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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos  

¡Qué panorama tan triste!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 27 de mayo de 2007, 04:07 h (CET)
¿Se han planteado ustedes en alguna ocasión el porqué los ciudadanos nos vemos obligados a pagar tantos impuestos? Pagamos sobre nuestros sueldos; sobre nuestras propiedades, sobre lo que adquirimos y sobre lo que vendemos; por circular con nuestros vehículos; por tener una asistencia médica; por viajar en un servicio público; y… por el mero hecho de existir y ocupar un hueco en este mundo desquiciado en el que vivimos. Llegó un momento en que los humanos se dieron cuenta de que, individualmente, no eran capaces de atender a todas sus necesidades y decidieron encargar de las más esenciales a algunos que por su fuerza, su inteligencia o sus habilidades creyeron que estaban capacitados para hacerlo mejor. Aquel día se inventaron los impuestos, o sea, pagar para que otros nos presten servicios.

En teoría los dineros que dedicamos a los impuestos deberían estar destinados a que se construyeran carreteras, se edificaran hospitales donde fuéramos atendidos, se nos protegiera de los maleantes y se nos garantizara un entorno apacible en el que pudiéramos vivir cómodamente con nuestras familias. Hasta aquí lo utópico, pero pronto nos percatamos de que lo que, en un principio, puede que diera resultado, con el transcurso del tiempo se ha quedado en agua de borrajas.

Partiendo de la base de que, los que nos gobiernan, debieran estar a nuestro servicio, puesto que cobran de nuestros dineros; vemos con terror que se han convertido en un monstruo de siete cabezas que amenaza con su burocracia, clientelismo y ansia recaudatoria, con devorarnos con sus leyes, sus impuestos, sus imposiciones y la destrucción de nuestras libertades. Y, ¿qué recibimos a cambio?, pues, nada de lo que nos prometieron cuando los votamos; mucha corrupción; mucho arribismo y muchas falsas palabras con las que intentan encubrir sus carencias y su ineficacia en el cumplimiento de sus obligaciones.

Una muestra de este estado de cosas, al que hemos hecho mención, es la forma en la que el Gobierno está despilfarrando, a espuertas, estos caudales que ha recaudado a costa de nuestras pobres economías. Por ejemplo ¿han pensado ustedes en los millones de euros que los partidos políticos (que chupan del erario público) se gastan en la propaganda para intentar que los votemos en las próximas elecciones? Y ¿ han calculado lo que nos cuestan los miles de paniaguados que fichan en los organismos públicos sólo para rascarse parsimoniosamente la barriga antes de que les toque tomar el aperitivo y echarse la siesta después, en los cómodos asientos de sus oficinas? Otrosí, ¿saben los miles de millones que salen de las arcas del Estado para subvencionar a los sindicatos? Sí, sí a estos sujetos malcarados que se ocupan de amargarnos la vida cuando nos cortan las calles o nos dejan sin trasporte público o nos ensordecen con sus altavoces despotricando contra el capital cuando, en realidad, son ellos los capitalistas. Una porrada de miles de millones que han salido de nuestros bolsillos que se desperdician miserablemente en gastos improductivos, en vez de utilizarse en construir viviendas baratas o mejorar la sanidad o incrementar los transportes públicos o dedicarlos a los miles de inversiones que precisan los ciudadanos para mejorar su nivel de vida.

En su lugar, vemos asombrados como se despilfarra el dinero en pagar a funcionarios incapaces de cumplir con su deber, como ocurre en el caso de Conde Pumpido, un fiscal General que, en lugar de luchar contra el terrorismo de ETA se dedica a hacerse el sordo y el ciego para no enterarse de lo que ocurre a su alrededor. O a un ministro de Justicia que ha declarado públicamente que para él más que las leyes le interesan sus prioridades partidistas y que, siguiendo la senda que ya iniciaron Magdalena Álvarez y la Vicepresidenta no le importa insultar a sus adversarios políticos con lindezas que no desdicen en nada a las de sus compañeras. Por si les interesa les informaré de la última, referida, como no, a los del PP: “…son unos estreñidos mentales porque no sale nada si los aprietas”; lo dicho, una de las delicatessen de la cúpula socialista. Y, es que, ¡qué les vamos apedir a unos que todavía no se han sacudido el pelo de la dehesa de encima! Se esfuerzan en aparecer como caballeros pero no llegan más que a Sancho Panza; pero, eso sí, pronto aprenden a enriquecerse.

A ellos no les importan las víctimas del terrorismo, ni que España se desguace y pase a manos de ETA y de los independentistas catalanes, ni que los criminales anden sueltos; ellos van a su avío, como diría un paleto. Buscan la revancha de la guerra civil, buscan desenterrar a los muertos que descansan en paz y buscan, en definitiva, convertir a España en una Cuba mediterránea, regida por un sosia del señor Castro, un iluminado peligroso a quien le importa un pito lo que ocurrirá con nuestra nación con tal de salirse con la suya. Lo malo, es que no veo que ante tamaño desafuero la ciudadanía reaccione. Todos se quejan de cómo va el país, pero nadie mueve un dedo para arreglarlo. Ya hemos vivido situaciones semejantes, pero, por lo visto, nadie se acuerda del pasado. La abulia de la ciudadanía, el pensar que es cosa de otros el preocuparse, no tiene otro resultado que el renunciar a la defensa de nuestras ideas y de nuestro concepto de una España unida, próspera y solidaria. Actuemos en consecuencia.

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