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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Aragón: la indolencia que atenaza

Raúl Tristán

sábado, 26 de mayo de 2007, 07:27 h (CET)
No sé qué es lo que ocurre con esta tierra aragonesa, pero los hechos son los hechos, son innegables, y están ahí para ser contrastados.

En los últimos tiempos Aragón está intentando despegar, está pretendiendo descollar, destacar entre el resto de comunidades autónomas. Se han hecho grandes apuestas, como plataformas logísticas, apuestas por los aeropuertos, por infraestructuras, la comarcalización (que sirve de motor, de elemento vertebrador de nuestro territorio)... y ha sido bendecido con la celebración en 2008 de una Exposición Internacional.

A pesar de ello, sigo observando que esta tierra padece una grave enfermedad: la indolencia, que según el diccionario no es otra cosa que la incapacidad de conmoverse o sentirse afectado por algo, la pereza, la desidia... una patente dejadez, o una desmedida despreocupación, una cierta displicencia, una posible galbana... y yo añadiría que una más que certificada apatía.

Es triste decirlo, pero es tal y como se lo cuento.

No puede ser que en esta comunidad la gente viva como dormida, esperando a que "alguien", un ente indeterminado, tal vez "el otro o los otros" hagan algo, se muevan, se levanten del asiento y comiencen a trabajar por engrandecer esta tierra.

Todo hay que decirlo, hay ejemplos admirables de lo contrario, empresarios, políticos, médicos...gente de la calle que cada día lucha por hacer de Aragón una gran comunidad, equiparable a la madrileña, a la catalana, a la vasca... pero son los menos, y en muchas ocasiones estos héroes cotidianos se ven ahogados en las aguas calmas de sus pánfilos compañeros de viaje.

Parece que los aragoneses sólo "se levantaran en armas" contra el invasor francés, o frente al ladrón hidráulico, ese fantasma siempre amenazador del trasvase.

Por lo demás, van dejando correr el tiempo, pasar los días, y así, nuestros próceres deben luchar con denuedo para lograr sacar adelante el proyecto de la Expo, amenazado por la no realización de unas obras a las que nadie concursa (el centro náutico), como ocurrió con el azud, u otras muchas. Tal vez nuestros empresarios quieren ganar más,y nuestros próceres gastar menos, sin ver más allá de sus intereses, tal vez los primeros no se encuentren a gusto con el hecho de que la gran mayoría de empresas que trabajan en la Expo, o que gestionan contenidos de la misma, no son de Aragón, sino traídas de Cataluña, o del País Vasco (otro gran pecado aragonés: lo de fuera siempre es mejor). Hasta el blog de la Expo es gestionado por un profesional venido de allende nuestras fronteras (ojo, respeto a este profesional y su trabajo, pero ha de reconocerse que en zaragoza hay magníficos y veteranísimos bloggers, empezando por el mayor de ellos: Mariano Gistaín, ¿a que nadie pensó en él?).

A Aragón, cuando no le quitan el pan, o se lo deja comer, lo regala...

Y así seguiremos por esta tierras, por muchos años, viendo llover, viendo nevar, soportando el sol, pero sin inmutarnos. Eso sí, al que intente trabajar por la tierra, si podemos le "escacharemos la cabeza".

Y para colmar el vaso, los de ECOS salen ahora con la negativa a aceptar la propuesta de que en 2008, con motivo de la Expo, los comercios abran 21 domingos y festivos... ¡que la gente tiene que tener fiesta, hombre! (luego, señores, no se quejen de que las grandes superficies les arrinconan, cuando dan más servicio al ciudadano... La Expo son tres meses...y una sola vez en la vida, pero... ¡Y mira que yo defiendo al pequeño comercio como el mayor dinamizador urbano!)

¡Ay, qué "penica" más grande, madre mía!

¿Dónde quedó la cultura del esfuerzo, de planificar pensando en el futuro, en el bien común, con grandeza de miras, y no sólo mirándose el ombligo, de cara al presente más inmediato?

Enterrada, bajo toneladas de indolencia.

Las reclamaciones, luego, al Maestro Armero.

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