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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

De la cárcel al escaño

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 24 de mayo de 2007, 21:29 h (CET)
El día 11 de Abril de 1993 fue un día triste para la familia Agulló, su hijo Guillem, apenas dieciocho años de edad, se había ido con sus amigos de acampanada a Montanejos, un pequeño pueblo de la comarca del Alt Millars. Nunca más volvieron a verle con vida en su casa de Burjassot. La navaja asesina que empuñaba la mano de Pedro Cuevas segó la vida en flor de Guillem Agulló, joven, nacionalista y de izquierdas y, por todo ello, objetivo a abatir para las bandas fascistas que durante años han venido y vienen pululando con toda impunidad por tierras valencianas.

Durante muchos años por estos pagos se estuvo engordando el huevo de la serpiente. Las arengas enfebrecidas de la, entonces, subdirectora de LAS PROVINCIAS, el único periódico que Franco no cerró tras la guerra incivil, hacían crecer el odio entre los valencianos en una operación muy bien diseñada para propiciar la entrada de la derecha más cerril en la Generalitat. Desde su columna diaria, Maria Consuelo Reyna, azuzaba el fuego del anticatalanismo para llevar a Eduardo Zaplana al despacho de Presidencia de la calle de Cavallers, por aquellos días el “cartagenero moreno de rayos uva”, ella y su marido, también de Cartagena, formaban un sólido trío que estaba en todas las partidas de poker que se jugaban en el País Valenciano.

Al calor de sus columnas hubo falleros que se trastocaron en políticos, como González Lizondo, defensores de las “esencias patrias” y en algunos casos, como cierto “9 d’octubre”, atacantes de los representantes democráticos. Después, con su entrada en las instituciones, se amansarían para plegarse a las directrices que desde el Partido Popular se les indicaban. Pero siempre, antes y ahora, los elementos más carcas y violentos de nuestra sociedad siguen medrando alrededor de partidos que juegan el juego democrático al tiempo que son utilizados por estos.

Causa estupor, cuando no rabia, ver, cómo defensores a ultranza de aquella ideología que durante cuarenta años robó a los españoles el derecho a acudir a las urnas para elegir a sus representantes ahora, amparándose en esa democracia, a la que difaman y odian, aprovechan la ocasión para conseguir el poder. No podemos ni debemos olvidar que ya Hitler, su adorado Hitler, en su día ya hizo lo mismo con las terribles consecuencias que la Historia nos muestra.

Peto todavía causa más rabia y estupefacción el ver en las listas de algún partido, no ya a políticos imputados en causas judiciales como le pasa al PP valenciano, sino a algún personaje que, en su día, alcanzó la triste fama de ver su nombre en la prensa por haber asesinado a un joven que ningún mal hacía. Pedro Cuevas fue condenado en 1995 a catorce años de cárcel por el homicidio de Guillem Agulló al desestimar el juez la motivación política de los hechos. Los calificó como una simple pelea entre jóvenes. Tan sólo cumplió cuatro años de condena y ahora se presenta como candidato a concejal del ayuntamiento de Chiva (Valencia) en las listas de Alianza Nacional.

La legalidad le asiste a ser candidato de cualquier partido político, ha cumplido con la pena que se le impuso- muy recortada, eso si- pero la verdad es que, desde la salida de su corta estancia en prisión, no ha mostrado signos de arrepentimiento. Se ha vuelto a ver implicado en operaciones policiales contra activistas de la extrema derecha y su presencia en la filas de AN confirma su continuidad en las mesnadas del fascismo.

AN es el partido heredero de la desaparecida Alianza por la Unidad Nacional, aquella formación de extrema derecha que lideraba Ricardo Sáenz de Ynestrilla entre esnifada y esnifada. Se creó en Valencia el pasado año durante un congreso nacional y en su ideario dicen que se oponen a la “disgregación” de España y Europa cuya cultura está amenazada por la “invasión” de otras etnias y comunidades.

A mi me parece correcto, desde la legalidad, que este asesino pueda ir en unas listas electorales. Lo que me cuestiono es cómo la Fiscalía que ha impugnado tantas listas de Acción Nacionalista Basca y de Abertzale Socialistak no ha tomado cartas en este asunto y no ha impugnado las listas- pocas afortunadamente- de Alianza Nacional. También el silencio de la “brunete mediática” ha sido la respuesta ante este caso. Los militantes de AN no es que no condenen la violencia, es que la practican. Sus dos principales dirigentes: Pedro Pablo Peña e Iñigo Pérez de Herraste se encuentran en prisión acusados de posesión de armas y material explosivo para atentar, según las Fuerzas de Seguridad del Estado, contra familiares de presos de ETA.

Visto lo visto para los defensores de una determinad ideología es más fácil que para los de otra el pasar de la cárcel al escaño. La Ley debe ser igual para todos y si los “batasunos” no pueden participar en la vida política institucional hasta que no condenen la violencia apliquemos el mismo rasero a las formaciones fascistas que el próximo domingo pueden lograr algunos representantes. De no hacerlo así dentro de algún tiempo podemos estar llorando el no haber sabido parar a tiempo la incubación del huevo de la serpiente.

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