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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Listo para sentencia

Luis Peraza, Kansas City (EEUU)
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lunes, 2 de febrero de 2015, 08:41 h (CET)
Este tres de febrero verá la luz la sentencia de genocidio Croacia contra Serbia. La Corte Internacional de Justicia tuvo que aplicar el derecho internacional humanitario y de derechos humanos para, primero resolver si poseía jurisdicción para juzgar para posteriormente alcanzar una resolución sobre el supuesto genocidio yugoslavo a croatas y de croatas a serbios. Dieciséis años después de interponer la demanda con una justicia internacional lastrada por larguísimos plazos procedimentales, todos los vecinos, antiguos enemigos de una cruenta guerra civil, aguantan la respiración ante la magnitud del fallo.

Los quince magistrados, diecisiete si contamos los dos llamados ad hoc elegidos por las partes en un guiño al arbitraje, de la más alta corte de Naciones Unidas son diplomáticos de origen y políticos en su fondo. Es lo que necesita este alto tribunal, magistrados conscientes de lo que puede significar una sentencia avalando las tesis de un bando frente a otro cuando las atrocidades, los crímenes de guerra y contra el derecho humanitario, incluso genocidio y su hermano menor, la limpieza étnica, camparon libremente por sus respetos en ambos lados.

La Corte Internacional de Justicia parte de un sistema acusatorio de valorar las pruebas que ante ella se presentan sin más pretensiones, ni intentos de convertirse en un sistema inquisitivo. Cumple con la llamada justicia rogada, es decir, la justicia solicitada es a lo que se atiene y el principio de jurisdicción voluntaria planea durante todo el procedimiento, dejando a los contendientes un protagonismo exacerbado que nos acerca lamentablemente al arbitraje donde las partes disponen a su antojo de todo el procedimiento, incluso nombrando a los árbitros.

Me atrevo a vaticinar que la Corte de las Naciones Unidas dirá en derecho que Serbia no cometió genocidio, ni conspiró ni incitó a su comisión en Croacia. No se habrá podido demostrar, más allá de toda duda razonable, un intento deliberado de destruir en parte o en todo a un grupo nacional, étnico, racial o religioso por parte de las autoridades serbias, en lo que constituye por su dificultad, una prueba diabólica. Será una sentencia salomónica que pretende arrojar luz que no justicia a un histórico conflicto interno que con Ruanda aún sonroja a Estados Unidos y a Europa.
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