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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El porqué

Marino Iglesias Pidal
Redacción
jueves, 24 de mayo de 2007, 21:29 h (CET)
Patrocinado por una escuela de escritores y un programa de radio se haya vigente un concurso de microrrelatos. Un escritor publicado da una frase inicial y el concursante ha de continuarla para crear el microrrelato. La frase de esta semana es: El candidato subió al estrado, se colocó ante los micrófonos y se quedó en blanco.

Ya escribí el “relatito”, ahora escribiré lo qué, a mi entender motivó la frase propuesta.

El candidato accede al estrado flanqueado por sus incondicionales: Topo Yiyo y la bruja Curuja, ambos medio cegatos, más TopoYiyo. El divo, sonrisa meliflua que delata con claridad meridiana la condición opuesta a la que únicamente sus irreflexivos seguidores le suponen, pasea su candorosa mirada azul por los complacientes rostros que llenan el recinto mientras hace un repaso mental de todos los calificativos descalificadores dispuestos para ser soltados sin dilación, son muchos y ha de aprovechar bien el tiempo para que en él quepan cuantos más mejor. Y de pronto ¡maldita sea, se ha colado el enemigo!

La dulce sonrisa se convierte en un rictus de odio comanche y el sereno azul de su mirada en gris de afilada daga. Su mente se queda en blanco de leche cortada. Topo Yiyo y la bruja Curuja sienten la repentina crispación de las manos que aprietan su diestra y siniestra respectivamente. Se vuelven hacia el rostro descompuesto del líder y siguen su mirada fija en determinado punto del fondo de la sala. Justo en el momento en el que los cándidos ojos azules pasaban por el fatídico punto se ha izado una bandera española, sin duda un gesto ultrajante que los serviles Yiyo y Curuja tienen el tiempo justo de ver antes de que el atrevido profanador acepte la “amable invitación” de irse a la calle con su con su hiriente “trapejo”.

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