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¿Historia ficción o realidad preocupante?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 27 de mayo de 2007, 22:18 h (CET)
La noche del 9 de noviembre de 1989 el Muro de Berlín, también llamado Muro de la Vergüenza, pasó a la historia. El derrumbe del colosal monumento a la intolerancia y al apartheid entre ciudadanos de una misma etnia, tuvo el simbolismo de eliminar las barreras físicas y políticas que separaban a la Alemania del Este de la otra Alemania, la democrática. Todos los europeos sentimos el alivio de despojarnos de la agobiante sensación que representaba para todos los paises democráticos la amenaza soviética, con la que, especiamente los españoles –por el recuerdo de las tropas rusas que inervinieron en la guerra civil –, estábamos particularmente sensibilizados. El imperio comunista se desplomaba como si fuera un simple castillo de naipes y todas las naciones, que habían estado sometidas a su yugo, empezaron a experimentar, con mayor o menor intensidad, la nueva sensación de pasar de un régimen totalitario y policial a la nueva experiencia de un sistema democrático y libre. No fue fácil, porque no se pasa de un sistema dirigido, en el cual el ciudadano se limita a dejarse conducir por los dictadores que le tienen programada la vida, pero que, a cambio, se preocupan de su salud, su educación y su destino; a entrar en un régimen de libertades en el que se dispone del libre albedrío para hacer lo que a uno le venga en gana, pero en el que se ve obligado a espabilarse para ganarse la vida en dura competencia con el resto de ciudadanos.

Por unos años tuvimos la sensación de que el comunismo había sido erradicado de la faz de la tierra si se exceptuaban algunos países, como China, que matenían regímenes totalitarios, si bien con una cierta evolución hacia la economía de mercado que los iba dulcificando. Sin embargo, algo hay inquietante que se está moviendo subrepticiamente por las alcantarillas del poder. Sin saber de donde proceden, sin que probablemente surjan de una sóla nación ni de un grupo de naciones o partidos políticos, podemos suponer que desde poderes ocultos se manejan hilos invisibles que se mueven en la clandestinidad, apoyados y financiados por potentes grupos económicos supraestatales, que tienen interés en que se produzcan cambios políticos a nivel mundial para favorecer sus propios intereses. Parece evidente que en la Revolución Francesa intervinieron, como promotores y agitadores, grupos de masones fieles a su programa de dirigir el mundo, a través de sus logias, hacia sus fines particulares. No es un secreto que en los EEUU existen grupos, como los Scull and Bones o The Bohemian Club, que acogen en sus filas a importantes personaliades de entre los republicanos y también de los demócratas.Los enfrentamientos que, en ocasiones, se producen a la vista del público entre miembros de uno y otro partido no son más que escenas teatrales para atraer la atención de los ciudadanos hacia una determinada cuestión previamente pactada en las reuniones secretas de la secta.

La súbita desaparición del Muro de Berlín y el ocaso del comunismo en Europa se produjo cuando nadie esperaba que así sucediera y lo mismo ocurrió con el inmenso poderío militar de la URSS que, de la noche a la mañana, se esfumó como si sólo se hubiera tratado de un globo deshinchado. ¿Cuáles fueron las causas de que un imperio tan poderoso se convirtiera en una nación derrotada y entregada a sus odiados enemigos los americanos? Es probable que no lo sepamos nunca, pero no hay duda de que se debieron mover muchos hilos secretos para que se produjeran las circunstancias favorables para que un Boris Eltsine diera el putsch de Moscú contra Gortbatchev en 1991. Fue el golpe mortal a la Guerra Fría y al comunismo. No parece que el alcohólico Eltsine, por sus cualidades y su influencia, pudiera llevar a cabo, con tanta precisión, un golpe de estado en una potencia mundial como era Rusia sin la ayuda de alguien que, desde la sombra, dirigiera la puesta en escena.

Ahora hemos tenido de nuevo nuevos signos de que algo se cuece de nuevo. No parece que hechos que se producen con una cierta simultaneidad en America latina y en Asia sean ajenos por completo a unos determinados intereses herméticos que van más allá de unos simples movimientos revolucionarios locales; antes bien, se podrían considerar como jugadas de ajedrez, perfectamente calculadas, encaminadas a darle una vuelta de timón al actual sistema político y económico capitalista de modo que, a través de una guerra cainita entre las dos culturas, la cristiana y la islámica, se produjera la destrucción total de ambas; de la que surgiría un Nuevo Orden liderado por los poderes supremos que, desde el anonimato, hubieren sido los inductores de la masacre. ¿Cuales serían las características del Nuevo Orden? Quién lo puede saber; quizá un estado protector tipo Gran Hermano de Orwel o acaso un nuevo sistema de clases, como en la antigüedad, donde hubiera una casta dominante y otra de sievos. En cualquier caso, algo distinto a lo que tenemos en la actualidad.Parece una novela ficción y no hay duda de que muchos lo considerarán como un simple cuento, un arrebato de la imaginación; pero, si uno se para a meditar sobre los acontecimientos de America del Sur y los sucesos sangrientos que se producen en Irak, Israel, Palestina y el Líbano; junto con la guerra de Afganistán y la actitud retadora de Irán, con los movimientos en la sombra de Al Qaeda, no resulta tan imposible que, debajo de todo ello, exista algo más que la pura casualidad y pueda hallarse una conexión entre ellos que los convierta en una conspiración a escala mundial. Debemos rezar para que así no sea, por la cuenta que nos trae.

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