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'Las horas', de Michael Cunningham
Gabriel Ruiz-Ortega
Para todo escritor es sumamente difícil representar el mundo de la mujer. Con poca experiencia en el oficio narrativo, también he sentido lo complicado que es. Esto se debe a que no hay mundo interior más fascinante que el femenino. Recordemos que Anna Karenina y Madame Bovary fueron producto de intensos años de trabajo que exigieron de sus autores una férrea documentación, tal y como se lee en esos deliciosos libros que relatan el backstage de ambas obras maestras.
Con “Las horas”, Michael Cunningham logró el reconocimiento internacional gracias a galardones como el Pulitzer (1999) y el Pen/Faulkner (2000). Tomemos la bella adaptación cinematográfica de Stephen Daldry, la cual contó con tres soberbias actrices: Julianne Moore, Nicole Kidman y Meryl Streep. Por ello, si te gustó la película y aún no lees esta novela, pues no puedo dejar de manifestarte que la novela es muchísimo mejor.
“Las horas” nos lleva por tres historias paralelas que tienen a Virginia Woolf, Laura Brown y Clarissa Vaughan como protagonistas. Tenemos a Virginia Woolf al borde de una vesania pasiva, escribiendo “La señora Dalloway”; la cual es leída muchos años después por Laura Brown, quien se encuentra en pleno preparativo por el onomástico de su esposo; y finalmente, tenemos a Clarissa Vaughan, alistando la celebración donde se reconocerá la trayectoria literaria de su amigo Richard, enfermo de sida, por quien Clarissa no deja de mostrar un amor platónico y hedonista.
A medida que se desarrollan las tramas, estas llegan a un punto en el que dejan su estado independiente, ya sea en tópico y en estructura, para centrarse en la historia de Clarissa, la que finalmente termina acrisolando los derroteros y reflexiones de Virginia y Laura. Realizar este amalgamiento no es para nada fácil, para ello es necesaria la pericia técnica para no sentir el punto de unión como algo impuesto. Y ejemplos de estas imposturas hay muchísimos. Y es menester reconocer esto –y mucho más- en Cunningham porque, pese a la complejidad que de por sí trae el contar tres historias paralelas, ninguna decae, que no es lo mismo que sobresale, como sí lo es con la de Clarissa, a quien cariñosamente Richard llama La señora Dalloway.
Lo que sí es un abuso por parte de Cunningham es la excesiva carga melodramática cuando disecciona a sus personajes centrales; sin embargo, “Las horas” no deja de ser una muy buena novela, la cual nos invita a seguirle la pista a su autor, quien al parecer, es de aquellos que se toman su tiempo (buen tiempo) para publicar.
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