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¿Podemos votar los católicos, en conciencia, al PSOE?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 21 de mayo de 2007, 21:56 h (CET)
Es evidente que los socialistas disfrutan de una ventaja sobre el PP. Acaparan la mayoría de los medios de comunicación que existen en España, los cuales, por cierto, se ocupan con verdadera diligencia de echar agua a los numerosos fuegos que tienen encendidos los seguidores del señor Zapatero, que amenzan con abrasarles las posaderas políticas. ¿Cómo, si no, se podría entender que se aireen por doquier las supuestas corrupciones urbanísticas que se les achacan a miembros del PP en toda la geografía patria y, sin embargo, no se hable de lo ocurrido en Ibiza, ni en Ciempozuelos, ni de los concejales socialistas de Marbella, que también están empapelados en la operación Malaya? No trasciende al gran público, no sale reflejado más que en algunos pocos periódicos digitales y en el Mundo. La existencia de toda la trama de traiciones que el PSOE ha venido cometiendo contra el partido de la oposición cuando, aparentando apoyar el Pacto Antiterrorista, lo estaba minando sosteniendo, clandestinamente, innumerables contactos con los representantes de Batasuna y ETA.

El señor Zapatero se desgañita en los mítines – sin que se le caiga la cara de vergüenza – afirmando que el PP es el culpable de todos los males que están afectando al reino de España; clama contra la corrupción; denuncia la infedelidad del PP porque no apoya al gobierno en la negociación con los etarras y afea al señor Rajoy que se interponga en su camino cuando quiere que ANV se presente a las elecciones afirmando, sin rebozo alguno, que la ley se está cumpliendo escrupulosamente. Un ataque en toda la línea para ocultar sus propias vergüenzas.

Queda en la trastienda, se oculta en los fosos de lo inoportuno y se esconde en el olvido de lo inconveniente, todo el entramado que, día tras día, va saliendo a la luz gracias a la labor de algunos periodistas que se atreven a enfrentarse con el poder. Veamos algunos ejemplos ¿Qué hay de las reuniones secretas con ETA a espaldas del PP?, ¿por qué nos han ocultado que tenían prevista la forma en la que los abertzales se presentarían en las listas de ANV, que no iban a ser recurridas por la fiscalía? O, ¿por qué en Catalunya se lleva a cabo, por los bajines, la reagrupación de los presos de ETA? ¿Qué hace la fiscalía que no actúa en los casos de Ibiza y sí lo hace contra los del PP?, ¿Qúe pasa con los informes sobre mafias que reclutan terroristas?, ¿qué actuaciones se llevan a cabo contra ellas?, ¿cómo se justifica que un panfleto como la Educación para la Ciudadanía sea una asignatura obligatoria?, ¿ por qué se le permite a la Kale Borroca actuar impunemente?, ¿ por qué se permite que los del PP sean agredidos sin que actúe la policía ni sea condenado por Zapatero? ¡Porque beneficia al PSOE!

Ante un panorama como el que se nos presenta a los electores cristianos y católicos, se me ocurre proponer una reflexión. ¿Hasta qué punto nos está permitido, a los que creemos en la defensa de la vida; a los que sostenemos el respeto a la normativa vigente y la independencia del poder judicial; a los que defendemos la enseñanza libre de la intervención del Estado y de los usos partidistas; a quienes entendemos que se ha de educar a nuestros hijos en el respeto a los principìos morales o éticos; a quienes defendemos el derecho de los menores a tener una familia tradicional, lejos de la influencia de opciones homosexuales, que los confundan y les puedan inducir a considerar como única una opcion morbosa y excepcional; el apoyar, con nuestros votos, a las opciones políticas que defienden tales postulados? Es preciso, que los que no comulgamos con estos credos materialistas y progresistas, empecemos a mantener distancias respecto a aquellos que lo basan todo en disfrutar sin barreras de todo lo que consideran su única opción vital, el ciclo de su paso por la tierra; ajeno a todo ideal transcendente. Una opción que, por supuesto, no nos está permitido, como cristianos, defender ni apoyar. Esta es, sin embargo, la tésis sostenida por los socialistas.

Son patentes las antítesis en las que incurren los progresistas cuando, por un lado, sostienen como derecho inalienable el de la vida, y se manifiestan en contra de la pena de muerte en todas sus facetas y, no obstante, no tienen ningún inconveniente en permitir el aborto libre, el que se prive a un ser vivo (el óvulo fecundado) de poder hacer uso de su derecho a nacer y a disfrutar de las mismas oportunidades de que disponen aquellos que lo condenan a la nada. Curiosa manera de pensar para unos ateos que no creen más que en la vida terrenal. El cerrilismo de una madre que priva a su futuro hijo del bien de la existencia por pura comodidad y egoismo. ¿Cómo pueden justificar tal sinrazón?

Tampoco, como creyentes, podemos apoyar el que a unos asesinos sin arrepentir, a unos malvados que tienen en su haber ochocientos y pico de muertos, a unos terroristas que no paran de dar muestras de su fiereza y desprecio por la vida ajena; llegue un partido político y, con el apoyo de comunistas y nacionalistas, por meras conveniencias electorales; por simple cálculo político y con el desprecio más absoluto por los familiares de aquellos que fueron masacrados y por todos los que opininan en contra, saltándose (con la colaboración de algunos jueces sin escrúpulos y de fiscales vendidos al poder) la legalidad vigente; se les facilite el camino para salirse con la suya y hacerse con el poder, después de que, los sucesivos gobiernos democráticos, consiguieran tenerlos contra las cuerdas y al borde de su eliminación. ¡Cuánto tiempo perdido y cuantas muertes inútiles!

No soy quien para decirlo, pero estoy convencido de que, cualquiera que se deje embaucar por este Gobierno, que actúa a contracorriente y se deja arrastrar por sus ideas materialistas y partidistas, anteponiendo sus intereses a la unidad de España y al bien de los españoles; no podrá considerarse como un verdadero cristiano ni, tampoco, como un patriota. Si estoy equivocado, pido perdón, pero esta es mi opinión.

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