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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Falta de decencia, falta de elegacia, falta de candidatos

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 20 de mayo de 2007, 21:58 h (CET)
Es lo que tiene no ser un buen candidato; es lo que tiene saber que eres un recién llegado sin valor; es lo que tiene ser candidato porque los otros tres o cuatro no han querido aquello que tú has aceptado corriendito: que te pones nervioso porque no sabes, porque no puedes y porque eres el peor. Le está bien empleado a Zapatero, por buscar de aquella manera el candidato de Madrid, de plaza tan importante como Madrid. Nos estamos acostumbrando a la falta de decencia, a la falta de elegancia y a la falta de candidatos.

La falta de decencia la vemos en candidatos como aquel del PP que atacó a los homosexuales. Piqué le amenazó con expedientarle pero aquí le tenemos, de nuevo candidato. Para fiarse de ellos, joé. La falta de decencia es mucho más espectacular en casos solemnes como tantos otros candidatos, tantos otros alcaldes, que acosados por la corrupción urbanística, siguen desvergonzadamente deseando montarse a perpetuidad en la poltrona municipal. A toda costa, a todo ladrillo, a todo bosque.

La falta de elegancia es la de Sebastián, que teniendo nombre de labriego podría recibir lecciones de elegancia del último rústico de España. En vez de debatir la vida pública de Madrid quiso debatir la vida privada de su oponente. Pastoril, sucio, burdo, agreste, rústico. Sebastián. Es lo que pasa cuando no se tienen armas, cuando no se tiene preparación, cuando no se tienen argumentos. Cuando no se sabe. Sebastián.

Es lo que pasa cuando no se tienen candidatos, cuando todos se te niegan, cuando todos reúnen por fin el valor suficiente para decirte que no, que muchas gracias, que si sabes contar que no cuentes con ellos. Es lo que pasa cuando se improvisa, que tienes que subirte encima de la podredumbre para poder llegar a la altura del otro candidato.

Es lo que pasa cuando tienes que buscar a alguien que se deje lanzar en paracaídas para ser alcalde de aquel lugar donde aterrice.Es lo que pasa cuando cualquiera vale, que se confunde con el “todo vale”. Zapatero, Sebastián.

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