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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Elecciones, periodistas o políticos

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
miércoles, 23 de mayo de 2007, 21:13 h (CET)
El panorama es entristecedor. Cada vez hay mayor confusión entre periodismo y política. Y cuando ocurre algún acontecimiento de carácter político relevante, esto se acentúa. Como ahora, ante las elecciones del domingo.

No sólo periódicos solventes toman descaradamente partido, en favor o en contra, de algo o de alguien, sino también muchos periodistas acreditados. Periódicos y periodistas que normalmente se dedican a su labor de informar, explicar y comentar lo que pasa con la mayor objetividad posible, cambian su diapasón profesional cuando acontece o se acerca algún hecho de especial relevancia política. Y eso, por partidismo, intereses económicos o presiones de poder de todo tipo.

El sentido profesional de empresarios de la comunicación y de periodistas, queda aparcado, para alinearse ciegamente con alguno de los bandos en liza. Y no solo en la expresión de opiniones razonadas y legítimas, sino incluso en la tergiversación de textos informativos y especialmente titulares, mezclando escandalosamente opinión con información, lo que crea una enorme confusión y desinformación en la opinión pública.

La profesionalidad no está reñida con la posible simpatía por grandes tendencias ideológicas, pero lo está totalmente con la militancia partidista y las hipotecas que esto conlleva. O se ejerce de periodista o de político. Cada uno tiene su propio campo y sus normas específicas. Confundir ambos campos, o, lo que es peor, someter la función periodística a los dictados o intereses partidistas, es envilecerse personalmente, envilecer la profesión y traicionar a la opinión pública.

Y si, encima, el propio partidismo político se lleva a la distorsión de textos y titulares, a malévolos silencios o magnificaciones absurdas de las cosas, el descrédito de empresas de comunicación y de periodistas es total. Y contra esto, no valen hermosos códigos deontológicos, ni defensores del lector de adorno, ni inactivos –cómplices- colegios o asociaciones de editores y de periodistas, contra esto solo valen dos cosas: una conciencia profesional responsable e insobornable de cada cual, y el boicot de los lectores, radioyentes y televidentes.

Todo lo demás, cuando el panorama está tan distorsionado, es pura y simplemente música celestial. Y con música celestial no funciona una democracia y unas elecciones no pueden ser democráticas.

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Wifredo Espina es periodista y exdirector del Centre d’Investigació de la Comunicació.

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