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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Europa ante la difícil encrucijada

Miguel Massanet
martes, 10 de febrero de 2015, 08:16 h (CET)
Es posible, señores, que nos encontremos ante uno de los momentos en los que, la Comunidad Europea, se enfrente ante uno de los desafíos mayores desde que se iniciaron los trámites para su formación. Si en otras ocasiones, ante temas puntuales, nos hemos referido a la evidente falta de unidad entre los distintos países que la integran, uno de sus endémicos defectos debido, sin duda, a que algunas de las naciones han pretendido y conseguido situarse en una posición de prepotencia respecto a las otras y que, pese a que, actualmente, esta formación política tiene incluidos a 28 estados y formalmente esta dotada de sus propios mecanismos para gestionar su política exterior: que se pueden concretar, por su preponderancia en la fase ejecutiva, en dos instituciones: el Consejo, en lo relativo a política exterior y seguridad común y la Comisión que se ocupa del resto de ámbitos de la acción exterior.

En la realidad, se puede afirmar sin temor a equivocarse, que las naciones que más influencia ejercen en toda la UE coinciden con aquellas que están incluida en el área económica Continental; entre las que podemos encontrar a Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Austria. Los países del sur de Europa, entre los que figuramos los españoles, han sido los más afectados por la crisis, los que más sacrificios han debido asumir y aquellos que han precisado o el rescate o ayudas económicas puntuales, como han sido los 40.000 millones que recibió España para sanear la economía bancaria. Afortunadamente, hemos tenido un Gobierno que ha sabido enfrentarse con valentía a la crisis económica ( algo que no nos atreveríamos a decir en otros aspectos de la política interna) que, a base de recortes, restricciones, reformas laborales y una efectiva política exterior respecto al resto de países europeos; ha logrado recuperar la confianza de los inversores; disminuir, espectacularmente, la Prima de Riesgo y reducir los intereses que tenemos que pagar por nuestra Deuda Pública; al tiempo que nos hemos esforzado, con bastante éxito, en reducir el Déficit Público, de modo que hemos terminado el 2014 a sólo unas décimas del límite que se nos impuso desde Bruselas.

Sin embargo, ahora que empezábamos a salir de la crisis parece que, de nuevo, negros nubarrones se ciernen sobre la Europa comunitaria. Son varios los frentes con los que la CE ha de lidiar. En especial el contencioso con Rusia, por el tema ucraniano; en segundo lugar, el problema griego con todas las graves implicaciones que representan para Europa el que, una nación tan endeudada como es Grecia, haya caído en manos de un gobierno progresista, belicoso y poco dispuesto a hacerse cargo de los compromisos contraídos como consecuencia del rescate que recibió y que, pasado el tiempo, no ha hecho más que continuar endeudándose sin que, ahora que debería llegar el momento de demostrar los efectos favorables de los sacrificios contraídos, aparezca la más mínima muestra de haber superado su precaria situación, sino que, al contrario, siguen al borde de la quiebra y, por si esto no bastara, el señor Tsipras, el nuevo primer ministro y su ministro de Economía, señor Yanis Barufakis, se han puesto en plan exigente, pidiendo la renegociación de la deuda, la prolongación de los plazos, una quita y una reducción o supresión de los intereses sobre la misma; en tercer lugar y no por ello menos preocupante, el problema del yihadismo

Y aquí señores ya se empiezan a mover los hilos que discurren por debajo de las instituciones comunitarias para buscar, cada país por su parte, llegar a acuerdos con los griegos que les beneficien particularmente aunque, al conjunto de Europa, por prestigio, por el peligro de contagio y por el coste que para todos representaría el retraso en el pago de intereses o la misma restitución del montante de la deuda amortizada; pudiera salir mal parada de todo ello. Un grave problema que mucho nos tememos acabe con la correspondiente bajada de pantalones de Bruselas, de modo que Siriza se salga con la suya y, de paso, les de una inyección de moral y votos a sus clones españoles, los de Podemos.

En cuanto al problema de Ukrania, parece que la CE se ha metido en un colosal embrollo del que es incapaz de salir. Lo peor es que fueron ellos los instigadores de la revolución contra el gobierno prorruso de Kiev, los que les prometieron integrarlos en la CE y los que les animaron a volcarse hacia el mundo occidental. Si queremos ser francos, la señora Merkel y el resto de países europeos se han portado como cerdos con los ucranianos, dejándolos abandonados en la estacada, regateándoles ayudas, especialmente en armamento e intentando, ahora que los rusos ya se han apoderado de gran parte del este del país, que el gobierno del señor Porosenko, ceda ante el infame chantaje del señor Putín. Unas personas que se consideran a si mismos estadistas, es imposible que no vieran algo que, los más ignorantes ciudadanos de Europa veían claro: que Rusia no vería con buenos ojos el desembarco de la OTAN cerca de sus bases navales de Krimea. ¿Cómo es posible que doña Ángela, no se enterase de que dependía en un tanto por ciento importante de la energía rusa? Pues, señora, lo debió pensar antes de permitir que Ukrania se haya convertido en un Armagedón en el que se matan los unos a los otros, mientras que los rusos se ríen a carcajadas de la humillada Europa.

Ahora la Merkel y Hollande hacen como si supieran lo que hacer para parar al coloso ruso. Los EE.UU que, como siempre, saben lo que les conviene y miden muy bien sus jugadas, ven que no es conveniente dejar a los rusos salirse con la suya y parecen dispuestos a reforzar el armamento del gobierno de Kiev, pero se encuentran ante unos europeos asustados, divididos, incapaces de tomar una decisión en el sentido conveniente y temerosos que el señor Obama decida actuar por si solo y armar a Ukrania para que pueda defenderse. Algo que todos veían venir pero que, al parecer, los “sabios” de Bruselas y, especialmente, los del norte de Europa no valoraron en su debida dimensión cuando se mostraron tan valientes, animando la revolución popular pro Europa, de Kiev.

El último factor preocupante al que deberá enfrentarse Europa es el de la amenaza yihadista. No es que sea algo que, por caernos muy lejos, no sea urgente tomarlo en serio y, si es posible, con rapidez y con los medios precisos. La tranquilidad como, desde el resto de la CE, han estado contemplando las avalanchas de inmigrantes que han estado acosando las fronteras de Ceuta y Melilla; la indolencia con la que han dejado que la isla de Lampedusa se haya convertido en el habitual lugar de desembarco de miles de inmigrantes, que luego se han de distribuir por Italia y por el resto de países vecinos y la hipocresía con la que algunos comisarios de los países del norte de Europa, los menos afectados por la invasión del norte de África, no sólo han criticado sino que, incluso han amenazado a España, por no recibir a los asaltantes de nuestras fronteras africanas “con todos los honores” y en “alojamientos de lujo”; sin tener en cuenta que muchos de ellos pueden pertenecer a la yihad, ser portadores del ébola o pertenecer a cualquiera de las sectas terroristas que están desplegadas por todos los países africanos.

Ahora, señores, cuando ya le ven las orejas al lobo se empiezan a preocupar y a tomar medidas para asegurarse de que, en sus respectivos países, las pandillas de infiltrados procedentes del Magreb no les estén preparando atentados por medio de “lobos solitarios”, al estilo de los que se vienen dando en Francia o en otros países del mundo occidental. Claro que, como dice el refrán, “una cosa es predicar y la otra dar trigo”. Mucha hipocresía y mucha incapacidad, para ir por ahí dando lecciones de humanidad. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos como de nuevo el peligro nos viene de nuestros vecinos de Europa.
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