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La venganza se sirve fría
Enrique Salvatierra
23 de Mayo de 2007, nueva final entre Milán y Liverpool, con el recuerdo de la derrota milanesa en 2005 en Estambul, ante el mismo rival, el equipo que "españolizó" Rafa Benitez. Se llegaba al partido con las mismas sensaciones que en aquella ocasión, un Milán con mucha calidad que partía de favorito, y un Liverpool que pondría todo el corazón y la fuerza para llevarse un nuevo título a sus vitrinas.
Pero el encuentro fue muy diferente al de Estambul. Fue un partido sin fútbol, con excesivo centro campismo y con muchos errores por parte de ambos equipos. Y ahí es el Milán el que tiene más pegada. El conjunto italiano tuvo en Filipo Inzaghi, el arma definitiva para derrocar la férrea defensa planteada por Benitez. A Ancelotti solo le bastó la habilidad del ariete italiano para derrocar al estratega Benitez, que había planteado mejor el partido, en su particular lucha de banquillos.
Pero una final da para mucho, y los ingleses no se van del campo sin luchar, y así murieron, peleando hasta el pitido final, que por cierto se dio un tanto antes de lo asignado. Así, pusieron el 2-1 en el marcador, llevando viejos fantasmas a las mentes de todos aquellos tiffosis que se habían desplazado hasta el Estadio Olímpico de Atenas. Pero esta vez no ocurrió le milagro, y el Milán consiguió su ansiada venganza.
Con esta ya son siete las copas de Europa que tiene el conjunto italiano, y se sitúa a tan solo dos del Real Madrid. Por otro lado, Italia iguala en títulos a España, once. Y así concluye la vendetta rossonera, con este 2-1, que tuvo como hombre estrella a Inzaghi, y como nota estadística la cuarta Copa de Europa de Clarence Seedorf. Una vez más se ha vuelto a demostrar, que en el fútbol, como en la vida, la venganza se sirve bien fría.
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