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'El Davos mesoriental': cúmulo de interrogantes para Occidente y Oriente

Marianna Bélenkaya
Redacción
martes, 29 de mayo de 2007, 00:11 h (CET)
“La diversidad se pone a funcionar”: tal fue el lema bajo el cual los días 18-20 de mayo en Jordania se celebró el Foro Económico Mundial para Oriente Medio de cardinal importancia para la región y el resto del mundo.

Sobre el telón de fondo de las crisis regionales (los conflictos en Irak y Líbano y el enfrentamiento palestino-israelí) el Foro jordano es un fenómeno nada ordinario, más bien único en su género para la política mesoriental. Tradicionalmente reúne a más de 1000 participantes que a veces enfocan desde una óptica distinta los sucesos en el área: iranios e israelíes, sunnitas y chiítas, apologistas de las corrientes religiosas radicales y paladines del desarrollo laico de Oriente Próximo, emigrados políticos y delegados de la élite política regional. Las discusiones en el Foro son francas al máximo. Aunque sus resultados suelen ser nulos y con frecuencia las ideas expuestas quedan en papel, ninguna otra reunión refleja con tamaño relieve todos los problemas regionales ni, lo que es principal, la vida en el área.

Es extraordinariamente amplio el abanico de problemas que incluye la agenda del Foro (el futuro de la juventud y las perspectivas del desarrollo económico, la ecología y la solución de los conflictos regionales). Pero este año todas las discusiones se centraron inevitablemente en que la estabilidad y prosperidad de Oriente Próximo sólo podrían ser posibles, si todos los componentes de la diversidad regional se pusieran a funcionar de común acuerdo, sin conflictos.

Los protagonistas del “Davos Mesoriental” hicieron hincapié en los problemas de cooperación entre los Estados industrializados y en vías de desarrollo, entre los musulmanes y los cristianos, los países de Occidente y Oriente, del mundo islámico y árabe.

Al intervenir en una de las numerosas discusiones del Foro, el analista iranio, Karim Sadjadpour, delegado del Grupo Internacional Anticrisis, señaló que el problema relativo a los cambios operados en la vida socio-económica y política del área han de preocupar no sólo a los habitantes del Oriente Próximo, sino también de Occidente, puesto que unos 20 millones de musulmanes viven en los países occidentales.

La parte más instruida de la diáspora musulmana en Occidente tiene suficientes posibilidades para ejercer substancial influencia sobre la opinión pública y la política occidentales. Es obvio que precisamente los musulmanes residentes en Occidente son los partidarios más asiduos de las transformaciones políticas y económicas que se operan en sus respectivos países de origen.

Sin embargo, no es necesario pertenecer a la élite intelectual para ejercer influencia en la política de los países occidentales. Por sí solo el crecimiento de la diáspora en Occidente conduce a los cambios substanciales en la política exterior e interior de muchos Estados. Es obvio que los desafíos existentes en Oriente, en muchos casos son actuales también para Occidente. En resumen, la discusión “Islam, Identidad e Integración: en busca de Armonía” se reduce a que los esfuerzos para reconciliar la visión occidental e islámica es una realidad de las sociedades no sólo en Oriente Próximo, sino también de las comunidades musulmanas en Europa y EEUU.

En el Foro se trataba no sólo de penetración de Oriente en Occidente, sino viceversa. Por ejemplo, la Reina de Jordania, Rania, ofreció a las corporaciones multinacionales de Occidente la idea de actuar en calidad de “embajadores de un mundo multicultural”, sosteniendo que los empresarios que trabajan en Oriente Próximo a veces conocen las realidades regionales mejor que muchos políticos occidentales. La Reina recalcó que si los hombres de negocios asuman el liderazgo en el logro de la “comprensión multicultural”, lo será no sólo su mérito ético, sino que contribuirá a incrementar sus ganancias.

En realidad, los conflictos regionales no sirven a estabilizar el trabajo de las corporaciones multinacionales; su actividad podría ser más eficiente si, por ejemplo, exista la cooperación abierta entre Israel y los países del Golfo Pérsico, si las compañías norteamericanas funcionen normalmente en Irán y sea garantizada la seguridad en Irak. De hecho, se trata de la concepción “El Nuevo Oriente Próximo”, ampliamente debatida a mediados de la década del 90, cuando el proceso pacificador mesoriental se desarrollaba con el mayor éxito. Pero ésta se quedó en papel. No es casual que entre otros el Foro jordano haya discutido el tema siguiente: “Un Nuevo Oriente Próximo: ¿será posible?”

La idea del “Nuevo Oriente Próximo” presupone no sólo crear condiciones para asegurar la paz en el área, sino también modernizarla.

A ello precisamente se refirió el Rey de Jordania, Abdallah II, al inaugurar el Foro. Invitó a todos los reunidos a pensar en el futuro de la región y a prepararla para “el día en que llegue la paz”. Entonces el Oriente Próximo se verá obligado a resolver otros problemas importantes: escasez de hidrorecursos, mejora de la infraestructura y creación de lugares de trabajo para 200 millones de jóvenes árabes menores de 24 años.

Según se desprende de las discusiones clausuradas en el Foro, la responsabilidad por la solución de estos problemas recae en igual medida en los países de la región y en las fuerzas internas. Sin esfuerzos mancomunados será imposible asegurar la estabilidad y el desarrollo económico de Oriente Próximo, con tanta más razón que los acontecimientos del área hallan su reflejo en el mundo: los países occidentales, Rusia y muchas otras naciones del orbe desde África hasta el Sureste Asiático.

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Marianna Bélenkaya, para RIA Novosti.


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