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Etiquetas:   DVD - 'Dogville'   -   Sección:  

La prdida del refente

Marcos Gisbert
Redacción
jueves, 16 de septiembre de 2004, 07:44 h (CET)
El pasado viernes 23 de julio sali al mercado una fabulosa edicin en DVD de Dogville, el ltimo grito de guerra del director europeo ms carism tico y genial del llamado cine posmoderno (?), Lars von Trier. Sin duda una ocasin no s lo para revisar esta obra-madre, sino tambin para estudiarla, verla y reverla hasta la saciedad, pues no ser hasta un sexto o sptimo visionado cuando podremos concebir en toda su amplitud una obra tan magna y descomunal, constitutiva de mucho del cine que vamos a ver en los pr ximos lustros.

Hay pelculas que marcan una poca (desde Lo que el viento se llev -1939- hasta Titanicã’‘Ò -1997-), las hay que marcan una generacin (del desaliento de Salvaje -1953- a la estupidez de 㑒чrease -1978-) o simplemente un gnero (El Padrino鑒 -1972- revitaliz el g nero de gngsters, muerto desde los 30). Hay otras pel culas que se convierten en fetiche de comunidades sociales o tribus urbanas (Quadrophenia o The Rocky Horror Picture Show) mientras que otras consiguen ser precursoras de un estilo que se seguira en los a os venideros (tanto El gabinete del Dr. Caligari -1919- como Celebracin -1995- son, a su manera, pioneras de alguna vanguardia, expresionismo en un caso, Dogma 95 en otro).

Habra, sin embargo, otro grupo de pel culas mucho ms reducido, que podr amos llamar pelculas-embudo, esto son pel culas que absorben todo el cine existente hasta el momento en que fueron realizadas para expulsarlo a continuacin completamente purgado y renovado, pel culas dispuestas a verse reflejadas en todo el cine que se har en las d cadas siguientes. Como si la propia historia del cine las exigiera para su supervivencia. Como un ajuste de cuentas o un punto y aparte. Eso es Dogville.

Dogville es una pelcula sin decorados. Su historia transcurre en un peque o pueblo de diecisiete habitantes que da ttulo al film. Las casas son peque os cuadrados dibujados con tiza blanca sobre el suelo negro, sin paredes. En el interior de cada rectngulo est escrito el nombre de la pareja, familia o persona que vive en la casa. Las Montaas Rocosas, la mina abandonada o la caseta del perro guardi n del pueblo, Moiss, sencillamente no existen, s lo leemos sus nombres sobre el suelo, tambin donde Mois s yace acurrucado, dibujado en dos dimensiones. Pero omos los ladridos de Mois s y, a pesar de que no existan las puertas, los actores las abren, y tambin las o mos abrir y cerrarse. Las caras del enorme polgono que es el escenario son o blancas o negras, seg n sea de da o de noche, y lo nico que vemos realmente son algunos muebles en los lmites de cada trazado de casa, los objetos de los que se sirven los actores, y a los propios actores.

Media bastante poco entre esto y una representaci n teatral. Qu cambia? El ojo.

No resulta nada nuevo mezclar el cine con el teatro. Mankiewicz elev ambos a la categora de intocables. Y otro cine de corte m s experimental, cuya frmula se acerca a la teatral (Fassbinder, Cassavetes) se basa en recursos puramente cinematogr ficos. En el otro extremo, las adaptaciones de Tennesse Williams, por ejemplo, pecaban precisamente de demasiada teatralidad. sa ha sido siempre la representacin del teatro en el cine, el teatro en plano general, una mala representaci n del teatro, ms que teatro en s mismo. Puro teatro visto con ojo teatral.

Con Dogville asistimos por primera vez (no por primera pero s por m s rotunda) a la representacin del teatro visto con ojo cinematogr fico. Desaparece definitivamente la cuarta pared invisible que discrimina al pblico frente a la escena. El ojo cinematogr fico sube al escenario, sigue a los actores en su da a d a y contempla su progresiva miseria moral, siempre con los trazados a tiza de nombres, casas y calles. Ah se produce el m gico click: ya no estamos sobre un escenario, estamos en Dogville. El efecto inconsciente de este juego visual (nada existe y todo es, como en un juego de nios) es la creaci n de un universo, ajeno al nuestro pero con sus propias leyes micro y macrocsmicas. Es el efecto creado si se fusionan a la perfecci n cine y teatro.

Esta es, por supuesto, una interpretacin de la pel cula. Otra completamente diferente nos llevara a anunciar que DogvilleíŸí±’ es paradigma del cine virtual. La digitalizacin del mundo desemboca en su abstracci n. Dnde est n las casas, las montaas y la mina? En el imaginario digital. Siguiendo esta l nea interpretativa, Dogville sera una versi n estilizada de Matrix, hasta ahora paradigma del cine virtual.

En definitiva, Lars von Trier ha conseguido con Dogville expandir los campos del cine y el pensamiento, una nueva manera de interpretar el mundo moderno. Los habitantes de Dogville pueden verse como personaje de un videojuego, unos Sims a los que hay que alimentar y dar trabajo. Y por encima de ellos, la mirada de Lars von Trier que es la mirada de Dios contemplando el mundo en angulacin cenital (baste ver el plano que abre la pel cula).

El cine desaparece con Dogville, y con Dogville vuelve a nacer.

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