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Peligros asumidos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 27 de mayo de 2007, 22:18 h (CET)
Las ALARMAS sociales adquieren un tono especial en el ámbito sanitario. La detección de tóxicos alimentarios o industriales, uso de drogas, la prevención de ciertos contagios, amenazas de nuevas epidemias o el incremento de las alergias; ocupan e inquietan a través de las diversas áreas informativas. Una de las parcelas más afectadas corresponde a los tratamientos y sus consecuencias. Intervenciones quirúrgicas, nuevos fármacos, descubrimientos sensacionales, transfusiones y trasplantes ocupan espacios en todas las palestras informativas.

No es una primicia la preocupación por las TRANSFUSIONES SANGUÍNEAS, ni tampoco materia exclusiva de los tratados de medicina. De todos es conocida la drástica oposición de ciertos creyentes religiosos hacia este tipo de tratamientos; al margen de las evidencias científicas, continuan aferrados a su negativa, bajo ningún concepto tolerarían que se les administrase sangre, ni siquiera en riesgo grave de perder su vida. Por otra parte, en las semanas previas se mencionan posibles efectos nocivos de las transfusiones, diversas publicaciones lo manifiestan. Por ese motivo me referiré hoy a ciertas circunstancias relacionadas con estos eventos.

Al hilo de las preocupaciones por la seguridad de una transfusión sanguínea, la prestigiosa revista Lancet (Mayo, 19) publica y comenta un artículo de Gustaf Edgren y colaboradores sobre la posible transmisión del CÁNCER a través de la sangre trasfundida. ¿Pueden transmitirse células cancerosas desde un donante al receptor de esa sangre? Sí. ¿Son capaces de desarrollar un cáncer en el receptor?. Ese es el núcleo del citado trabajo. Se trata de precisar posibles consecuencias a corto o largo plazo, en el caso de haber transmitido esas células.

¡Menudo problema y acuciante actitud! De ahí la pertinencia del estudio publicado, intenta precisar los riesgos y aportarnos el suficiente conocimiento. En la historia de las transfusiones se han confirmado CASOS de transmisión cancerosa. Escasos, pero ratificados. Se documentaron tumores del tipo Hodgkin, sarcoma de Kaposi, o sarcomas relacionados con el virus del herpes y con el virus Epstein-Barr. A ellos se une la consideración de casos provocados por pinchazos con jeringuillas. Además, debido al incremento de trasplantes y pese a las precauciones, cada vez son más numerosos los casos de cáncer transmitido por los trasplantes.

Como suele ser habitual, en estudios como el referido por Lancet y en la admisión de una persona como donante, se descarta primero a todo aquel candidato con diagnósticos previos peligrosos. Sobre todo, tratan de no trasfundir elementos sanguíneos sospechosos. De ello se deriva, que cuando hablemos de enfermedades ya establecidas, se descarta la utilización de esa sangre y se eliminan así los problemas. La inquietud proviene de los posibles donantes que sean portadores de procesos SUBCLÍNICOS porque el mal aún no haya dado la cara, está, pero se desconoce. ¿Cömo obtener un procedimiento seguro de selección? La seguridad plena no se consigue tampoco aquí. Aunque resulte lamentable, a regañadientes asumiremos esa posibilidad, procurando minimizarla. Subyace el peligro y la inquietud es invitable.

No me resisto a una breve consideración sobre la aplicación ESTADÍSTICA en esta clase de valoraciones. ¿Aportan demostraciones y puntos de apoyo?¿Introducen factores de confusión de manera solapada? Pienso que los dos interrogantes pueden contestarse afirmativamente. La significación de unos planteamientos estadísticos confirma relaciones entre causas y efectos, calibra circunstancias y riesgos, revela diferencias entre unos datos y otros. Lo dicho no es óbice para que determinados datos o enfermedades graves, sucedan a pesar de estar muy alejados de la mencionada significación. Estadísticamente puede demostrarse que no hay diferencias entre dos grupos de enfermos con una misma infección grave, tratado uno con 1 gr. u el otro con 2 gr. de antibiótico. ¿Da lo mismo emplear 1 gr. que 2 gr.? Pese al dictamen estadístico, en el grupo de 1 gr. se mueren 6 pacientes más.¿Qué valor le damos a esos 6 muertos de más en un grupo? Como no son significativos en el estudio estadístico, ¿Despreciamos este dato?. Se requieren sin duda otras valoraciones.

Los resultados mostrados por Edgren y sus colaboradores, después de la selección adecuada de los donantes y receptores, es concluyente estadísticamente hablando, NO se aprecia riesgo excesivo de transmisión de un cáncer del donante hacia los receptores de la transfusión. Recordemos que en todo caso los cánceres de los donantes eran subclínicos, no se habían diagnosticado aún en el momento de extraerles la sangre, no eran detectables, aunque ya los tuvieran encima. De las más de 300.000 transfusiones, 3 % (12.012) quedaron expuestos a esa situación de proceso subyacente en el donante. NO se detectan riesgos sustanciales. Pero conviene conocer otro dato trás 5 años de seguimiento, SÍ aumentan levemente los casos de cáncer entre los expuestos a la situación comentada. Constituyen índices muy pequeños, pero claros; cabe por lo tanto concluir con la afirmación, más allá de la estadística global, SÍ que existe algún riesgo, más manifiesto en algunos tipos de cáncer que en otros.

Tampoco conviene centrarnos de manera exclusiva en el peligro del cáncer. La sangre es de por sí un producto que incluye múltiples componentes, células de muy diversas características, líquido, proteinas, antígenos, anticuerpos, hasta una infinidad de micropartículas menos conocidas, así como sustancias presentes sólo de forma esporádica. Tamaña variedad repercute directamente en una serie de posibles efectos de muy variada entidad. Como añadido especial, su administración influirá también en otros procesos previos del receptor, para mejor o como factor de descompensación. Son riesgos de una transfusión.

Incluso podemos sacar a colación algunos peligros relacionados con campos prácticamente desconocidos acerca de las transfusiones. Así, las micropartículas, moléculas fragmentadas, elementos presentes en pequeñas trazas o vestigios, atómicos o subatómicos; configuran el campo del QUIMERISMO, con sus efectos posibles, muy poco estudiados, aunque apasionantes. Apenas se atisba su potencial, favorable o no, según su empleo.

Como en tantas ocasiones, esto nos conduce a una conclusión, la decisión o indicación de una transfusión debe ser óptima. No usarla a la ligera se convierte en una máxima importante. Es decir, obtener el mayor progreso, conociendo los riesgos y cada quién asumiendo su papel.

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