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La Tizona del Cid: 1,6 millones de euros que paga la Junta de Castilla y León

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 26 de mayo de 2007, 07:27 h (CET)
Doy por supuesto que la mayoría de los ciudadanos no estará de acuerdo conmigo y que nuevamente me sentiré sólo e incomprendido, qué dolor, pero por una vez estoy de acuerdo con que la Junta de Castilla y León se haya gastado todo ese mogollón de dinero en comprar la espada del Cid.

Todos los pueblos, el castellano también, viene de un lejano pasado en el que hunde sus raíces y que condiciona, aún sin determinarlo, su futuro. Somos hijos de nuestro pasado y los símbolos son nuestra herencia. En todos los pueblos la simbología es parte importante para reconocerse en la Historia de la Humanidad con personalidad propia, la tenemos presente para sentirnos parte de ella, para sentirla parte de nuestro futuro, para amarla, para amarnos y creernos que somos. Todos los pueblos aman sus símbolos porque forman parte de una Historia que es la que explica el presente y el futuro. El Cid es posiblemente el primer héroe de una tierra que primero supo escribir su Historia y fundirla después con la de España, algo de lo que los castellanos se sienten orgullosos a pesar de que en el intercambio no nos pudo ir peor.

Todo pueblo está orgulloso de sí mismo, de su pasado y de sus símbolos. No hay tierra que no tenga su símbolo en el que sentirse representada y del que sentirse legítimamente orgullosa: París tiene Nôtre Dame; Roma, el Coliseo; Grecia, el Partenón. La nuestra también es una tierra milenaria, en realidad ya son más de mil años, y puede estar orgullosa de disfrutar de símbolos históricos y culturales como calzadas o acueductos romanos, catedrales románicas y góticas, villas históricas, monasterios que tallaron delicados orfebres y hasta la iglesia más antigua de España.

Pocas tierras han dado origen a tantos hombres forjadores de Historia, en pocos lugares del mundo han nacido tantos hombres y mujeres que desde las armas o desde la Cultura o la Religión hayan contribuido tan fuertemente a marcar el destino de tierras y vidas. Las páginas de nuestra Historia están llenas de héroes legendarios entre los que figura Ruy Díaz de Vivar, personaje irrepetible en una Historia de Castilla que terminará fundiéndose con otras para formar la Historia de España. Tener entre nosotros una reliquia de ese importantísimo valor cultural e histórico es una decisión que honra a nuestras autoridades.

Podrá argüirse que es un dinero que podría haberse dedicado a arreglar carreteras o levantar hospitales. Que es lo mismo que pude decirse del dinero que se dedica a restaurar imprescindibles ruinas romanas, edificios históricos centenarios o beatos milenarios. O pagar a los políticos, por ejemplo.

La espada cidiana, como cualquier retablo, como cualquier claustro monacal, como Atapuerca, como nuestros bosques, forma parte de un patrimonio histórico que hemos de cuidar, proteger y legar a nuestros descendientes con legítimo orgullo. El dinero pagado por depositarla en lugar tan noble como la Catedral de Burgos es el que otras Comunidades derrochan pagando una inservible televisión regional, y a veces dos, cuya única misión es estar al servicio de los líderes de los partidos locales. Castilla y León afortunadamente no tiene televisión regional pública en la que enterrar millones de pesetas que sirvan de peana laudatoria al presidente regional. ¿Desde cuándo es mejor derrochar millones en programar películas extranjeras, ridículos concursos o series vergonzantes que invertirlos en Patrimonio?

Que viva el Cid Campeador.

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