partir de cuatro emociones primarias: El miedo, la rabia, la tristeza y la alegría.

Desde esta categorización, podriamos aumentar el detalle hablando de más emociones que están contenidas dentro de cada grupo.

Por ejemplo, dentro de la rabia podría estar el odio, dentro de la tristeza, la depresión, dentro de la alegría la satisfacción o también el éxtasis.

Es decir, que también en las emociones (sobretodo en las emociones!) encontramos tonalidades, distintos colores, tonos, volúmenes. Cada emoción es la expresión de algo, y se expresa de forma única.

Conociendo el miedo
El miedo tiene que ver con un instinto primario de supervivencia. Sentimos miedo cuando creemos que nada va a salir bien. El miedo puede provocar en ti tres respuestas, salir corriendo, atacar o paralizarte. Todas ellas son respuestas naturales que forman parte de nuestro instinto de supervivencia. Pero ¿son útiles todas ellas?

Si estás a punto de perder la vida atropellado en un accidente de tráfico, es saludable que tu miedo te invite a salir corriendo antes de que el coche que has escuchado derrapar llegue a ti, que tu corazón lata mucho más rápido y que todos tus músculos se pongan en tensión en microsegundos para que tus piernas den lo mejor de sí mismas aproximándose a la otra acera lo antes posible.

Sin embargo, si vas a hacer un examen, a pedir un aumento de sueldo o a llamar a la puerta de un potencial cliente, el miedo no te servirá de mucho. Ni paralizarte, ni atacar, ni salir corriendo serán respuestas saludables.

El miedo se puede racionalizar en esas situaciones, simplemente sentirlo, y decirle algo así como “Gracias por avisarme de la importancia de esta situación. Ahora ya me ocupo yo”. El miedo también nos prepara, nos activa, y entonces es saludable si no nos paraliza. Sentir cierta ansiedad cuando se acerca un evento o examen tiene sentido, nos ayuda a prepararnos para tomar el control de la situación.

Primos hermanos del miedo son la ansiedad, el estrés, el terror, el pánico, la incertidumbre. Todas ellas son emociones derivadas del sentimiento primario del miedo.

El miedo lo sentimos como unas ganas de no estar allí, como una falta de solidez en las piernas, un cosquilleo en varias partes del cuerpo que nos indica que algo va a salir mal.

Conociendo la rabia
La rabia suele aparecer cuando se sobrepasan lo que consideramos límites. Si alguien en el parque le da un guantazo a tu pequeño sentirás rabia. Si un conductor se te mete delante y frena de repente sentirás rabia. Si un cliente no te paga una factura, sentirás rabia. Cuando alguien o algo sobrepasa nuestros límites (y cada uno tiene los suyos) sentimos rabia.

El problema de la rabia suele venir cuando expresamos la rabia mediante la violencia. Es normal que ante una situación de supervivencia uno quiera utilizar la rabia para sobrevivir, pero no es lo habitual. La mayoría de situaciones cotidianas que nos hacen expresar la rabia no merecen de tanta expresión de violencia, ya sea verbal o física.

La rabia también es una emoción adaptativa, nos ayuda en ocasiones. Nos ayuda a marcar límites, a expresar nuestro enfado ante algo que consideramos injusto. Si vemos que alguien es tratado de forma injusta, es saludable expresar nuestro enfado y tratar de cambiar la situación mediante un tono de voz más alto, y una expresividad mayor. En su familia están el rencor, el odio, el resentimiento…

La rabia la solemos sentir como un fuego que sube por el esternón y se extiende hacia los hombros, nos prepara los brazos para atacar, para coger del pescuezo al adversario.

Conociendo la tristeza
La tristeza tiene que ver con el fracaso, con la pérdida, ya sea de un ser querido, de la salud, de un trabajo o de algo material. También nos sentimos tristes cuando hemos perdido un valor como la confianza, la libertad o cuando sentimos dolor. Aparece en diversos momentos de la vida, y con frecuencia lloramos, lo que nos habla de que detrás de la tristeza hay sufrimiento.

Es saludable sentir la tristeza, vivirla, poder expresarla. Por eso es tan importante poder escuchar a la persona que se siente triste, porque en la expresión de la tristeza hay sanación. En mi caso particular cuando me he sentido triste, mi estrategia era acurrucarme como un ovillo y permtir que viniera el llanto, a los pocos minutos la sensación de profunda tristeza se había difuminado.

Solemos huir de la expresión de la tristeza, no está bien vista. Es la gran repudiada. Pero nos olvidamos de que a través de la tristeza estamos conectados con los que sufren, con las personas que hemos perdido, con lo que hemos dejado atrás, y también eso nos da sentido. La tristeza deja de ser saludable cuando la llevamos a un extremo, cuando se convierte en profunda tristeza y entonces nos mantiene durante meses o incluso años dentro de su territorio. Un territorio demasiado árido y oscuro para poder vivir.

Pero creo que tenemos que recuperar su expresión y su valoración. En lugar de irnos de compras cuando estamos tristes, tomarnos un café con nosotros mismos, aceptar la emoción que viene a visitarnos. En su familia están la pena, la depresión…

Es muy difícil huir de las emociones, suelen venir cuando menos te lo esperas.

Conociendo la alegría
Nos sentimos alegres cuando creemos que todo va bien, cuando amamos, cuando algo nos resulta hermoso, cuando creamos algo, conseguimos algo significativo. La persona que se siente alegre hace apología de la vida, vive y aprecia las cosas, disfruta del presente. La alegría tiene que ver con la satisfacción, con saber que al final todo tiene un sentido positivo.

La alegría es una más de las cuatro emociones básicas. Es tan necesaria como las demás, y sin embargo, muchas personas quieren vivir todo el día en ese territorio llamado alegría. Sin saber que al igual que las demás emociones pasará de largo.

La alegría se contagia fácilmente, es saludable porque es capaz de curar a enfermos y de disminuir el efecto que puedan tener el resto de emociones. Sabemos que estamos alegres porque dentro de nosotros nos sentimos bien, porque parece que todo está en sintonía con la vida.

Conocer mejor las cuatro emociones básicas, aceptarlas y poder pasar de una a otra de forma saludable es lo que nos hace humanos. No reprimas lo que sientes, siéntelo, y luego podrás aprender de ello, salir del sentimiento con mayor facilidad o entrar en él cuando quieras o lo necesites.

Que tengas un gran día.

www.cesarpiqueras.com
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