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Etiquetas:   Educación   -   Sección:   Opinión

Másteres y carreras universitarias

José Manuel López García
jueves, 5 de febrero de 2015, 08:20 h (CET)
Los másteres tienen unos precios desorbitados, y, por tanto, se está reduciendo el acceso de muchos estudiantes a la universidad. Que un año de grado cueste, aproximadamente, en torno a 1.980 euros, y un año de máster sobre 3.900 euros marca una desproporción evidente en el coste. Es necesario que baje mucho el precio de los estudios de maestría, porque son imprescindibles para dedicarse a la enseñanza, y también suponen una diferencia de preparación y prestigio, en el acceso a cierto número de profesiones.

Considero que el Plan Bolonia que se implantó en 2010 de forma generalizada en España, ya supuso una disminución de los contenidos impartidos en las carreras, algo que no es lo mejor, para una formación más amplia y completa. Porque la duración de cinco años me parecía la más apropiada, al disponer de más tiempo para el estudio de más asignaturas, y de modo más profundo. La prueba de lo que afirmo, es que, por ejemplo, en los estudios de Medicina la duración de la carrera es de seis años, más el MIR, etc., incluso con la aplicación de las directrices de Bolonia o Espacio Europeo de Educación Superior. Y es, perfectamente entendible, porque un médico no debe disponer de una escasa formación, por razones obvias. Ya sé que todo esto es matizable, pero la necesidad de una preparación más extensa en las carreras, me parece clara.

Desde mi perspectiva estimo que las carreras o grados no deberían durar menos de cuatro años, de tal forma, que con un año más de máster, se completara una formación que permitiera la incorporación al mundo laboral. Considero que con carreras de tres años y másteres de dos cursos no se abarata, sino que se encarece la formación, porque el precio de cada máster, prácticamente, casi duplica el coste de un año de grado.

Entiendo que los rectores pidan que no se ofrezcan grados de tres años hasta 2017. Porque, en efecto, primero habría que evaluar los resultados del Plan Bolonia en el aprendizaje de los alumnos universitarios, y en la calidad de su formación.

El nuevo decreto de grados al dejar abierta la posibilidad teórica de que cada campus decida distintas duraciones para una misma titulación, rompe un cierto principio de igualdad, en relación con las distintas comunidades autónomas. Esto podría causar un cierto caos a la hora de elegir la facultad o universidad, respecto a una misma titulación, con diferente número de cursos.

El número de becas y la dotación económica de las mismas debería aumentar, de un modo considerable, para apoyar, de mejor manera, a los estudiantes universitarios con menos medios económicos. De esta forma, se garantizaría el acceso a la formación superior a personas que, por su situación socioeconómica, no pueden sobrellevar los gastos de cursar una carrera.

Porque la universidad pública es esencial para ofrecer igualdad de oportunidades en función del mérito y la capacidad. Si los precios de los másteres siguen siendo excesivos, se está favoreciendo a los centros privados, y a las universidades privadas que ya disponen de bastantes alumnos. No estoy en contra de la enseñanza privada que también cumple su función. Los estudiantes con más dinero pueden optar por universidades privadas, igualmente, si lo prefieren.

Lo que no me parece justo ni equitativo, es que los estudiantes tengan que buscar créditos y avales para cursar una carrera y másteres, que les van a dar acceso al mercado laboral, a través de la enseñanza pública o estatal. Ya que no considero razonable ni lógico hipotecar la vida para poder formarse.
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