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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

SOS: Educación pendiente

Pilar Salcedo (Madrid)
Redacción
domingo, 20 de mayo de 2007, 21:58 h (CET)
Nos urge pedir al Gobierno la sustitución de la asignatura, “Educación para la ciudadanía” por la de EDUCACION, a secas. Nos va en ello la vida porque, seamos sinceros, la crispación que padecemos es ,sencillamente, falta de educación.

Estos días preelectorales se está llegando a cotas increíbles. Por lo demás, nos la sirven a diario en TV, desde las folclóricas a la greña, los debates “quitapalabras” que nos roban los momentos clave, con un guirigay infernal o los diputados mal hablantes, que se insultan y mienten, negando unos hechos que acabamos de ver con nuestros ojos en la pequeña pantalla. ¿Por qué han de tomarnos por tontos?

Lo grave es que esta mala educación, violenta y descarada, se extiende como reguero de pólvora y nunca mejor dicho: actos colectivos, escuelas, convivencia familiar, transportes públicos, comercios, grandes almacenes, bancos con ventanilla única y colas interminables. ¿No es oro el tiempo? Abuso del prójimo a go-gó. Todos podríamos contar ejemplos sangrantes. Leemos hoy que un padre ha matado a una criatura de quince meses. ¿Y cuándo habíamos visto a una madre, clamando a las Instituciones para que le lleven a su hijo? Quién no sufre, en el tren, en la sombrilla de la playa, o en una tranquila terraza, la presencia de angelitos maleducados y, encima, diagnosticados como “hiperactivos”. No hablemos de los malos modales, con o sin ventanilla, el tormento que supone la búsqueda de un simple papel, donde la gestión y el maltrato se unen. O cuando te urge el cartón de leche y la cajera está ordenando con toda calma los billetes… Sencillamente, no existimos.

Un conocido sociólogo que ha firmado durante años, en la primera de “Il Corriere de la Sera”, sostiene que en los bares de España, jamás el barman mira de frente: va de un lado a otro, lava las copas, ordena y limpia el mostrador, en la más completa abstracción. Bebedores, ninguneados, se sumergen en el nihilismo.

No hablemos de las mujeres maltratadas, victimas en, principio, de la mala educación. Despreciadas verbalmente, acusadas y acosadas hasta el derribo. Ni de la violencia callejera que empieza siempre con palabras mal encaradas y acaba a navajazos. Principios quiere la cosa. ¿Por qué no se enseña Educación? Otra incógnita. ¿Cómo se defienden las empresas, los comercios, los bancos, la administración de la mala educación de los usuarios? Porque ahí nadie pierde.

Nos invaden las riadas de coches y por eso existe el código de circulación ¿Por qué no unas leyes mínimas para regular la movida humana? Porque vivimos en democracia necesitamos unas normas para no chocar en el ejercicio de nuestras libertades. ¿Dónde se enseña que nuestra libertad tiene como límite la libertad del otro?

El hombre es animal, pero social, y el trato mutuo ha de tener sus leyes lógicas basadas en el respeto al otro, en el reconocimiento de sus exigencias como miembro de la sociedad. Puesto que son actitudes vitales que regulan la convivencia, no podemos desentendernos de las normas. Y estas normas se enseñan porque nadie nace sabiendo. Con la cursilería propia de la moda en cada época, se aprendían en las escuelas “buenos modales” y se encontraba uno con gente educada. Hasta sabíamos aquello de lavarse las manos, antes de ir a la mesa, que tan mal nos caía.

Pero es peor ver hoy, a un hombre joven, sosteniéndose en el centro del autobús con su hijo dormido y a la pequeña cabeza golpear su hombro, como un badajo, a cada frenazo del conductor. Trayecto largo, niño tal vez descabezado. Pero seis chicarrones con deportivas del 44, siguen pegados al asiento. ¿Quién enseña educación en las escuelas? Que se sepa existe un Ministerio de Educación. De educación elemental para convivir, no agredirnos, no matarnos.

Esto es más urgente, que esa “avis rara”, de Educación para la Ciudadanía, que huele a Chomsky, a quien me encanta leer, pero asignatura que se presta a más trampas, doctrinarias, que Batasuna.

Yo hubiese votado a Sarkozy, solo por comprometerse, en su programa electoral, a que los alumnos se pongan de pie cuando entra el profesor. Es curioso ver esta preocupación que se ha dado siempre en el socialismo francés.

Siendo Chévenement, ministro de Educación, dio la alarma ante su falta en los centros escolares. Incluso la descortesía de los ciudadanos, llegando al trabajo desde cercanías y con cara de perro, podría afectar al turismo. Todos conocemos las reacciones de los taxistas de Paris ante la ausencia de propinas. La asignatura de Educación se proponía combatir también el deterioro de comportamientos cívicos y patrióticos pero sólo en su proyección exterior.La marsellesa, a voz en grito, la hemos visto servida.

También en Italia, ante las primeras oleadas de la inmigración se fomentaron centros educativos. Instalados en lugares estratégicos, incluso en el metro, explicaban las costumbres del país, el modo de entenderse con los demás y las actuaciones adecuadas para determinados objetivos.

Otro socialista y extraordinario educador, Edmundo de Amicis, gran amigo de España, influyó en generaciones con su inolvidable “Cuore”, libro de texto en las escuelas italianas. Aún recuerdo el capítulo, “La calle”, que explica a un colegial cómo comportarse en ella: nos cruzamos con niños, ancianos, enfermos que no pueden amar…y podríamos herirles. Creo que “La biblioteca de Estardo” hizo que nos apasionáramos por la lectura, sin necesidad de costosas campañas oficiales.

Hace unos años tuve que atravesar la Aduana de Nápoles, procedente de Cartagena de Indias. Enorme maleta y serios temores. Antes de cerrarla coloqué encima el libro de Amicis. Al abrir la maleta, un enorme “¡Cuore!” de los aduaneros sorprendió a todos. A la maleta, ni caso.

La falta de educación, hay que aclararlo, no está vinculada a una clase social: se da en todas. Y es causa de ese maltrato ciudadano por el que todos deberíamos protestar. ¿Quién nos libra en cualquier transporte público, del energúmeno que grita colgado al móvil? No ocurre en los transportes de ningún país. ¿Cómo aguantamos tanto? Por favor, un código para éste y otros tantos abusos de los móviles que todos tenemos fichados.

La falta de educación supone, además, para el gobierno un agujero económico insondable. Sin contar con los destrozos de la violencia callejera, obra de maleducados mutantes, pensemos en los tribunales, centros de corrección de menores, de drogadicción -¡esa droga rondando los colegios!-, atención a mujeres maltratadas, centros penitenciarios a tope. Un gasto increíble. Para comprobarlo basta leer en los “sucesos” cómo un puñado de palabras, mal educadas, acaba en sangre.

No es un sueño. En mi primer viaje a Londres pisé a una señora en el ascensor. Y, al disculparme consternada por el enorme pisotón, me dijo sencillamente: “La culpa no es de usted. En realidad ha sido mía por poner el pie bajo el suyo”.

Comprendí la justa fama de la cortesía inglesa.

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Pilar Salcedo es periodista, profesora de Redacción en la Universidad Complutense de Madrid.

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