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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La participación ciudadana

Francisco Arias Solís
Redacción
miércoles, 23 de mayo de 2007, 21:13 h (CET)
“Que es su voz, como ninguna
voz puede ser desde entonces,
la voz de todos a una.”


Rafael Alberti

Son muchos los jóvenes que se asustan de la participación, tal como se la presentan los mayores. Pareciera que participar en un gran sacrificio, o una heroicidad, para situaciones extraordinarias, o bien que es hacer el tonto trabajar para los demás sin provecho alguno, tal como se han desarrollado las cosas. Sin embargo, los fenómenos participativos no creo que tengan nada que ver con heroicidades. Evidentemente hay un esfuerzo (en dedicación y en compromiso) por los dirigentes de cualquier movimiento, pero en general es satisfactorio por el mero hecho de sentirse a sí mismo vivo y actuante en tal proceso solidario, y posteriormente por lo aprendido de relaciones humanas, y de nuevos enfoques para ver la vida. Y sin duda más satisfactorio aún en el caso de que se consiga hacer la actividad o la reivindicación planteada, con lo que también se aprende de ese factor específico.

Hoy hay muchos dirigentes sociales y muchos más cargos políticos que transmiten un mensaje desencantado y de heroicidad frustrada a aquéllos que quieran hacer algo solidario y organizado. E incluso, con la mejor buena voluntad, no están transmitiendo más que sus propias frustraciones sobre lo que no han podido hacer. En los cargos políticos son habituales las siguientes frases: “La participación ciudadana ya no es posible, ahora a la gente eso no le interesa”; “Si se quiere eficacia no podemos caer en burocracias y democratitis”; “Plantear la participación por la participación lo único que sirve es para retrasar la gestión municipal y el que se hagan menos cosas”; “La gente no está preparada para participar en temas complejos, como los urbanísticos”, “Si cada vez que se debate un tema importante hacemos un referéndum, entonces ¿para qué estamos los concejales? Anularíamos la democracia representativa”. Todas estas frases contrastan abiertamente con la realidad de los hechos, pero sirven como “profecías” exculpatorias para justificar que no se puede intentar nada nuevo.

La participación ciudadana es posible hoy cuando hay voluntad política para ello, y a la gente le interesa si realmente se consiguen cosas concretas. Las bases y sus asociaciones tienen interés en participar cuando se supera la tomadura de pelo de tantas reuniones que no concretan nada.

Bien es cierto que durante los años 80 muchos municipios, nombraron un concejal de Participación Ciudadana y trataron de poner en marcha un Reglamento de Participación. La verdad es que tal concejalía, en la mayor parte de los casos, apenas ha tenido presupuestos y equipos técnicos, y por lo mismo tampoco ha sido apetecida por los políticos. De tal suerte que ha venido a ser una concejalía desvalorizada. A pesar de todo se ha intentado hacer con las Federaciones de Asociaciones de Vecinos de cada localidad y con algunas otras entidades ciudadanas Reglamentos de Participación Ciudadana con mayor o menor fortuna.

La cultura de discutir los Reglamentos entre los dirigentes vecinales y concejales y técnicos municipales, sustituyó los intereses inmediatos de las bases sociales. En muchos casos, los Reglamentos han sido un colchón amortiguador de las tensiones entre dirigentes ciudadanos y Ayuntamientos, a veces también favorecidas por la militancia en un mismo partido o en situaciones afines. Al final los dirigentes ciudadanos ya hablan en los términos jurídicos de los técnicos y los concejales, y muy poco o nada en los términos en que se expresan en la calle los jóvenes de su barrio, o las señoras que prefieren a ir hacer gimnasia al centro municipal que le han puesto. Y como dijo el poeta: “Si el ser no es el parecer / cuando lo está pareciendo, / ¿para qué vamos a ver / ni a creer lo que estamos viendo?”

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