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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

El atracador solitario

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 21 de mayo de 2007, 21:56 h (CET)
Como ustedes sabrán el famoso hombre solitario que disfrazado con barba y peluca postizas suele atacar oficinas bancarias ha vuelto a actuar. Encuentro en él algo atractivo que si no fuera un delincuente de gatillo fácil me parecería romántico y digno de imitación. Lástima de su estúpida agresividad. Su sangrienta afición al plomo de las armas le asemeja a otros que yo me sé, pero a él no le dejan participar en las elecciones.

Uno se lo imagina absolutamente solitario, sin familia ni amigos, recluido en la inhóspita habitación de un hotel, esperando que se haga la hora de ir a la oficina, repasando detenidamente los pormenores del atraco, las vías de escape, las posibles incidencias inesperadas. ¿Qué le entretiene? ¿Radio o televisión? ¿Mozart o Melendi? ¿Sabe sentarse en un balcón con el periódico del día entre las manos y dejar que simplemente vayan corriendo las horas? ¿Rubias o morenas? ¿Delgaditas o rellenitas?

Me corroe la curiosidad de saber cómo pasará su tiempo libre, su mucho tiempo libre, cómo disfrutará de la vida, si será un gran sibarita o sus placeres serán tan sencillos como los míos: aire puro, holganza por la calle mayor y un buen vino de Rueda con unas chuletillas de lechazo. ¡Tiempo libre! El tiempo libre es el más preciado bien del ser humano y sin embargo lo vendemos trabajando en una malhadada oficina seis días a la semana. Él “trabaja” un ratito cada varios meses y dispone de todo el tiempo que desee para lo que desee. ¡Qué no escribiría yo si tuviera tanto tiempo libre! Tal vez hasta acabaría esa serie de relatos sobre cine antiguo que lleva dos años esperando. O tal vez me dedicaría a sentarme en un banco de ese céntrico parque de mi ciudad a ver la vida pasar.

¿Se dará cuenta de lo que vale esa libertad asombrosa de la que dispone mientras los demás tenemos que aguantar mañanas de reuniones o clientes tarados que posiblemente hayan pasado diez años por la escuela elemental sin que se les note lo más mínimo? ¿Estará preparado para perderla un sorpresivo día unas horas antes de amanecer? A mí también me encantaría vivir al margen del resto de mortales, sin tener que preocuparme de si va a llover, de si llegaré a tiempo, de la gotera de la esquina, del vecino molesto, de las elecciones, del Gobierno, de la oposición...

¿No necesitará hacer confidencias a nadie? Me apunto.

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