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Opinión
Etiquetas:   Nueva economía  

Todo sube: la crisis que viene

Diego Urioste

domingo, 27 de mayo de 2007, 04:07 h (CET)
Hablemos claro que el asunto lo merece. No hace falta ser un entendido para darse cuenta del encarecimiento de los precios estos últimos años; no es preciso ser un analista ni un empedernido recolector de datos estadísticos, basta con constatar que trabajando lo mismo podemos comprar mucho menos. Vamos, que las cuentas no nos salen. ¿Qué diría si le dijese que no es nada comparado con lo que se nos avecina?

El precio de algo tan básico como los alimentos está teniendo la mayor subida anual de las últimas décadas. El Índice de Alimentos y Materias Primas, que incluye tanto los principales productos de alimentación como los productos agrícolas más comunes, registra una subida del 21%. Este incremento lo soportan los consumidores, ya que está transmitido por las empresas alimenticias, lo que a la larga repercutirá negativamente en el sector ya que la demanda no podrá aguantar la subida y se verá obligado a absorber el aumento de los costes.

Si todas las personas necesitan comer para vivir, nueve de cada diez hipotecas dependen del Euribor, que mide el interés de los préstamos interbancarios. El interés de las hipotecas con un préstamo sobre la vivienda se ha duplicado desde el 2005, de un 2% a un 4,422%, y las predicciones no son nada halagüeñas. El encarecimiento de la vivienda es el principal culpable del endeudamiento de las familias, cuya morosidad por préstamos hipotecarios ha aumentado drásticamente este último año.

No menos importante es la energía. Esta semana el petróleo el barril Brent ha alcanzado su nivel más alto del último año, motivado por la amenaza de EEUU a Irán, gran productor de petróleo. La misma tendencia alcista siguen el gas y la electricidad, incluso el precio del uranio –importante generador eléctrico- se ha multiplicado por 10 en el último lustro, duplicado en los últimos seis meses.

Los pilares del consumismo se tambalean, la crisis está servida: el encarecimiento de los alimentos, de la energía y de la vivienda son, junto a la cultura del consumo excesivo y el endeudamiento familiar -en el pasado principal motor de la economía de mercado-, una bomba de relojería inflacionista. Una futura crisis multisectorial que cada día está más cerca de azotar “el mundo desarrollado”. Una caída que deberán soportar los ciudadanos: consumidores y trabajadores a la vez.

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