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Etiquetas:   Perspectiva de Levante  

La deriva venezolana

Domingo Delgado
Domingo Delgado
martes, 29 de mayo de 2007, 00:11 h (CET)
El continente sudamericano no acaba de encontrar el camino del progreso en paz. De todos es sabido, que desde la independencia de los países del área latinoamericana, se ha instalado una crónica inestabilidad que no les permite un pacífico progreso, producto de factores endógenos y exógenos a la vez, les lleva a generar procesos convulsivos dictatoriales y tiránicos.

Actualmente es digno de mención el caso de Venezuela, que tras una democracia corrupta de la época de Carlos Andrés Pérez, emergió otra no menos indeseable de la mano de Hugo Chavez líder populista al típico estilo latinoamericano (militar golpista, pródigo demagogia que pronto sintonizó con sectores sociales hartos de la anterior situación) propició la denominada “Revolución Bolivariana” –proyecto nacionalista peculiar- que derivó en un auténtico cambio de régimen con la promulgación de una Constitución al uso, no asegurando en absoluto las libertades civiles ni públicas.

Tal situación ha llevado a la confrontación de la sociedad venezolana, dando lugar a dos grupos cada vez más irreconciliables (chavistas y antichavistas) con frecuentes disturbios y procesos electorales nada limpios. Así en las últimas elecciones del año 2005 se dio una altísima abstención, sobre el 75%, que muestra el hartazgo social y nada garantiza la legitimidad de la gobernabilidad venezolana.

La radicalización del régimen y la aplicación de leyes que restringen la libertad de expresión, especialmente en los medios de comunicación, van acompañadas de arrestos y procesos contra los opositores. La militarización ha continuado en la administración pública, y también en el resto de la ciudadanía. Pero el Caudillo venezolano, en su megalomanía, no se ciñe sólo a Venezuela, sino que debido a los acercamientos a Cuba, por un lado, y a Bolivia, por otro, pretende heredar el liderazgo de la izquierda latinoamericana, y ser avalista político y económico del boliviano Morales en su “guerra del gas”.

Naturalmente, ello le ha llevado a la confrontación con Estados Unidos, y Méjico, resultando conocidos sus excesos verbales contra los presidentes Bush y Fox, así como contra el ex presidente Aznar, y contra el mismísimo Papa, este último con ocasión de su última visita a aquel continente, postulándose como defensor de la irredenta causa indígena, haciendo uso incluso de una pervertida versión de la colonización.

Sin embargo, en medio de tantas “ocurrencias”, producto de su delirante aspiración populista, ha hecho un flaco favor a su País, ya que resulta lamentable que Venezuela –con su riqueza natural y su alto grado de occidentalización social- haya sucumbido a tales despropósitos que la están ubicando en un alineamiento tercermundista, con progresivo abandono del primer mundo económico y social en el que debería estar por mérito propio.

Todo ello, nos pone en la “pista” de lo que puede suceder cuando se juega al desprestigio de las instituciones públicas, cuando no se cortan de raíz los brotes de la corrupción política, y esta acaba generalizándose. El hastío popular suele ser aprovechado por demagogos para alzarse con el poder e instalarse en el mismo como dictadores más o menos encubiertos, con todas las consecuencias negativas que de ello se derivan para toda sociedad que entra en esa dinámica, siendo muy difícil posteriormente restablecer el orden democrático.

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