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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Gurús siniestros

Rafael Pérez Ortolá
viernes, 6 de febrero de 2015, 08:18 h (CET)
El desconocimiento tiene su atractivo, permite pasar de largo ante los riesgos, sin llegar a mezclarnos con las responsabilidades. Aunque sea un nirvana feliz…falso; tiene su aquel de tranquilidad placentera. Requiere la invención de algún personaje resolutivo al estilo de un Godot (El que siempre está por venir…y no llega); o alguna institución relevante, para que responda por nosotros. Así planteadas las cosas, las frustraciones tampoco serán atribuídas a las decisiones defectuosas que tomemos. Seremos usufructuarios de lo bueno, o víctimas; pero no responsables.

Sin embargo, tamaña dejadez nos sumerge en los ambientes actuales tecnificados, atacados por las imposiciones de formas de vida, sin una verdadera participación en los análisis críticos de cuanto acontece en la sociedad. Constituye el verdadero reino de la NEUROSIS. En él, la experiencia propia queda suprimida; suplantada por un seguidismo estúpido de los mandamientos ajenos. Situados en estos términos, podremos ir de protesta en protesta, pero la insatisfacción no la podemos transferir; esa sí que es la experiencia particular, mientras permanecemos alejados del protagonismo decisorio, como meros instrumentos. Por impotencia, por desidia o por elección, cada uno verá.

Ninguno transpasamos el horizonte hasta el que discurre la vida, todos transitamos cegados por las incógnitas supremas, nadie accede a esa sabiduría. Pues bien, aunque parezca mentira, asombra la cantidad de espabilados (¿Enajenados?) que intentan presentarse como grandes conocedores de aquellas luces. Son quienes medran entre las mencionadas neurosis, arrastran a verdaderos gentíos. Nunca salieron de la cueva, como tampoco los demás, pero avasallan sin tregua respecto al sentido de vidas y costumbres. Emergen ejemplos en cada sector, que resumo en el indriso seguiente:

Genios falsos
Las sombras oscilantes
Por dentro de las cuevas,
Cubren realidades.

Grandes genialidades,
Largan la buena nueva,
Siendo los más precoces.

Fue estúpido el empeño

Sin ver el buen diseño.


Son de trágica actualidad los que llamo gurús promotores de impensables CRUELDADES, cuya justificación nadie comprende. La viveza de sus maniobras no exige grandes esfuerzos para recordarlos. Las barbaridades de los integristas islámicos comienzan en sus inductores fanatizados. En Nigeria, la barbarie escapó de los confines de la razón. Pero tampoco excluiría de este apartado a los acicalados suministradores de armas situados incluso en posiciones de gobierno. Son apenas una muestra de gente inductora.

Una cosa es la diversidad constitutiva de lo que somos, en busca de la armonía entre sus miembros. Nada que ver con los promotores de la confusión DEGENERATIVA de no llamar a cada entidad por su nombre; en una liosa babel en la que no es posible entenderse. Según sus prácticas, basta cambiar el significado de las palabras, para tolerar a los asesinos, apropiarse del dinero público, elegir que vida se respeta y cual no, dialogar o no con los discordantes, o despreciar los afectos indispensables.

Antes circulaba aquello del rey abajo…; ahora observamos que desde las numerosas poltronas hacia abajo fluye una corriente imitadora COACTIVA. Dejando las buenas razones un tanto aparcadas como métodos anticuados, instauran el mimetismo como recorrido de obligado cumplimiento. No conceden tiempo a las argumentaciones. La trayectoria establecida mantiene su diseño. Con tales maneras son promovidos candidatos políticos, gestores, consejeros y demás capitostes encumbrados. Buscan el fortalecimiento de las estructuras desdeñosas con los de abajo.

El vínculo de unión con los supuestos progresos, adquiere una carga importante de servilismo, en el cual la adulación y el acatamiento ciego van de la mano. Es el talante ORDENANCISTA, disfrazado ahora de aceptación plegada a intereses poco confesables. Será poco probable que los adalides de tales avalanchas dispongan de algún rincón en su mente para el tratamiento del bien común como elemento primordial. Todo un auténtico comportamiento dictatorial bajo numerosas apariencias y causante de lamentables inconvenientes.

Con todo el descaro, reducen al ciudadano a etiquetas innominadas; usuario, manifestante, votante, visitante. ¿Cuántos son? El número es lo importante para su utilización posterior. También los maquinadores diluyeron sus nombres de cara al público. ¿De qué modo? Lograron rizar el rizo, presentando a las instituciones pergeñadas por ellos con una configuración intrincada. Al final, no encontramos a los responsables directos, dispusieron la pantalla de una ESTRUCTURA, como emisora de los ordenamientos. Convirtieron la trama perversa en el oráculo ilustrado indiscutible.

La magia demuestra su belleza cuando su trama inteligente es usada para el bienestar de las personas, especialmente si añade la alegría del buen humor. Ya que nadie superamos la fase ilusionista en la interpretación de la vida, quién pretenderá la confirmación absoluta de sus proyectos; el dilema es para cada uno y los hallazgos supremos no son de este mundo. Anclados como estamos por ahora, apenas nos servimos de las intuiciones, que expreso en el segundo indriso:

Sólo intuiciones
El hallazgo está fuera,
Intuyo la salida
Y nadie desespera.

Sin la visión certera,
Cada quien dilucida
Su cercana quimera.
El oráculo engaña,

Su verdad es patraña.
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