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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Se busca presidente para banco mundial

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 29 de mayo de 2007, 00:11 h (CET)
Inútil sin referencias; medianías abstenerse. Se ofrece buen ambiente de trabajo aunque no sé si se requiere moto propia, pero lo cierto es que el presidente Bush confecciona una lista de candidatos para sustituir al Presidente del Banco Mundial, Paul D. Wolfowitz y la experiencia en organizaciones de similar envergadura surge como una exigencia primordial para cubrir este puesto de trabajo.

En cualquiera de los casos, el nuevo presidente sería un americano, para seguir con la tradición desde la creación del banco después de la Segunda Guerra Mundial y entre los principales candidatos están el representante comercial estadounidense Robert B. Zoellick y el subsecretario del Tesoro Robert M. Kimmitt.

Es improbable que la administración se decante por un antiguo senador, pues su perfil no garantiza la competencia en la supervisión de los 10.000 empleados en 100 oficinas alrededor del mundo, lo que excluiría a dos hombres cuyos nombres han sido mencionados en relación al trabajo: Bill Frist, un senador republicano de Tennessee y antiguo líder de la mayoría y el senador Richard G. Lugar, republicano de Indiana, antiguo presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Los estrategas republicanos han sugerido que Frist y Lugar pudieran ser candidatos lógicos. Bill Frist ganó muchos puntos en la administración de Bush al aceptar ser líder de la mayoría después del senador Trent Lott, republicano de Missisipi; pero perdió su puesto por hacer comentarios que se consideraron racistas. Frist es un cirujano cardiólogo, que ha viajado con frecuencia a África y de quien se dice está vivamente interesado en cuestiones de desarrollo.

Richard G. Lugar es visto como portador de prestigio en círculos extranjeros y tiene experiencia diplomática. Su designación ayudaría quizás a reparar algunas de las relaciones americanas con aliados que se tensaron demasiado por la guerra de Iraq.

El hecho de centrarse en candidatos con credenciales de gestión, sin embargo, hace aparecer a la administración Bush como que hubiera concluido que la permanencia de Wolfowitz en el banco falló en parte porque carecía de la credibilidad institucional necesaria. Wolfowitz dimitió la semana pasada después de que un tribunal bancario concretó que había roto las reglas de la ética “en la ingeniería de ascender a su novia”, aunque ésta fuera sólo la última de sus numerosas batallas con el staff del Banco Mundial.

Wolfowitz, uno de los principales arquitectos de la guerra de Iraq en su puesto anterior en el Pentágono, llegó al banco con enemigos en todo el mundo. De todos modos, los altos funcionarios del banco dijeron que al principio le habían dado una oportunidad, pero que Wolfowitz últimamente había perdido todo el apoyo porque se aisló y pareció ignorar los principios de funcionamiento básicos de la institución.

"Era un gerente incompetente," dijo de Wolfowitz Devesh Kapur, un científico político de la Universidad de Pensylvania y coautor de "El Banco Mundial: Su Primer Medio Siglo," una historia oficial. "Usted dirige una burocracia internacional con gente muy competente. No importa cual sea su ideología, eso es irrelevante. El líder del banco debe ser respetado por su personal." Explicaba Peter S. Goodman en el Washington Post.

El Secretario del Tesoro, Henry M. Paulson Jr., está formando una lista de posibles sustitutos, sacando a flote nombres con sus homólogos de capitales extranjeras.

Rober B. Zoellick que fue Subsecretario de Estado y renunció en julio de 2006 para hacerse cargo de la presidencia del banco de inversiones Goldman Sachs, aparece ahora como una figura internacionalmente prominente; fue quien hizo picadillo el acuerdo que llevó a China a la Organización Mundial de Comercio hace seis años. Durante su época de subsecretario de Estado en la primera administración de Bush colaboró en tratados de paz en América Central. Muchos esperaban que hubiera sido elegido para el puesto hace dos años, pero en cambio fue denominado Wolfowitz.

Zoellick aporta también una buena reputación como abogado agresivo que en ocasiones no armoniza bien con los detalles que requiere la diplomacia internacional. "Es un toro en una tienda de loza," dijo de él un prominente republicano.

A Robert Kimmitt, que reemplazó a Henry Paulson en la reunión de ministros de Finanzas del Grupo delG-8 y antiguo embajador en Alemania, se le ve ahora como una opción segura y está muy versado en el trabajo del banco.

Ni Kimmitt ni Zoellick despiertan sin embargo el entusiasmo fuera de los EE.UU. Pero el proceso de selección ahora en marcha, en el que la Casa Blanca sigue la tradición de seleccionar al jefe del banco, ha levantado ampollas en algunas capitales mundiales. Solicitan que el presidente del Banco Mundial no sea seleccionado por deferencia a los EE.UU., sino sobre la base de los méritos profesionales del candidato.

En cualquiera de los casos, el asunto Wolfowitz se ha convertido, no sólo en un culebrón y en proyectos de programa del formato de la salsa rosa, sino en una prueba palpable de que las instituciones se estructuran, para lo bueno y para lo malo también, sobre las redes de interconexión creadas por sus funcionarios, auténticos artífices de lo que se ejecuta en ellas.

Estar a la greña con el staff y beneficiar además a la novia de uno, es la gotota que desborda el vaso, siendo el propio staff quien se ocupa de descabalgar a su presidente que con tanta negligencia y ligereza ha manejado la estructura interna del banco.

El próximo presidente será una persona con experiencia profesional y se cuidará muy mucho de hacer según qué tropelías, pues sabe de antemano que el gran hermano del funcionariado está al acecho. No creo que vaya a ser como aquella magnífica serie de televisión “Sí, ministro” pero no va a andar muy alejada la cosa.

Toda esta singular movida de Wolfowitz ha servido también para poner de manifiesto la eficacia de la gestión del propio Banco Mundial en cuanto a su misión en el mundo, pues con la entrada en el mercado del apoyo al desarrollo de fondos de cooperación privados, como la fundación de Bill Gates o también la potencia financiera con la que ha entrado la China en África, ha quedado desdibujada la actuación del Banco Mundial. Aunque por otra parte, la propia China es beneficiaria de miles de millones de dólares procedentes del Banco Mundial, para la financiación de proyectos en la propia China. Así que, por una parte China se beneficia de la acción del Banco Mundial y por otra entra con fuerza en África ¿sólo con el ánimo de cooperar en su desarrollo o busca también réditos a medio y largo plazo accediendo a los recursos naturales del continente?

Tampoco puede negarse que el Banco Mundial fuera inmune a cooperar con según qué regímenes políticos de América Latina, por ejemplo, pero su actuación es aparentemente más aséptica que la de una potencia como China, con una gran carga ideológica innegable. Al fin y al cabo, en el Banco Mundial participan estados con regímenes políticos diferentes, aunque bajo el paraguas del denominador común de la democracia.

Pero Paul Wolfowitz se dejó llevar por bisbiseos de su alcoba y acabó por confundir la paz del hogar y la estabilidad emocional de su pareja, con el acceso a los cambios del estatus del personal a su servicio en el Banco Mundial, por encima del staff y su falta de capacidad para resolver un asunto privado en forma privada, le ha llevado a renunciar. Aunque es claro que no fue eso lo único que le indispuso con sus ejecutivos, aunque también, desde luego, pues el nepotismo ha estado siempre muy feo y más si es con la novia de uno. Y ha organizado un buen embrollo y no solamente interno al banco.

Confiaremos en la cordura de todos los demás para reemprender la actuación de la institución de alcance mundial.

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