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Etiquetas:   La parte por el todo  

El enemigo en casa

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 27 de mayo de 2007, 04:07 h (CET)
El libre albedrío, ese comportamiento específico de la naturaleza humana. El poder de decidir con que la creación ha dotado al hombre.

La decisión que emana de la elección libre supone la búsqueda de lo más conveniente. La conveniencia o no de la dirección es el final de un proceso racional que empieza en el mismo momento en que se hace patente la necesidad de maximizar el provecho o la satisfacción del individuo.

Por utilizar la sentencia económica de Arrow, el libre albedrío define la situación de quien, en igualdad de circunstancias, ‘prefiere más de un bien que menos’.

Es decir, el sesudo elector confecciona una lista en la que detalla las consecuencias de sus acciones y, conocedor de éstas, decide tomar el camino que le indica la opción que ocupa el lugar más alto.

Como comenta von Bertalanffy, no podemos equiparar el libre albedrío a la arbitrariedad completa si no soportamos, al mismo tiempo, que la actuación humana esté desprovista de juicios de valor.

La teoría, como muestra Bertalanffy, es difícil de aplicar a una situación práctica aun en casos sencillos. Además, al desarrollar mínimamente lo anterior, descubrimos una inesperada paradoja.

La ‘racionalidad’ de que se habla más arriba, no solamente no es aplicable a la mayoría de las acciones humanas, sino que describe más bien la actuación ‘no razonada’ de los animales. Actuación ‘raciomorfa’, dice, entendiendo ésta como la preferencia consciente de más beneficio (por ejemplo, de alimento) antes que menos.

Por otra parte, la actuación racional representa una pequeña porción del comportamiento humano, y muchas de las disyuntivas con las que se topa una persona a lo largo de su vida se resuelven de manera apresurada y sin atender demasiado al filtro del raciocinio.
Cuando digo muchas de las disyuntivas, no me refiero únicamente a decisiones de poco peso.

Incluso las ‘decisiones históricas’, las que han debido tomar las clases dirigentes en algún momento, se dejan llevar por esta irracionalidad en la conducta.

Shlomo Ben Ami (EL PAÍS, 22 de mayo de 2007) recuerda en este sentido la expresión de Arnold Toynbee ‘forma suicida de gobernar’. Lo hace en referencia a la gestión del gobierno de Bush en Estados Unidos desde el 11-S y la guerra de Irak.

El presidente de la región más poderosa del planeta ha anunciado un verano sangriento entre el Tigris y el Éufrates. Su tozudez está por encima del equilibrio entre ventajas e inconvenientes, lejos de la elección libre de prejuicios.

Una nueva decisión histórica marcada por la pronunciación irracional de la última palabra. Una nueva campaña napoleónica en Rusia.

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