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Afición mercenaria

Daniel Sanabria
Daniel Sanabria
martes, 29 de mayo de 2007, 22:40 h (CET)
Como todo niño de 12 años, de pequeño siempre quise ser jugador de fútbol. Quería ser como Laudrup, como Futre, o puestos a pedir, como Van Basten. Cada noche me iba a la cama pensando cómo celebraría los goles, qué dorsal llevaría, pero sobre todo pensaba qué sentiría al pisar esa moqueta tan verde, al levantar la cabeza y ver gritando a 40.000 almas con la misma camiseta que tú llevas.

Debe ser como un relámpago que en lugar de recorrer el cielo, recorre tu cuerpo. Bueno, eso si no juegas en el Osasuna. Si es el caso, el relámpago que sentirás será el de tu afición si tienes la mala idea de marcar un gol al rival y querer que tu equipo gane. Si no me creen, pregúntenselo a Nekouman. Cuando marcó el 2-0, la pitada que se escuchó en el Reyno de Navarra rozó los decibelios de la bronca que recibió Figo en su vuelta al Camp Nou. El iraní, nuevo este año en la Liga Española, se metió en la piel de Obelix y debió pensar aquello de “están locos estos españoles”.

Pero la historia no quedó ahí. Una pronunciada zona de la grada rojilla abandonó el estadio ante tal esperpento: 2-0 a favor de su equipo. “Cómo tienen la poca vergüenza de ganar…”, pensaba alguno mientras descendía por los vomitorios del Reyno. “Si siguen ganando partidos no renuevo el abono…”, se decía otro a sí mismo.

Alguien dijo una vez que el fútbol es una guerra sin armas, y si tú estás en una guerra, y no estás con tu ejército, algo muy gordo está pasando. En esta guerra hay dos estrategias lícitas e inadmisibles: las primas y el “pasteleo”. Pagar a otro equipo (siempre por ganar) para beneficiarte es un hábito que tenemos superado en España, pero lo de pactar resultados con un pésimo disimulo por parte de los implicados es una práctica que atenta contra la dignidad del deporte que más amamos en este país.

Entre los equipos vascos hay un especial afecto por el “pasteleo”. No hay que irse muy lejos para recordar aquél episodio entre la Real Sociedad y el Alavés, cuando De Pedro marcó gol y pidió perdón. Esta vez el atentado quedó en ensayo gracias a los profesionales futbolistas de Osasuna, que demostraron estar por encima de una afición que evidenció ser la más mercenaria del fútbol español.

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