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El Diablo

Antonio Álvarez
Antonio Álvarez
jueves, 24 de mayo de 2007, 00:27 h (CET)
El destino es caprichoso, por ello quiso que un británico, Alfred Ormonde Edwards, fundara el A.C. Milan, y como buen inglés la pronunciación es llana y no aguada.

El equipo del norte italiano en sus inicios representaba a los obreros y trabajadores del Piamonte, en contra del Internacional de Milán, la Bienamada, que simboliza a la riqueza, pero a la vez la chapuza y el despilfarro. El dios del fútbol decidió que el Milan vistiera de rojo y negro, para simbolizar a El Diablo y así ser el acérrimo enemigo de la Bienamada.

Con todo en contra, pues era el más pobre y no contaba con el favor de su dios, El Diablo luchó contracorriente para alcanzar el Olimpo. La primera final de la Copa de Europa que jugó el Milan fue ante el Real Madrid, del que dicen es el Profeta de esa deidad futbolística. El Madrid, como lo ángeles, viste de blanco, pues es el más puro de los colores. Así, por todo ello, el Milan vio en el Real a su enemigo en Europa, pero a la vez, el ejemplo a seguir. Desde aquel año 1958, Madrid y Milan, Profeta y Diablo, emprendieron una lucha por dominar el Planeta Fútbol.

El Real empezó fuerte y con un equipo mágico consiguió profetizar durante mucho tiempo. El Diablo, en la sombra, aguardaba su momento, aunque la espera fue larga y tortuosa. Hasta que en 1986, el más pícaro y valiente de los hombres, Silvio Berlusconi, decidió ayudarlo para resurgir de las tinieblas. Juntos aprendieron a dominar, primero Italia, y a partir de hoy Europa.

Pero antes, el dios del fútbol decidió castigar al Milan. Le concedió una ventaja de tres goles, y El Diablo, cayó en el error, no recordando el dicho de Prometeo: “No aceptes ningún regalo de los dioses”. El Liverpool se llevó la Copa de Europa más rossonera de la historia. La condena fue cruel y despiadada.

Por ello, la deidad futbolística decidió concederle una segunda oportunidad.
Pero antes lo hizo sufrir: lo inmiscuyo en un asunto de amaños, le restó puntos en el Calcio, le concedió un juego infame y dejó que sus jugadores envejecieran más que nadie, minuto tras minuto. A cambio le llevaría al lugar más cercano al Olimpo, Atenas. Sólo había una regla: aprender del pasado. El Milan cerró el círculo y se vengó del Liverpool y de la Bienamada, tan feliz con su Scudetto que ahora queda a la sombra de esta Liga de Campeones. Y es que como es bien sabido, El Diablo es más sabio por viejo que por diablo.

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