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UE-Rusia: todo no es tan tenebroso como pueda parecer

Vladímir Símonov
Redacción
domingo, 20 de mayo de 2007, 21:58 h (CET)
Al caracterizar la situación en vísperas de la 19ª cumbre Rusia-UE que los días 17-18 de mayo se celebrara en Samara, el miembro de la jefatura de la Unión Europea, Javier Solana, dijo:”La tensión de nuestras relaciones llegó a su extremo”.

Sin embargo, en Moscú predomina una visión más positiva. Según manifestó a la prensa una fuente anónima del Kremlin, “la parte rusa en la cumbre de Samara no ve nada que pueda calificarse de negativo”, lo que espera también de sus colegas europeos. Los participantes rusos del encuentro en Samara se proponen dedicar parte leonina de tiempo a la creación, junto con la UE, de cuatro “espacios de cooperación”, al avance hacia un régimen que suprima los visados y a la aproximación en la problemática internacional.

Estos últimos días, tanto el presidente Vladímir Putin como el ministro de Exteriores, Serguei Lavrov, confirmaron por más de una vez que Rusia no concibe la UE sino como un socio importantísimo en lo estratégico y lo económico-comercial.

Pese al tono decepcionante de algunos observadores, los participantes del foro en Samara tienen motivos para felicitarse. Las relaciones económicas de Europa con Rusia no sólo se amplían vertiginosamente, sino que baten verdaderos récordes por el ritmo de su desarrollo. Hacia finales de 2006, verbigracia, el intercambio de mercancías global se situó en el nivel de 231 mil millones de dólares, siendo de notar que a los países de la UE corresponde hoy el 52% del giro comercial de Rusia. La Europa comunitaria recibe de Rusia el 43% del gas que necesita y el 32% de petróleo, lo que responde a los intereses recíprocos de los socios: el 70% de inversiones en la economía rusa corresponde a Europa.

Menos lúgubre aún es lo referente a las relaciones extraeconómicas. Por ejemplo, en la cumbre de Samara será anunciado el impresionante progreso: a partir del 1º de julio entran en vigor los acuerdos de facilitar el régimen de visados y la readmisión, firmado hace un año en Sochi. Rusia como futuro miembro del Espacio Schengen sin visados ya dejó de ser fruto de pura fantasía.

Se estrechan relaciones entre los parlamentos y los órganos de la justicia de Rusia y la Unión Europea. Ambas partes, miembros del “cuarteto” de intermediarios, buscan conseguir paz en el Oriente Próximo e intentan llamar a Irán a mostrar sensatez.

En general, según todos los indicios, resulta difícil impugnar la tesis siguiente: la UE y Rusia tienen posibilidades ilimitadas de desarrollar la interacción. Para poder utilizarlas, hay que ponerse por encima de algunos problemas, tal vez importantes para algunos, pero a veces teñidos de egoísmo estatal.

Tomemos, por ejemplo, el problema en torno a la carne polaca. Estos días, la Inspección sanitario-epidemiológica de Rusia ha confirmado que la calidad de la carne peca de escaso control por parte de Polonia. A propósito, los rusos no están dispuestos a comer de bichos raros hechos pasar por carne de res.
Por su parte, el primer ministro de Polonia, Jaroslaw Kaczynski acaba de confirmar su veto a la aprobación del mandato comunitario para la apertura de las negociaciones de la UE con Rusia sobre la firma de un nuevo acuerdo UE-Rusia de partenariado y cooperación (APC).

Esto no tiene nada de otro mundo. El actual texto del APC contiene un artículo que contempla su prórroga por un plazo ilimitado. En resumidas cuentas, Europa está más interesada que Rusia en sustituir el viejo APC que expira el 1º de diciembre de 2007. “Para nosotros es muy necesario firmar un nuevo acuerdo de partenariado y cooperación con Rusia”, reconoció la canciller de la RFA, Angela Merkel, al intervenir este lunes en Berlín.

Lo más alarmante es que al veto se asociaron dos más: el lituano y el estoniano. Vilnius muestra su descontento con motivo de que el 26 de julio de 2006 Moscú interceptó el oleoducto “Druzhba”, ya que las fugas, mejor dicho, los robos de petróleo alcanzaron una escala sin precedentes. Tallin no puede perdonar las manifestaciones frente a su embajada en Moscú, organizadas en respuesta a la profanación de las tumbas de los combatientes soviéticos por las autoridades estonianas que a altas horas de la noche desplazaron sigilosamente al Soldado de Bronce.

No se trata incluso de las consideraciones éticas. Es que el ala antirrusa de los países novatos de la UE, capitaneada por Polonia, utiliza su reciente afiliación para tratar de sacar tajada egoísta en los contenciosos de diversa índole con Rusia.

La UE comienza a utilizar su mecanismo para ejercer presión sobre Moscú, mientras que a los países que fundaron la Unión Europea hace cinco decenios, se le recomienda contentarse con la suerte de rehenes.

Y como resultado se produce lo más triste: no son los fundadores quienes hacen comprender a los novatos los valores europeos, sino, todo lo contrario, son los novatos quienes imponen a los fundadores su inadecuada visión nacionalista de los derechos y libertades.

La historia del Soldado de Bronce es la expresión más elocuente de eso. Al profanar las tumbas de los combatientes y desplazar el monumento, Estonia violó burdamente el Artículo 34 del Protocolo de 1977 adicional al Convenio de Ginebra relativo a la Protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales. Las acciones de Tallin también contradicen el Artículo 13 del cuarto Convenio de Ginebra que regula la protección de las sepulturas y monumentos histórico-culturales.

No obstante, Bruselas respaldó por completo a Estonia. Esta postura desequilibrada ha desilusionado en extremo a Moscú, lo que esa capital se propone declarar claramente en la cumbre de Samara. De mancomún con la connivencia manifiesta que la jefatura de la UE demuestra con respecto al problema de centenares de miles de rusohablantes, privados de la nacionalidad, en Letonia y Estonia, este hecho, al parecer, confirma las dudas de que los estándares de la UE aplicados en materia de los derechos y libertades van en declive.

La carne polaca, la profanación de las tumbas por Estonia y la insolencia con que los norteamericanos tratan de emplazar elementos de defensa antimisiles en el Este de Europa, son temas de discusión en la cumbre de Samara. Pero ellos no han de distraer la atención de sus participantes del problema principal: ¿estará dispuesta la Europa comunitaria a seguir manteniendo la cooperación estratégica con Rusia? Para aclarar este asunto clave, se requiere un diálogo duro, pero franco.

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Vladímir Símonov, para RIA Novosti.


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